La Deuda Externa de Chile

La Deuda Externa de Chile
El nuevo rostro del colonialismo

Claudio Pérsico

"No pueden los pueblos seguir viviendo con el peso brutal de las deudas que nos han empujado a contraer. 75.000 millones de dólares deben los países en vías de desarrollo. Jamás podrán cumplir los compromisos derivados de las exigencias de amortizaciones e intereses; pueblos hambrientos, con cesantía, con falta de viviendas, con incultura, teniendo que hambrear masas para cumplir compromisos que pesan sobre nuestro potencial de desarrollo."

(Salvador Allende, en la III reunión de la UNCTAD,
Santiago de Chile, abril de 1972.)

Hace unos meses, Luis Escobar Cerda, entonces ministro de Hacienda del régimen militar chileno, confesaba que "el crecimiento económico de los próximos cinco años está comprometido en el pago de la deuda externa". Por otra parte, cifras oficiales indican que el Producto Geográfico Bruto (PGB) entre 1981 y 1985 descendió un 5,1%, lo que representa una declinación anual promedio del 1%. (1) En junio de 1985 la prensa chilena informaba de los acuerdos alcanzados en la renegociación de la deuda externa, destacando el hecho que ellos se producían en buena parte por el cumplimiento del gobierno chileno a las imposiciones de la banca acreedora. (2) Uno podría preguntarse cómo han hecho los funcionarios de Pinochet para contentar a los bancos extranjeros y al Fondo Monetario Internacional (FMI) en medio de una crisis tan aguda como la que ha vivido Chile en estos últimos años.

Ciertamente, responder esa interrogante supone hacer una revisión de la política económica de los últimos años y describir las transformaciones que ella ha provocado en la economía nacional. Nuestras propias limitaciones y razones de espacio nos impiden hacer un análisis de ese tipo. El propósito de estas notas es elucidar el carácter abiertamente reaccionario, antinacional y lesivo a los intereses de Chile que ha tenido la política económica impulsada por la dictadura en el manejo de la crisis que ella misma generó. Para ello, queremos centrarnos en un aspecto que a nuestro juicio expresa el carácter de clase de la política económica de Pinochet. Creemos que la contradicción que representa para una economía arruinada, con un tercio de su fuerza laboral en paro y sumida en una recesión profunda, tener que pagar una deuda externa que supera al PGB de todo un año, sintetiza la trágica situación a que ha sido llevado Chile luego de estos años de fascismo dependiente.

I. La Deuda es la herencia de Chicago

La crisis de la deuda externa no es exclusivamente de Chile, ni siquiera sólo de América Latina. Pero el caso chileno reviste algunas singularidades que conviene puntualizar:

a) Entre 1975 y 1983, Chile casi quintuplicó su deuda externa.

b) La mayor parte de este endeudamiento adicional correspondió al sector privado.

c) Dentro del sector privado, fue privilegiado con los recursos externos del sector financiero.

d) La deuda llegaba a fines de 1984 a los 22.610 millones de dólares y el PGB a casi 21.000 millones de dólares.

e) Chile tiene, actualmente, una deuda per cápita que supera los 2.000 dólares, y que constituye una de las más altas del mundo.

f) Los pagos por intereses representan más de la mitad del valor total de sus exportaciones y superan los ingresos provenientes del cobre, su principal producto de exportación.

La lógica que posibilitó tal endeudamiento es conocida: Chile -se argumentaba- no generaba el ahorro interno necesario para financiar su desarrollo. Los dólares que nos inundaron a partir de 1978 eran la fuente inagotable para cimentar una expansión milagrosa que, nada más con el rebalse, alcanzaría para todos y posibilitaría pagar los préstamos del exterior. Esa era la argumentación que, además, fomentó el endeudamiento privado porque "si se endeudan los privados, los privados pagarán", en palabras del ex-ministro pinochetista Miguel Kast. Por supuesto, la historia ha demostrado que la deuda privada ha sido traspasada a todos los chilenos.

