Presos políticos desaparecidos en chile

AÑO 1974

Pasados varios meses desde el Golpe Militar, la represión no sólo se mantenía sino que -asesorada por agentes represivos de otras dictaduras- acentuaba y refinaba sus métodos. En ese año 1974 fueron detenidos muchos de los ciudadanos que más tarde, a raíz de una macabra farsa montada por la Dictadura, pasarían a formar el grupo conocido como "El caso de los 119". Ya entonces empieza a estar en conocimiento de la opinión pública internacional el procedimiento usado por la Junta de negar las detenciones que practica. La legalización en mayo de 1974 de la DINA, la siniestra policía secreta de Pinochet, es el punto de partida de una gran ofensiva de secuestros.

Un caso especialmente grave es el del ingeniero David Silberman quien, detenido en 1973, desapareció a fines de 1974 desde la Cárcel Pública, sin que se haya vuelto a saber de él.

De los múltiples casos, en que existen abundantes testimonios, entregamos a continuación una selección de ellos:

Detención de María Isabel Beltrán.

Testimonio de su madre Oriana Sánchez Romero.

"El 18 de diciembre de 1973, alrededor de las 0.35 horas llegaron a mi casa cerca de diez militares que se identificaron; previamente habían acordonado el sector con tanquetas y otros vehículos. Calculo que había más de veinte militares en el operativo.

El oficial que llegó a mi casa, preguntó por Patricia Contreras Farías, amiga de mi hija, que por esos días se alojaba en mi casa, habiendo llegado de Linares donde reside y trabaja. Los militares allanaron mi domicilio, registrando todas las dependencias. Uno de ellos se comportó grosero y violento con mi hijo de 11 años de edad, al mirar éste cuando el militar se echaba al bolsillo un objeto importado que tenía en casa. Al darse cuenta, el militar lo golpeó en pleno rostro.

En uno de los dormitorios se encontraba Patricia. Le pidieron identificación y le consultaron por qué estaba en casa. Luego mi esposo, mis otros dos hijos, mi nietecita y yo fuimos llevados al dormitorio mío, en tanto que a mi hija y a Patricia las interrogaron separadamente y luego las carearon en el comedor. El interrogatorio duró más de dos horas. Nuestro hogar había sido puesto en total desorden al término del careo; el oficial me dijo que se llevaría a las dos niñas a la Escuela Militar. Que no me preocupara, que sería para una breve interrogación y que estarían de regreso a la amanecida. Salieron sin dejar que llevaran la ropa adecuada.

Al amanecer no regresaron, por lo que decidí ir a la Escuela Militar, llevando ropas y alimentos para las dos detenidas. En la Escuela me dijeron que no habían sido ingresadas, que a lo mejor estarían en Investigaciones. Me fui muy preocupada a la Dirección de Investigaciones (policía civil) y tuve el mismo resultado. De ahí fui a la Cárcel de Mujeres y a la Casa Correccional, con igual negativa. Ninguna de las dos niñas aparecía. Durante los días 19 y 20 de diciembre volví reiteradamente a estas instituciones sin obtener ni siquiera una mínima información.

El 20 de diciembre, a las 18.00 horas, mientras regresaba de la Cárcel de Mujeres, mi hijo que me acompañaba me indicó que un jeep militar estaba detenido en la calle, y que mi hija estaba haciendo señas. El vehículo estaba estacionado cerca de mi domicilio. Con inmensa emoción me acerqué, pero un militar armado de metralleta se interpuso y me dijo que sólo podía hablar con mi hija guardando una distancia prudente. Hablando a la distancia le pregunté qué pasaba, que dónde la tenían, me dijo llorando: "mamita, no me busques en Santiago, me tienen en la Escuela de Artillería de Linares y me han traído sólo para carearme contigo".

Junto a mi hija viajaban en el jeep dos militares armados y tres hombres en calidad de detenidos. Mi niña mostraba evidentes flagelaciones. Su rostro tenía dos heridas grandes que le surcaban la mandíbula y el cuello en ambos lados. Eran heridas largas, como ocasionadas por un cuchillo largo, y sangraban. En sus mejillas noté verdugones violáceos. En sus piernas también observé heridas como las ya descritas. Llorando me dijo mi hija que "la iban a matar". Yo traté desesperadamente de tranquilizarla. Le dije que por ser madre y viuda la iban a respetar, que ya harto había sufrido con el fusilamiento de su esposo (mi yerno había sido fusilado el 6 de octubre de 1973 en la Escuela de Infantería de Santiago). En ese momento le entregué un bolso con efectos personales y alimentos, además de un chalón de lana. Ella no quería aceptarlo pero el militar le recomendó que lo tomara, que le "serviría". Me informaron que en mi casa, en Cienfuegos 132, tercer piso, me estaban esperando para conversar conmigo. Me apresuré a llegar a mi casa. En el primer piso habían dos civiles esperando, efectivamente. Me interrogaron de inmediato con tono enérgico. Les dije que subieran a mi casa para conversar. Me preguntaron qué actividades había cumplido durante el día. Les expliqué que sólo había hecho gestiones para ubicar a mi hija. Ellos sostuvieron que no, que yo "había cocinado en mi casa y que, incluso, había dado de comer a dos personas ajenas de la familia". Me aseguraron que en mi domicilio había muestras de que había cocinado. Yo, preocupada como estaba, no tuve ni tiempo ni ánimo para cocinar ese día. Había almorzado con mis hijos en casa de una amiga. Anie las insistentes palabras de ellos, los invité a subir, pero no quisieron. Me dijeron que se irían en el jeep y hacia allá se fueron caminando. Yo los seguí y por señas me despedí de mi hija.

El 24 de diciembre de 1973, alrededor de las 11:00 horas, al encontrarme yo tendiendo ropa recién lavada, llegaron dos militares a mi casa. Yo estaba sola. Se trataba del practicante de la Escuela de Artillería de Linares, señor Ahumada, y el chofer del jeep. Se portaron amablemente y muy humanos. El practicante Ahumada me dijo que en la enfermería de la Escuela de Artillería se encontraba interna mi hija, junto a su amiga Patricia. Que ambas estaban malas de salud "usted sabe -me dijo- que los tratamientos allá son muy bruscos y las dos niñas están mal. Yo atiendo a su hija lo mejor que puedo. Ella la llama a gritos. En cuanto recuperó el conocimiento empezó a preguntar por usted. Pidió ropas para estar en cama y ropas para vestirse".

Yo le preparé ropas con una maleta, útiles de aseo, y además diversos alimentos que sabía gustaban a mi niña. A los militares les regalé una botella de champaña y media de whisky, en atención a las actitudes humanitarias que demostraron y por estar en vísperas de navidad.

El 26 de diciembre viajé a Linares, me dirigí de inmediato a la Escuela de Artillería. Me atendió el oficial de guardia, me dijo que efectivamente mi hija se encontraba en la enfermería de ese establecimiento, incomunicada, por lo cual no podía verla, pero me permitieron que le enviara los efectos personales que le llevaba y un papelito escrito. Al rato mi hija me contestó con otro papel, me preguntaba por su hijita Tamara que estaba a mi cargo. Me pedía fotos de la pequeña y me instaba a que la bautizara a la brevedad. Me mandó la minifalda que usaba al ser detenida, la cual mantengo tal como yo le arreglara el cierre. Me insistía que le enviara de inmediato algodón. Para responder más rápido a su requerimiento, !e mandé dos pañales de su hijita que yo llevaba en mi bolso. Después de esto volví a Santiago.

El 4 de enero de 1974, viajé nuevamente a Linares. En la Escuela de Artillería no recibí el trate deferente de la primera vez. Me recibieron fríamente y no me aceptaron enviarle paquetes a mi niña, mucho menos recado escrito. No me dieron ninguna posibilidad, aduciendo que estaban preocupados por asuntos más importantes. Tuve que volver a Santiago.

El 12 de enero, día sábado, inolvidable para mí, volví a Linares. En la Escuela de Artillería recibí el mismo trato frío de la vez anterior. Sin embargo, cuando solicité permiso para pasar al servicio higiénico, no pusieron objeciones. Ingresé al interior del establecimiento y al llegar al baño, pude ver a mi hija que estaba de pie custodiada por dos militares armados de metralletas.

Mi impulso fue acercarme para abrazarla, pero los militares me lo impidieron. Sólo pude hablarle manteniendo una distancia aproximada de dos metros. Mi hija estaba ansiosa, me preguntó por Támara su hijita, visiblemente emocionada. Me preguntó si la había bautizado. Yo respondí tratando de mostrarme tranquila, no quería quebrantarla, aun cuando en el fondo yo estaba destrozada. Mi hija se veía muy delgada y amarillenta, su cabello estaba recortado al rape en la parte superior de la cabeza.

Mi niña me pidió que le llevara apósitos para "los pechos, me maduran mucho".