El cuadro Nš 1 recoge las cifras del endeudamiento y el crecimiento que experimentó éste entre 1977 y 1983. Se consignan separadamente la deuda pública o privada con garantía oficial y la deuda privada; además, en ésta última se ha diferenciado aquella que se contrajo en créditos financieros. Conviene no olvidar todas las garantías que dio el estado chileno para que tal proceso tuviera lugar. Entre ellas, la mantención del tipo de cambio desde junio de 1979 hasta el mismo mes del año 1982 fue especialmente importante. (3)

Respecto a las causas del endeudamiento de América Latina, existe una considerable producción de trabajos académicos y seminarios donde el tema ha sido ampliamente tratado. (4) Distinguir las causas de las gigantescas deudas de los países latinoamericanos nos parece importante, para reflejar el hecho que los mecanismos que operaron en la acumulación de las deudas condicionaron las crisis que posteriormente se han sucedido. Baste un ejemplo: los capitales que llegaron a América Latina correspondieron, principalmente a excedentes financieros de la banca transnacional y, por tanto, su circulación operó bajo las reglas del capital financiero, esencialmente especulativas. Lo claro es que, salvo excepciones, el endeudamiento no contribuyó al financiamiento del desarrollo.

CUADRO Nš 1

Chile: Deuda Externa (en miles de millones de US$)

1977 1978 1979 1980 1981 1982 1983
Deuda pública o con garantía oficial 3,5 4,4 4,8 4,7 4,4 4,1 4,3
Deuda privada 1,4 2,1 3,4 6,0 10,8 13,7 14,4
Créditos proveedores créditos import. bienes cap. créditos financieros 1,2 1,9 3,1 5,4 9,5 12,3 11,9
Deuda externa total 4,9 6,5 8,2 10,7 15,2 17,8 18,7
Fuente: Banco Central de Chile.

Considera la deuda externa tradicional, vale decir la deuda del sector público más la deuda con el F.M.I., la deuda del sector privado directo, los créditos financieros al sector privado (Ley de Cambios, arts.: 14,15 y 16) y las lineas de corto plazo al sistema monetario.

Existe consenso en mencionar como causas de la deuda externa del tercer mundo, al menos las siguientes:

a) La brecha producida por el deterioro de los términos de intercambio.

b) La recesión económica del capitalismo industrial y el aumento del proteccionismo, y

c) la liquidez producida por el alza del precio del petróleo -los petrodólares- que trasladó una masa colosal de capitales a las corporaciones financieras transnacionales.

Estas condiciones que se crearon en la esfera de la economía del capitalismo mundial no habrían bastado de no existir antecedentes domésticos que en el caso chileno posibilitaron entre 1977 y 1982 el crecimiento de la deuda exterior a una tasa anual de 26 por ciento. A la ya mencionada mantención del tipo de cambio nominal, que determinó una caída del tipo de cambio real, es preciso agregar:

1. La modificación de la Ley de Cambios Internacionales, que facilitó el libre ingreso de capitales por empresas y personas naturales.

2 El desarrollo y privatización del sistema financiero doméstico. (5)

3 La determinación de la tasa de interés por el sistema bancario privado. que tenia ya un marcado carácter monopolice. (6)

4 La violenta e indiscriminada apertura de la economía chilena al comercio internacional. (7)

El destino de los recursos externos fue básicamente la importación de bienes de consumo suntuario para los sectores adinerados y la especulación financiera. Prácticamente no hubo aumento de la inversión productiva en el periodo. Las tasas de inversión que se encontraban muy deprimidas, no mostraron signo alguno de recuperación (ver cuadro Nš 2). Esta tendencia explica por qué el ahorro externo sustituyó al ahorro interno. (8)

CUADRO Nš 2

Formación Bruta de Capital Fijo como% del PCB

1970 20,4 1978 14,5
1971 18,3 1979 15,6
1972 14,8 1980 17,8
1973 14,7 1981 18,1
1974 17,4 1982 14,0
1975 15,4 1983 12,1
1976 12,7 1984 12,5
1977 13,3

Fuente: Banco Central de Chile, Informe Anual 1984.