Me insistió en que le llevara algodón, luego me repitió lo que me había dicho en Santiago: "mamita, van a matarme... pero nunca cuentes a mi hija que he estado presa... dile cualquier cosa... pero que no sepa de esto". Los militares nos separaron. Me dijeron que mi hija iba a "sala de tratamientos". Yo pensé que la llevaban a sala de curaciones para tratarle los pechos. Nos separaron. Yo volví deshecha a la sala de espera; cuando ya estaba allí, exactamente a las 10:30 horas, escuché claramente a mi hija, claramente que gritaba con voz de muerte: "Mátenme... mátenme... yo no sé nada". Con terrible dolor me di cuenta de lo que significaba la "sala de tratamientos". Me di cuenta también que en ese momento estaban tratando de presionarme a mí para que yo hablara en caso de saber algo. Comprendí que mi permanencia en el recinto alargaba el sufrimiento de mi hija. En silencio, caminando como desvanecida, abandoné el lugar. Me sentí morir. Tenía el corazón desgarrado, no sé cómo no me desmayé en la calle.

El lunes siguiente, 14 de enero de 1974, armada de valor, regresé a Linares. En la Escuela de Artillería fui tratada con absoluta frialdad por el oficial de guardia. Me puso tantas trabas y se mostró tan insensible que yo me enoje con él y le expliqué mi situación, como madre le dije que venir a Linares era un gran sacrificio, que dejaba a mi hijo botado, etc., etc. Él entonces cambió de actitud y me condujo ante el Teniente de Carabineros Sergio Gallardo, miembro del SICAR (Servicio de Inteligencia de Carabineros), encargado de los detenidos de la Escuela de Artillería de Linares.

El teniente tenía su despacho en el interior de la Escuela. Allí me recibió. Sacó un grueso expediente que empezó a hojear delante de mí en tanto que hacía comentarios irónicos sobre mi hija, tratándola de "rata mirista" y diciéndome que mi casa había sido "albergue de ratas miristas". Yo le contesté que mi casa no ero eso. Que yo sabía perfectamente quién entraba y salía de mi hogar. Él insistió. Al preguntarle qué pasaba con mi hija, dónde estaba, él me dijo que "ella ya no estaba en la Escuela de Artillería" y que no sabía dónde estaba. Yo le insistí que mi hija había estado allí, que la había visto con mis propios ojos e incluso que había hablado con ella; que había recibido paquetes de mi parte. El teniente dijo: "...la Escuela es un recinto donde los prisioneros están un tiempo, mientras se les saca la verdad, luego son trasladados a un lugar que yo desconozco". Yo le dije que para mí eso significaba que mi hija había muerto y que seguramente no había resistido los "tratamientos" que ellos hacen. El teniente se enojó y me trató muy mal. Acto seguido me expulsó de su despacho. Me tuve que ir descorazonada.

Desde entonces yo he vuelto unas diez veces a la Escuela de Artillería de Linares. En todas ellas he sido tratada con evasivas. En cinco ocasiones me han interrogado detectives allí en la misma Escuela. Los interrogatorios conducen a establecer alguna implicancia de mi hija con otras personas. Del paradero de mi hija no me han informado nunca más.

En Linares me he alojado en casa de la señora Rosa Farías, madre de Patricia, a quien conocía sólo por referencias de su hija. Conversando con ella supe que en ciertas ocasiones ella conversó con el chofer del jeep en que fue detenida mi hija. El chofer vive en la misma población de la señora Rosa.

En esa ocasión, éste le había manifestado: "es muy triste señora, pero uno es mandado... a mí me tocó traer a la negrita (se refirió a mi hija, que es morenita), desde la capital y a mí me tocó sepultarla. La señora Rosa me dijo, después de esto, que ya no buscará más a mi hija, porque ella está descansando... Ella fue fusilada... es la única mujer muerta aquí en Linares".

Durante mis permanencias en Linares, visité con frecuencia a algunas jóvenes detenidas en la Casa Correccional que habían estado detenidas junto a mi hija, a objeto de recibir cualquier información que pudiera tener de ella. La madre de una de las niñas, supo que a mi hija la habían muerto, pero que nadie se atrevía a decírmelo. Lo mismo supe un día en la Plaza de Linares, donde por casualidad me enteré de que mi hija había sido fusilada. El hecho era el comentario obligado en toda la ciudad. Sin embargo, yo no he recibido ninguna información oficial.

Con fecha 19 de junio de 1974, el Coronel Carlos Morales Retamales, Intendente Jefe de la Zona de Plaza de la provincia de Linares, contestó una carta que yo le envié, denunciándole los hechos y rogándole me informara del paradero de mi hija. En su nota el coronel me expresaba: "La permanencia de su hija en la Escuela de Artillería se debió a malestares que le produjo un aborto atendido en forma insalubre, por esa misma razón, a mediados del mes de febrero fue puesta en libertad condicional para que se sometiera a un tratamiento médico especializado, con la promesa de presentarse en la Comandancia de Guarnición de Linares, una vez dada de alta, promesa que hasta ahora no ha cumplido, teniendo conocimiento extraoficial que, en compañía de otros extremistas, presumiblemente han huido en febrero de 1974 a la Argentina por el sector de San Fabián..."

Detención de Alvaro Vallejos Villagrán.

Testimonio de su cónyuge María Lucía Villavicencio "El lunes 20 de mayo de 1974, a las 21:30 horas, se presentaron en casa de mis suegros, donde estábamos de visita, Pasaje Prat 3250 de Maipú, tres civiles que se identificaron como miembros del Servicio de Inteligencia Militar (SIM), armados con metralletas, quienes procedieron a detener a mi esposo, aduciendo que terceros lo consignaban como miembro del Comité Central del MIR y poseedor de dólares para el financiamiento de guerrillas.

Mientras interrogaban a toda la familia, amenazaban diciendo que "no soportaría los interrogatorios" por su estado físico. Lo llevaron en una camioneta Chevrolet TC-10 blanca, previamente esposado a la espalda. Ninguna de estas personas aceptó identificarse. Más tarde, luego de presentarse en casa de mi hermano y de su esposa, procedieron a detenerme conduciéndome en una camioneta blanca dé doble cabina, de cuatro puertas y habiéndome puesto adhesivo en los ojos (Scotch), que quedó mal puesto. Fui llevada a una casa ubicada en la calle Londres 38 de Santiago. En ese lugar pude ver a mi esposo que se encontraba esposado y con la vista vendada. Allí se comprometieron a sacarme del país a cambio de que mi esposo "les dijera todo lo que sabía". Luego, tras de ponerme una venda, me trasladaron a una pieza para interrogarme, vejándome y dándome algunos golpes con permanentes amenazas e insultos. Más tarde me trasladaron a casa de mis suegros quedando con arresto domiciliario.

El día sábado 25 y lunes 27, se presentaron en mi domicilio, procedieron a allanarlo. Se llevaron todo cuanto de valor había allí (una máquina de escribir, un tocacintas, una radio tocadiscos y una grabadora AM-FM de onda larga y corta, un anillo de oro de 25 gramos, 40,000 pesos en efectivo, apuntes de clases de la Escuela de Servicio Social de la Universidad Católica y otras múltiples especies).

Aproximadamente a un mes de la detención, volvieron a allanar mi casa, llevándose esta vez maletas, ropas, aduciendo que "todo era robado o financiado por el dinero de extremistas".

El 29 de junio, a las 19:00 horas, mi esposo fue llevado a casa de mis suegros diciendo que estaba en libertad y que debía ir a firmar cada tres días a Carabineros de Maipú. Alcanzó a permanecer allí entre diez y quince minutos (con gran despliegue de vigilancia), momento en que se presentaron dos civiles que le mostraron sus" tifas "(tarjeta de identificación de las fuerzas armadas) a mi suegro, diciéndole que lo llevaban a firmar y volvía. Desde esa fecha no han vuelto a entregar ninguna información acerca del paradero y estado físico de mi esposo.

Con fecha 15 de noviembre de 1974, fue enviado a la Cruz Roja Internacional un oficio firmado por el Coronel de Ejército Jorge Espinosa, secretario ejecutivo del SENDET (Secretaría Ejecutiva Nacional de Detenidos), donde mi esposo figuraba en una nómina de algunas personas que se encontraban en el presidio "Tres Álamos". Al consultar al SENDET, el Teniente Cienfuegos que me atendió, contestó que "seguramente se trataba de un error".

El 20 de febrero de 1975, en la declaración que hicieron por cadena nacional de radio y televisión organizada por el gobierno, cuatro presuntos dirigentes del MIR nombraron a mi esposo en calidad de "exiliado".

En oportunidades en que he concurrido al SENDET se me informa que mi esposo está en libertad, según decreto N 349, a partir del 2 de agosto de 1974. Mi esposo era estudiante de quinto año de la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile, y tenía 25 años de edad en el momento de la detención. Llevábamos seis meses de casados".

Arresto y desaparecimiento de Joel Huaiquiñir Benavides.

Este obrero, con cédula de identidad N 5.287.586, del Gabinete de Identificación de Santiago, fue detenido el 27 de junio de 1974 y desde el mismo momento de su arresto se ignora el lugar en que quedó recluido.