No se dispone de estadísticas precisas, pero se estima que entre 1978 y 1984 han salido del país cerca de 8.000 millones de dólares de manera ilegal. Orlando Caputo señala que "gran parte de la deuda de América Latina se explica por la fuga de capital". (9) En la propia prensa especializada en Estados Unidos se plantea que en la crisis de deuda, la fuga de capital es más importante en su explicación que el aumento de las tasas de interés y otras condiciones financieras. (10)

Este aspecto debe tenerse en cuenta al momento de plantear la crisis de la deuda desde una perspectiva democrática y nacional, porque entonces será tarea prioritaria determinar el monto de la verdadera deuda y establecer así qué corresponde y es justo pagar.

La política económica de los "Chicago Boys" hizo posible a los grupos económicos endeudarse sin limites, especular en el mercado interno, transfiriendo recursos del capital productivo al capital financiero por medio de las altas tasas de interés cobradas, para posteriormente sacar del país en operaciones fraudulentas sumas enormes de dinero. Esto acarreó la quiebra de numerosas industrias y firmas, lo que a su vez arrastró a una crisis a todo el sistema financiero nacional. La enorme deuda externa, la quiebra del sistema financiero criollo y el debilitamiento de la ya raquítica base industrial son las herencias que le dejaron a Chile los monopolios coludidos con los economistas de Chicago.

II. Las ganancias son privadas y las pérdidas se socializan

Uno de los principios sostenidos por los sucesivos ministros del sector económico, elevado a dogma de fe, fue el que el estado no debía intervenir en el libre juego del mercado. Las actividades económicas debían desenvolverse en el marco del principio de subsidiaridad del estado. El mercado se encargaba así de la asignación de los recursos a través del sistema de precios, castigando y premiando a los agentes económicos por los resultados que ellos mismos fueran capaces de conseguir. De hecho, esto se argumentó al momento de reprivatizar la banca, devolver los predios agrícolas en manos del estado a sus antiguos propietarios y liberalizar la entrada de capitales extranjeros. Todas las investigaciones acerca de la gigantesca concentración del poder económico que se produjo en Chile desde entonces mencionan precisamente tales reglas y medidas como su causa fundamental. Enormes fortunas fueron amasadas, mientras casi un tercio de la fuerza laboral fue empujada al paro (ver cuadro Nš 3) y disminuyeron las remuneraciones reales de los asalariados. (11)

CUADRO Nš 3
Tasa de desocupación nacional
1970 1971 1975 1976 1977 1978 1979 1980 1981 1982 1983 1984
5,7 3,1 16,4 19,9 18,6 17,9 17,7 17,3 16,3 26,9 34,2 25,5
Nota: Se incluyen como desocupados el PEM y el POJH. (12)

Fuente: Ministerio de Hacienda. INI Departamento de Economía U. de Chile.

En 1981, el entonces ministro Sergio de Castro informaba al país del Estado de la Hacienda Pública en los siguientes términos: "El año 1981 se ha iniciado sobre la base de una economía saneada y pujante. que consolida crecientemente los frutos de la obra realizada entre 1973 y 1980" (13). Más adelante reafirmaba que "...Chile tiene hoy una de las economías más sanas, sólidas y dinámicas que pueden encontrarse en el mundo" (14). A mediados de 1982 sobrevino el colapso de la industria CRAV, salió de Castro de Hacienda y se devaluó el peso después de mantener tres años un tipo de cambio a $ 39 por dólar. En mayo de ese año son intervenidos dos bancos por la autoridad. Hasta finales de año sobrevienen una serie de medidas relativas al tipo de cambio y en enero de 1983, aparte de liquidar dos bancos y una financiera, se interviene el resto del sistema financiero. En su conjunto, el sistema financiero tenia a esa altura una cartera vencida tres veces y media su capital y reservas, y una gran parte eran deudores incobrables. Fue entonces cuando el gobierno transfirió a la banca, técnicamente quebrada, recursos que a la fecha suman más de 3.000 millones de dólares. Lo mismo se hizo con los grupos económicos y las empresas endeudadas en el exterior a través del dólar preferencial (se estima que esta transferencia ha significado hasta la fecha sobre 2.000 de dólares para el estado) (15). De ese modo, cuando el sector privado obtuvo beneficios cuantiosos, el estado se mantuvo al margen, pero cuando correspondió asumir las pérdidas, éste intervino traspasándolas a todos los chilenos.