Su detención fue tácitamente reconocida por el Ministro del Interior, General Raúl Benavides Escobar, en el oficio N 600/25-F 63 que el 22 de octubre de 1974 envió a la Corte Suprema de Justicia en respuesta al oficio decretado en el recurso de amparo N 18.878. En dicho oficio afirmó falsamente que Huaiquiñir "había sido puesto en libertad en cumplimiento del decreto N 414". La verdad es que nunca fue puesto en libertad.

Enrique Norambuena Aguilar, agente viajero, detenido el 8 de junio de 1974 y que el 11 de julio de ese mismo año se encontraba en el campo de concentración de "Cuatro Álamos", saliendo muy posteriormente en libertad, ha testimoniado al respecto lo siguiente:

"A fines de agosto de 1974, encontrándome en "Cuatro Álamos", celda N 8, fui sacado de mi celda y trasladado a la N 13 junto a otros detenidos. En esa oportunidad pude conversar con Joel Huaiquiñir Benavides... cambiamos opiniones sobre lo incierto de nuestra situación. Después nos separaron y ya no pudimos conectarnos más. En la celda N 13 se encontraban también otros compañeros que hablaron con Huaiquiñir, entre ellos puedo indicar a Manuel Carpintero, que vive en Rumania. Poco después del hecho que he relatado, oímos que sacaban a unos compañeros de sus celdas, y después de oír que los llamaban por sus nombres (como es natural en estos casos), miramos por la cerradura de la puerta para verificar de quiénes se trataba y pude ver perfectamente que se llevaban al compañero Huaiquiñir. Desde esa fecha nada se ha sabido de él. Nadie ha podido averiguar qué suerte corrió o dónde puede estar detenido". (Del CIR, Comité Chileno de Solidaridad, La Habana).

Detención de Edwin Van Yurick Altamirano y su esposa Bárbara Uribe Tamblay.

Testimonio de su madre Ruth Altamirano Herarnets.

Detención de Edwin: "El 10 de julio de 1974, es visto por última vez por su hermano Cristian, a las 12:30 horas, desde un microbús en el sector Irarrázaval con Pedro de Valdivia. El 12 de julio, a la 1:00 de la madrugada, llegaron hasta nuestro domicilio ubicado en Cirujano Videla 1504 en Ñuñoa, cinco o seis personas vestidas de civil que se negaron a identificarse y que se movilizaban en una camioneta. Nos manifestaron que ellos habían detenido a mi hijo Cristian, a Edwin y a mi hija (nuera, Bárbara) y que no podían informar el lugar donde se encontraban. El 16 de julio esas mismas personas llevaron a mi hijo Cristian a mi casa, para que visitara a su hijita de pocos meses de edad. Le pregunté quiénes eran las personas que lo acompañaban, me contestó que "Osvaldo Romo es el único que identifico del grupo". Este individuo me dijo que él había detenido a Edwin y a Bárbara, y que podíamos ir a visitarlo al presidio de "Tres Álamos". Fuimos al lugar indicado, con resultados negativos. El comandante del campo nos indicó que no estaban. Con posterioridad fuimos nuevamente visitados por estas personas, acompañados de mi hijo Cristian. En esa ocasión le manifestamos a Romo por qué nos había hecho ir a "Tres Álamos", en circunstancias que no estaban allá nuestros seres queridos. Nos expresó que "debíamos ir primero al Secretariado cuando las personas se encontraban efectivamente con visitas en ese recinto".

Detención de Bárbara: El 10 de julio de 1974, a las 20:00 horas, llegó hasta nuestro domicilio un individuo que dijo llamarse "Tintín", quien tocó el timbre de la casa y preguntó por Bárbara diciendo que traía un mensaje de mi hijo para ella. Se le invitó a pasar al interior de la casa, pero no aceptó aduciendo que "estoy apurado y se trata de una cosa muy corta".

"Tintín" era acompañado por otras personas de civil que esperaban en una camioneta. Tres o cuatro de ellos se ubicaron frente a la casa.

Mi nuera Bárbara, interesada por saber de su esposo, salió al antejardín y desde allí fue obligada a introducirse en la camioneta, donde se introdujeron también todos estos individuos ya señalados.

El 12 de julio, dos días después de la desaparición de Bárbara, a las 3:00 de la madrugada, llegaron hasta la "Phototeca" ubicada en Mac Iver al llegar a Santo Domingo, Santiago, donde mi nuera cumplía funciones de secretaria, un grupo de diez a quince personas de civil, que portaban armas de fuego, irrumpieron en el inmueble procediendo a allanarlo. Entre estas, personas desconocidas, que no se identificaron, se encontraba Bárbara a la cual increpaban e insultaban continuamente. Ella fue reconocida por el mayordomo de la oficina que pernoctaba en el lugar.

En los primeros días de la detención, mi hijo estuvo con su hermano Edwin en la casa de interrogatorio ubicada en calle Londres N 38. Posteriormente, Cristian fue trasladado al campamento de detenidos de Ritoque, ubicado en la provincia de Valparaíso, donde podemos visitarlo regularmente. No tenemos mayores antecedentes y noticias de Edwin.

Por nuestra ascendencia inglesa recurrimos a la embajada de Gran Bretaña, a objeto de que interpusiera sus oficios ante el gobierno de Chile. Copio a continuación el texto del oficio 13947, de fecha 18 de agosto de 1974, del Ministerio de Relaciones Exteriores en que da respuesta a su requerimiento: "El Ministerio de Relaciones Exteriores saluda muy atte. a la Embajada de Su Majestad Británica y tiene el honor de referirse a nota N 18/2 del mes en curso relativa a los señores Cristian Van Yurick, Edwin Van Yurick y su esposa Bárbara Uribe, mediante la cual expresó el deseo de sus parientes y de la Embajada, de tener conocimiento del paradero y su estado de salud.

Al respecto este Ministerio puede informar que consultadas las Autoridades Chilenas competentes, han manifestado que las personas antes mencionadas se encuentran con arresto preventivo para su debida investigación, y su estado de salud, es perfectamente normal.

Respecto a su paradero, no ha sido dado a conocer aún.

El Ministerio de Relaciones Exteriores aprovecha la oportunidad de reiterar a la Embajada de Su Majestad Británica las seguridades de su más alta y distinguida consideración. Santiago, agosto de 1974.- Hay una firma".

Naturalmente la llegada de esta nota renovó mis esperanzas de conocer la situación de mis hijos y de mi nuera. Hasta pensé que en breve los podría ver. Sin embargo, han pasado los meses y la situación se mantiene. Edwin y Bárbara continúan desaparecidos y sobre ellos se mantienen las negativas para informarme dónde están; sólo Cristian ha sido ubicado como ya dije. Hace seis meses que lo visito en Ritoque. Mi hijo Edwin tenía 22 años de edad al momento de la detención y su esposa Bárbara también. Ambos eran muy felices".

Aquí concluye el testimonio de la madre.

Posteriormente, en oficio reservado N 326, dirigido al Presidente de la Corte de Apelaciones de Santiago, y que rola en el expediente del respectivo recurso de amparo, el Ministerio de Relaciones Exteriores de la Junta ha señalado, en lo que interesa, lo siguiente:

"Por oficio N 13.947, este Ministerio informó a la Embajada de Su Majestad Británica que doña Bárbara Uribe y don Edwin Van Yurick, se encontraban con arresto preventivo. Esta información, desgraciadamente, se debió a un lamentable error, producido seguramente por el cúmulo de antecedentes que solicitaban en esa época las distintas embajadas, lo que produjo un enorme recargo de trabajo y el hecho de que con el objeto de atender a las embajadas en el más breve plazo, para mejorar la visión de Chile, en el exterior, muchas de estas informaciones las requería el Ministerio de los demás organismos del Estado, verbalmente y por teléfono.

La equivocación, debió producirse además por la circunstancia de que en la nota de la embajada figuraban dos personas de apellidos Van Yurick, lo que probablemente indujo a confusión al funcionario que dio la información".

Detención de Juan Chacón Olivares.

Testimonio de su cónyuge Verónica Martínez Ahumada.

"El 15 de julio de 1974, aproximadamente a las 15:00 horas, en circunstancias de que nos encontrábamos María Inés Alvarado y yo, frente a la tienda en la Avenida Providencia casi esquina de Ricardo Lyon, en Santiago, se acercaron tres señores que resultaron ser miembros de la DINA, quienes comunicaron a María Inés que debía exhibir sus documentos, rodeándola al parecer para detenerla. Como yo tenía a mi niño en los brazos y estaba a cierta distancia de ella, no se percataron de mi presencia, por lo cual de inmediato volví a mi casa ubicada en Antonio Varas 249, Depto. 202.

Dos horas y media después llegaron a mi casa varios señores quienes expresaron ser miembros de la DINA, trayendo a mi amiga María Inés Alvarado sangrando del labio inferior. Este personal procedió a allanar el departamento y a detener a un primo hermano de mi marido y a distintas personas que se encontraban en mi domicilio: Juan Chacón Zenteno, mi suegro; Juan Chacón Olivares, mi marido y Martín Elgueta Pinto, amigo que casualmente llegaba de visita portando un paquete de ropa recién comprada, que le fue retenida.