El mercado financiero internacional reflejaba la aguda crisis que experimentaba el capitalismo. Un alza significativa de las tasas de interés y una restricción de los flujos monetarios hacia los países del tercer mundo determinaron crisis en la Balanza de Pagos de la mayoría de los países latinoamericanos. Hay que recordar que el grueso de la deuda externa de Chile fue contratada entre 1978 y 1981, a tasas flexibles y con plazos de 5 a 8 años, muy propios de los movimientos especulativos del capital dinero. La dictadura se vio obligada así a renegociar con sus acreedores los vencimientos de la deuda externa y a firmar acuerdos y convenios con el FMI. En estos convenios de refinanciamiento de los compromisos con la banca transnacional, los ministros de Pinochet comprometieron el aval del estado chileno para garantizar la deuda del sector privado que habían contraído los monopolios. Y como éstos no podían pagar, el gobierno se comprometió a pagar por ellos firmando acuerdos y clausulas que lesiona de un modo grave la soberanía de Chile. (16) En este caso, también se optó por hacer codeudor solidario de las deudas de la oligarquía financiera criolla a todo el pueblo de Chile. Una vez más, las ganancias se habían privatizado y los costos y las pérdidas eran traspasados a todos los chilenos con la complicidad del estado chileno.

III. La deuda externa de Chile es impagable

Son varios los trabajos de economistas y especialistas en el tema que muestran la imposibilidad técnica de pagar la deuda externa chilena. (17) A esa conclusión han llegado también muchos banqueros extranjeros e incluso funcionarios del gobierno de Reagan. Una muestra de esto es la proposición que hiciera el Secretario del Tesoro Estados Unidos, James Baker en Seúl, en octubre de 1985. Allí, en la reunión de gobernadores del Banco Mundial y del FMI, Baker unció lo que se denominó "Programa de Crecimiento Sostenido" a" propone aumentar los créditos del Banco Mundial a los principales países deudores. Sin embargo, Pinochet y sus ministros del sector económico se han empeñado en pagar la deuda de los monopolios aun al costo de condenar al pueblo chileno a la miseria.

El cuadro Nš 4 muestra las proyecciones oficiales para 1985 y 1986 de la Cuenta Corriente de la Balanza de Pagos. Para el año 1985 el superávit comercial fue sobreestimado en algo más de 100 millones. (18) Para 1986, los resultados preliminares de que disponemos hacen suponer que el superávit comercial no sobrepasará los 1150 millones. Ello significaría que los déficit en la Cuenta Corriente son aún mayores que los señalados.

CUADRO Nš 4
Proyecciones de la Balanza de Pagos 1985 y 1986 (millones de US$)
1985 1986
Exportaciones 3.949 4.529
(Cobre) (1.738) (1.974)
(Resto) (2.211) (2.555)
Importaciones 2.914 3.211
Balanza Comercial 1.035 1.319
Servicios financieros -2.058 -2.222
Servicios no financieros -458 -457
Transferencias unilaterales 100 100
Déficit en Cuenta Corriente 1.381 1.250

A estos déficit en la Cuenta Corriente hay que agregar las amortizaciones que corresponde hacer anualmente. Para 1985, correspondía amortizar 2.293 millones de dólares, y en 1986, 2.846 millones, antes de la renegociación anunciada en junio de 1985. Es decir, antes de la renegociación. Chile requería recursos externos por 3.674 y 4.176 millones en 1985 y 1986 respectivamente. El Banco Central ha proyectado también las amortizaciones hasta 1990. Tales cifras indican que entre 1987 y 1990 se deben amortizar 11.068 millones de dólares, al margen de los intereses. La renegociación que encabezó el ministro Hernán Büchi permite equilibrar las cuentas externas en el corto plazo, consiguiendo básicamente diferir las amortizaciones y financiar mediante nuevos créditos las brechas producidas por el pago de intereses. Esta dinámica de seguir endeudándose para pagar los intereses habrá de continuar por muchos años, con el agravante que los créditos nuevos no son para aumentar la capacidad productiva del país, sino para ajustar las cuentas externas. Téngase presente que muchos de los nuevos créditos conseguidos, no son más que ejercicios financieros y contables, ya que ni uno sólo de esos dólares entra en las cajas del Banco Central.