Previamente a las detenciones, María Inés fue sacada del departamento por el personal, sin que volviera. Permanecí en el recinto hasta las 22:00 horas, cuando miembros de la DINA me llevaron con la vista vendada hasta un lugar que, según supe por otros detenidos que había allí, se trataba de Londres 38. En ese lugar pude constatar que se encontraban todas las personas detenidas en mi domicilio, incluyendo a María Inés. Comprobé lo anterior porque los reconocí en la voz de uno de ellos y porque además fui interrogada junto a mi esposo e incluso dormimos juntos. A la hora de la comida, me sentaron junto con él y Martín Elgueta. De éstos me daba cuenta sólo por la voz y porque se llamaban por sus nombres. Yo tenía la vista vendada.

Cuando llevaba dos días en ese lugar, fuimos sacados y separados; fue instalada a mi lado una mujer que se quejaba terriblemente, a quien reconocí como mi amiga María Inés Alvarado Borcuel; para consolarla la tomé de la mano y noté que se encontraba temblando y que estaba totalmente helada. Ante este gesto mío, ella fue retirada violentamente de mi lado.

A los seis días de estar detenida, fuimos sacados de ese lugar de reclusión mi esposo, mi suegro, mi primo y yo. Desde allí fuimos llevados al campamento "Tres Álamos", quedando incomunicados. A los seis días siguientes, fuimos llevados en un vehículo con la vista vendada, hasta la calle Rodrigo de Araya con Vicuña Mackenna, mi suegro, mi primo político y yo, todos ya individualizados. Allí fuimos dejados en libertad. Mi cónyuge quedó en el campamento de "Tres Álamos". A la semana siguiente después de haber sido dejados en libertad, personal de la DINA detuvo en mi departamento a mi suegra María Cristina Olivares Castro y a mi madre Ana Ahumada Moraga.

Según conversaciones que sostuve posteriormente con mi suegra, ella me informó que había visto a Martín Elgueta en la casa de calle Londres 38. Mi esposo aún no ha aparecido y nada sabemos de él.

Al momento de su detención, mi esposo tenía 29 años de edad, era médico veterinario y se desempeñaba como Agente Zonal de SOCOAGRO en Concepción".

Detención de Marcos Quiñones Lembach.

Testimonio de su cónyuge Norma Rojas Pizarro.

"Mi esposo fue detenido el 17 de julio de 1974 en casa de un amigo, Germán Moreno Fuenzalida, con quien había quedado de acuerdo en juntarse para tratar la compraventa de una pieza habitación prefabricada. Al llegar al domicilio de su amigo, ubicado en Los Andes 2142, Santiago, entró y fue tomado inmediatamente por la espalda por unos individuos. Luego esposaron sus manos y lo empujaron violentamente contra una muralla; después sacaron a mi esposo y su amigo (a quien habían llevado para interrogarlo), vendándole los ojos y subiéndolo a un vehículo.

Posteriormente, a la 1,30 de la madrugada, fue llevado al domicilio en que residíamos en esa fecha, Pasaje Los Álamos, sin número, de población Las Acacias, por tres individuos; mientras uno conversaba, otro se quedó en la puerta y un tercero registró la casa. En ningún momento estas personas presentaron orden de detención y allanamiento, a pesar de habérselas pedido, lo único que contestó uno del grupo fue "confía en los militares", "los militares no somos asesinos" y, que por lo tanto, "al día siguiente estaría de regreso".

Hago constar que mi esposo se veía en esa ocasión muy mal, sus ropas estaban sucias y en desorden y no podía articular palabras correctamente. Además le faltaban su argolla de matrimonio y el reloj. Luego de esto se llevaron a mi marido en un vehículo que habían dejado estacionado en la esquina de la cuadra. A partir de ese momento no se me ha informado nada de su paradero, ni tan siquiera si está vivo o muerto. Al momento de la detención, mi marido tenía 26 años de edad".

Detención de Martín Elgueta Pinto.

Testimonio de su madre Yolanda Pinto Miranda.

Martín Elgueta, cédula de identidad N 99.025 de Ñuñoa, Santiago. Dice la madre:

"Mi hijo fue detenido el 15 de julio de 1974, a las 19:30 horas, en el departamento 202 del edificio ubicado en la Avenida Antonio Varas N 240, Santiago, cuando llegaba de visita a dicho inmueble que en ese momento estaba siendo allanado por 6 individuos de civil que portaban armas de fuego y quienes se identificaron como agentes de la DINA; además de mi hijo Martín fueron detenidas las siguientes personas: el dueño de casa, Juan Chacón Olivares, su esposa Verónica Martínez, su padre Raúl Chacón, su primo Antonio Osorio y María Inés Alvarado, amiga y ex-compañera de colegio de mi hijo, la que había sido detenida ese mismo día a las 15:00 horas y llevada posteriormente al departamento señalado.