Esta es la realidad de Chile, como la de la mayoría de los países latinoamericanos. Deben ajustar sus economías para pagar deudas que contrajeron las burguesías y la oligarquía criolla de sus respectivos países, situación que los conduce a profundizar la dependencia del capital transnacional. Lo único que consiguen las renegociaciones es postergar el problema, aumentar las comisiones, rara vez algún descenso en el spred cobrado y aumentar significativamente la masa global de la deuda externa. Está claro que ése no es el camino. La gravedad de la situación, que el enfoque oficial no reconoce, exige una solución distinta, que revise una a una las premisas sobre las cuales se ha venido planteando el tema, y por supuesto, el reconocimiento que la deuda externa lisa y llanamente no puede ser pagada.

IV. El cáncer de la deuda debe ser extirpado

Las cifras son rotundas. No admiten lugar a equívocos: pagar la deuda y los intereses que ella impone, condena a Chile a pagar un tributo a la banca transnacional que la frágil estructura económica nacional no soporta. Para ello, los chilenos habrán de seguir endeudándose y cada vez en peores condiciones. Y tendrán que dejar de comer, muchos de aquellos que hoy todavía pueden hacerlo para seguir pagando intereses. Cademártori y Palma (19) muestran que en casi cincuenta años Chile tendría que pagar unos 177 mil millones de dólares sin poder abonar un solo centavo a la deuda original. Ese es el mecanismo al que se ha sometido a los chilenos en las renegociaciones y convenios por los banqueros y su protector, el FMI. Con toda seguridad, estas increíbles cuentas provocarían envidia al propio Rey Midas.

Los acuerdos firmados por la dictadura y el FMI y aquellos convenios de reprogramación con la banca acreedora definen una política económica que en lo substancial contempla:

1. Devaluaciones periódicas, a fin de mantener un tipo de cambio real alto.

2. La eliminación de los reajustes salariales del sector público y la no interferencia en las negociaciones del sector privado.

3. Eliminación progresiva del déficit del sector público no financiero, para llegar a 1987 con un presupuesto equilibrado.

4. Reducción del déficit en Cuenta Corriente desde el 10,5% del PGB en 1984 a 4,5 en 1987. Para ello se dice en el convenio, es necesario mantener una política cambiaría realista y flexible y aranceles bajos y parejos.

5. Reducción de la inflación para llegar a 1987 con una tasa anual del 15%, a través de una "política monetaria estabilizadora". Se fijan también limites a la variación del crédito interno y la eliminación de las líneas de crédito selectivas.

6. Mantención del nivel de reservas que existía a fines de 1983.

Es evidente que estas restricciones de la política económica son de claro corte recesivo. Definen lo que se denominan, en la jerga fondo monetarista, programas macroeconómicos de "austeridad" o "ajustes recesivos". Pero la austeridad es para el pueblo y la recesión la sufren las masas de cesantes y trabajadores asalariados. (20) Reducir el déficit del sector público, por ejemplo, ha significado congelar las bajísimas pensiones del sector pasivo (que en un contexto inflacionario quiere decir disminuirlas progresivamente), obligar al autofinanciamiento a los hospitales y centros asistenciales y, recortar los presupuestos de las escuelas y universidades.

Se trata de obligar a pagar a todo Chile una deuda que contrajeron los clanes económicos que, ya antes se habían apoderado del aparato económico, consiguiendo enriquecerse enormemente. Para ello, el estado chileno ha ido otorgando el aval público a la deuda privada, haciéndose cargo por medios directos o indirectos de su pago. Así, Pinochet y sus ministros sicarios se arrodillan ante sus progenitores, el imperialismo y las clases dominantes criollas, traicionando el interés de Chile y de su pueblo.

Precisamente, el interés de Chile exige que este verdadero cáncer que significa la deuda externa sea resuelto con la responsabilidad que la situación requiere. El futuro gobierno democrático que reemplazará a la dictadura del general Pinochet debe, en primer lugar, declarar nulos los convenios y reprogramaciones (incluidos los avales públicos a la deuda privada) con la banca acreedora y el FMI. En seguida, se deberán revisar, cuidadosamente, las obligaciones del estado y desechar aquellas originadas en la compra de armamento y material de represión contra la población. Además, deberá embargar los bienes de los grupos económicos para resarcirse de las cuantiosas transferencias que durante estos años les ha hecho el estado fascista. Incluso así, no le será posible continuar sirviendo la deuda y a la vez implementar un verdadero programa de recuperación económica. Por ello, creemos que el futuro Chile democrático deberá decretar una moratoria global de la deuda externa, concertando y negociando con sus acreedores un plazo que le permita alcanzar condiciones para reanudar el pago. Chile debe buscar la concertación con el resto de los países de la región, a fin de alcanzar condiciones más ventajosas e impedir las represalias de los centros financieros. Debe prevalecer el criterio ampliamente difundido de que los costos de la crisis deben repartirse entre deudores y acreedores. Lo mismo que vincular los intereses y amortizaciones a las posibilidades de acumulación y a la capacidad exportadora de la economía nacional. Se trata en definitiva de negociar con independencia y desde una posición de fuerza para obtener las mejores condiciones posibles que permitan otorgar la prioridad que requieren los agudos problemas de la economía nacional.

V. Notas Finales

El régimen de Pinochet, que se ha apoyado en las Fuerzas Armadas chilenas, ha conducido al país a la ruina material y ha condenado a cientos de miles de chilenos a la pobreza extrema. Pero ha cometido a nuestro juicio un crimen mayor: ha entregado la soberanía de Chile a los banqueros internacionales y al Fondo Monetario Internacional para que administren al país como un negocio más, extrayendo todo cuanto se pueda de él, aún a costa de la dignidad y la vida de sus habitantes.

Chile necesita un nuevo gobierno. La política del ministro Büchi es de carácter todavía más reaccionario que la del gabinete Escobar-Jarpa. Esta se ha orientado a valorizar el capital financiero nacional y transnacional, agudizando las contradicciones del régimen pinochetista con el pueblo. Los salarios reales seguirán cayendo, los deudores hipotecarios no tienen solución a su vital problema, la desocupación -a pesar de las cifras oficiales- no desciende, las empresas estatales seguirán el camino de la privatización y la salud y la educación continuarán su deterioro dramático. Ni siquiera las conyunturales mejoras del escenario internacional (baja en las tasas de interés, caída del precio del petróleo, estabilización del precio del cobre y debilitamiento del dólar) permiten suponer un alivio a las mayorías agobiadas por la crisis. Porque como dice el ex ministro Sergio Bitar: "La disyuntiva radica en si estos recursos se usan para pagar deuda externa, importar imbecilidades, fuga de capitales o compra de armas, caso en el cual no sirven de nada, o se canalizan hacia la inversión social, construcción de viviendas para los más necesitados, mejoramiento de sueldos, salarios y pensiones y entrega de crédito para los sectores productivos, lo que obviamente se traducirá en crecimiento" (21). La venta de los bancos Internacionales y Concepción y la transferencia de las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) más importantes a capitales extranjeros son muestras claras del camino escogido por el ministro Büchi: austeridad para el pueblo y garantías para los banqueros y el capital foráneo.

En todo caso, el equilibrio actual es precario. Supone que el régimen es capaz de contener y sofocar las demandas provocadas por el cuantioso endeudamiento interno, de la enorme masa de cesantes, de los trabajadores por mejores salarios reales y la defensa de las empresas del estado, de los estudiantes por matriculas más baratas y de los profesionales por sus precarias condiciones de trabajo. Ese es el talón de Aquiles, el flanco más débil de la política de sometimiento del pueblo. La movilización social conjunta, coordinada y simultánea en defensa de las aspiraciones legitimas del pueblo puede derrotar esta política y al régimen que la sostiene.

El problema de la deuda externa sigue siendo la contradicción principal que determina el esquema de reproducción del régimen, pero esa contradicción se manifiesta más concretamente en el plano interno. La desocupación a que han sido condenados casi un millón de trabajadores chilenos, la enorme masa de deudores hipotecarios, los pequeños comerciantes y empresarios arruinados, los jubilados y pensionados empobrecidos por la política económica de Pinochet requieren solución a sus graves problemas. Tal solución se enlaza objetivamente con la necesidad de una moratoria global de la deuda externa. Porque todo el peso del ajuste que significa pagar los intereses y el principal de la deuda recae hoy sobre los chilenos, especialmente en los sectores más modestos. La moratoria global sostenida por cada vez más amplios sectores es entonces una reivindicación concreta que concita el apoyo de la inmensa mayoría nacional.


Notas:

Claudio Pérsico es economista. Vive en Santiago

1. Sobre antecedentes del Banco Central de Chile, citados por el suplemento "Economía" Nš 12 de la revista APSI. Julio de 1986. Las cifras sobre calda del Producto Geográfico Bruto per cápita son aún más alarmantes. Según Patricio Meller, el PGB per cápita ha caído desde 1981 un 14,3%, es decir, más de un 2,7 de promedio anual. Revista CIEPLAN noticias Nš 2, diciembre 1985.

2. El régimen de Pinochet ha recibido felicitaciones de los personeros del gobierno de Reagan y del FMI en reiteradas ocasiones. El propio FMI envió en abril de 1985 un cable de felicitación al gobierno chileno: "por su comportamiento ejemplar". El Subsecretario del Tesoro de Estados Unidos, David Muldorf, al intervenir en la reunión anual de la Asociación de Bancos para el Comercio Internacional, puso a la dictadura de Pinochet como un ejemplo para el resto de las naciones endeudadas. Incluso el Plan Baker fue aplicado en Chile anticipándose al anuncio hecho en Seúl por el Secretario del Tesoro estadounidense.

3. Esta fijación en términos nominales del tipo de cambio hizo altamente rentable para los bancos endeudarse a la tasa de interés internacional (10 ó 12%), ingresando grandes sumas de divisas, y colocarlas en el mercado doméstico a tasas reales de hasta el 50 por ciento anual (en 1976 la tasa de colocación llegó al 51,2%, en 1981 al 38,8% y en 1982 al 35,1%. Colección "Estudios de Cieplan" Nš 18, Síntesis Estadística). Además, esta fijación cambiarla favoreció la importación indiscriminada de bienes que se producían en el país. con el consiguiente daño a la industria nacional (ver CEPAL, Estudio Económico de América Latina y el Caribe, 1983. cuadro Nš 20, pág. 298, sobre la composición de las importaciones).

4. Ver revista Nueva Sociedad, números 68 y 69, 1983, dedicados especialmente al tema. Asimismo los trabajos que ha publicado la CEPAL, especialmente los informes sobre la deuda externa y los progresos de renegociación.

5. Ver el articulo de Hugo Fazio "Mercado de capitales y concentración financiera" en Revista Araucaria Nš 5, 1979, págs. 43-68.

6. Hugo Fazio. Op., cit.. pág. 53.

7. A partir del segundo semestre de 1977, los aranceles fueron fijados en un 10% para casi todos los productos, llegando a tener Chile entonces una de las estructuras arancelarias más bajas del mundo. Posteriormente se liberó la entrada y salida de capitales, con lo que la apertura comercial y financiera fue casi absoluta.

8. Según la Oficina de Planificación Nacional, ODEPLAN, en el periodo 1977-1981 el ahorro externo reemplazó el 38% del ahorro nacional. ODEPLAN "Destino del Ingreso de Capitales", marzo, 1983.

9. Orlando Caputo Leiva: "Deuda externa y moratoria en América Latina" en Revista Araucaria Nš 30, 1985, págs. 47-61.

10. Referido al Caputo. Op., cit., pág. 51.

11. El Indice real de sueldos y salarios que en 1970 toma un valor 100, llega en 1971 a 122,7, para situarse en 1975 en un 62,9 y no llegar todavía a alcanzar el valor de 1970. En 1984 llegó a 87,1 y en 1985 a 80,2. (Fuente: INE.)

12. El PEM (Programa de Empleo Mínimo) y el POJH (Programa de Ocupación para Jefes de Hogar) son programas de gobierno que emplean en trabajos no productivos y en medias jornadas a desocupados con remuneraciones que no sobrepasan los US$ 25 de promedio al mes. A fines de 1985. estos dos programas ocupan a 295.555 trabajadores sobre una fuerza laboral de 3.648.827 personas. De ese modo, las estadísticas muestran una tasa de desocupación que subestima en al menos un 8,1% el paro efectivo. (Colección de "Estudios de Cieplán", Nš 18, Síntesis Estadística. cuadros 5 y 6.)

13. Boletín del Banco Central de Chile, agosto de 1981.

14. Boletín del Banco Central de Chile, agosto de 1981.

15. Según estimaciones de la SOFOFA, esta transferencia alcanza a 2.200 millones de dólares y la Escuela de Negocios de Valparaíso la sitúa en 2.500 millones. Este subsidio del dólar entró en vigencia en agosto de 1982, cuando se devaluó y, posteriormente, se liberalizó el mercado de la divisa. Inicialmente comenzó siendo un 23% del valor del dólar oficial y llegó en junio de 1985 al 40%.

16. Ver los acuerdos firmados entre el régimen de Pinochet y el comité de doce bancos acreedores en la renegociación firmada en 1983. Según tal acuerdo. Chile se somete a los tribunales del Estado de Nueva York y todos sus bienes son embargables excepto las naves de guerra y las sedes de las representaciones diplomáticas. Resulta ilustrativo del sometimiento y servilismo a que se llegó en aquella renegociación leer las cláusulas que firmaron los representantes de la dictadura.

17. Ver los documentos que ha publicado en Chile el Área de Economía del Instituto de Ciencias Alejandro Lipschutz, ICAL, respecto al tema. Para un examen cuantitativo del problema, leer en Araucaria Nš 34, 1986, el trabajo de José Cademártori y Patricio Palma: "La Impagable Deuda Externa de Chile", págs. 17-32. Respecto a la deuda externa latinoamericana, ver las entrevistas de prensa y los documentos escritos por Fidel Castro desde 1982, en que viene sosteniendo la necesidad de una moratoria general o la cancelación de las deudas externas para los países subdesarrollados. Para una fundamentación de una proposición concreta de moratoria global, concertada y negociada ver en Araucaria Nš 30, 1985, el articulo de Orlando Caputo citado anteriormente.

18. Datos preliminares sitúan el superávit comercial del ano 1985 en algo más de 900 millones de dólares.

19. Op., cit., pág. 27.

20. Según El Mercurio de Santiago, suplemento mensual "Economía y Negocios" Nš 6, junio, 1985; más del 60 por ciento de los asalariados reciben una renta bruta inferior a 110 dólares (que luego de los descuentos se transforma en 87 dólares). Hay que tener en cuenta que esta cifra está claramente abultada porque proviene de un universo de trabajadores que cotiza en la seguridad social y cuyas empresas declaran y pagan dichas cotizaciones. No es aventurado suponer que, entre aquellos que trabajan sin contrato o cuyas empresas no cumplen las disposiciones relativas a la seguridad social, la situación es aún peor a lo que informa el vocero de los clanes económicos. El salario mínimo bruto, recién reajustado, asciende a poco menos de 50 dólares.

21. Periódico Fortín Mapocho, Nš 353, pág. 6, 17 de marzo de 1986.


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