Mi hijo y todas las personas indicadas, fueron conducidas con la vista vendada a una casa ubicada en calle Londres 38 de Santiago, en donde fueron interrogadas bajo graves apremios físicos y morales, según testimonio proporcionado por Verónica Martínez, Raúl Chacón y Antonio Osorio, quienes fueron puestos en libertad.

A la semana siguiente, personal de la DINA detuvo en el departamento de Juan Chacón a su suegra doña Ana Ahumada Moraga y a su madre doña María Cristina Olivares, quien posteriormente declaró haber visto a mi hijo Martín Elgueta en Londres 38.

El 17 de julio de 1974, a las 22:00 horas aproximadamente, mi hijo fue conducido a la casa ubicada en la Avenida Cinco 4927 de la Población Buzeta, domicilio de Matilde Cheuquemán, por un funcionario de la DINA, muy joven, delgado, rubio, de regular estatura, muy bien vestido, para retirar algunas frazadas, ya que en dicha propiedad guardo parte de mis enseres de casa. Según declaraciones de Matilde, mi hijo presentaba muy mal aspecto. Iba completamente sucio y con manchas negras en el rostro. La descripción del individuo que conducía a mi hijo corresponde a la de uno de los funcionarios que participaron en el allanamiento del departamento de Juan Chacón y en la detención de las personas que allí se encontraban.

Luego, el 25 de julio, un individuo de las mismas características del que se ha señalado, fue quien, acompañado de un grupo de funcionarios de la DINA, llevó a mi hijo Martín y a María Inés Alvarado a casa de esta última en Dublé Almeyda 3409. En esa ocasión María Inés expresó a su familia que ella y Martín habían sido detenidos y permanecían en las mismas condiciones. Luego de permanecer diez minutos en la casa, ambos fueron sacados de allí y subimos a una camioneta Chevrolet, modelo C-10 nueva. Uno de los individuos que conducía en esa ocasión a los detenidos, responde a la siguiente descripción: regular estatura, macizo, de unos 40 años aproximadamente, cabello negro, piel morena, grandes bigotes y anteojos. Todas estas características coinciden con la descripción de Osvaldo Romo, agente de la DINA quien el 6 de mayo de 1974 allanó mi departamento de Portugal N 28, Torre 4 y detuvo a mi hijo Raimundo Belarmín, que actualmente se encuentra en el campo de detenidos de Puchuncaví.

Luego en el mismo mes de julio, el Coronel Jorge Espinoza, Jefe de la Secretaría Nacional de Detenidos, SENDET, expresó que mi hijo Martín se encontraba prisionero pero que no podía indicarme el lugar en que se encontraba detenido y que en el plazo de una semana sería trasladado a un lugar de detención dependiente del SENDET, en donde yo podría verlo.

Posteriormente, en la noche del 14 al 15 de agosto, Osvaldo Barceló, un detenido, vio a mi hijo y escuchó su nombre en el lugar de detención de la DINA que no pudo identificar, pues fue introducido al recinto con la vista vendada. Además, su hija Nelly Patricia Barceló le informó que había sido careada con Martín en dos oportunidades.

Luego, con fecha 16 de septiembre, recibí una comunicación oficial del Departamento Confidencial del Ministerio del Interior, que firma el Comandante de Escuadrilla Enzo Di Nocera en respuesta a una petición escrita que yo había enviado al señor Gustavo Leigh. En dicha comunicación, el comandante reconoce implícitamente la detención de mi hijo Martín, ya que expresa que "los casos de sus hijos Raimundo y Martín serán revisados conforme a las normas impuestas por el Jefe Supremo de la Nación y ante la gestión existente por parte del alto comisionado de las Naciones Unidas", ya que nuestra familia se encuentra acogida al programa de reunificación familiar de dicho organismo.

Ese mismo año, el señor Bruno Dopler, presidente de la Cruz Roja Internacional, le había informado que mi hijo se encontraba detenido y que su vida no corría peligro.

Por último, el 20 de febrero de 1975 recién pasado, la prensa, radio y televisión dieron cuenta de una relación de personas formulada por los señores Humberto Menanteaux, Cristian Mayol, Hernán Carrasco y Héctor González, en donde aparece mi hijo Martín como dirigente del MIR exiliado en el extranjero.

Al momento de la detención, mi hijo tenía 21 años y era estudiante de Economía de la Universidad de Chile."

Hasta aquí el testimonio de la madre. Agregaremos dos antecedentes más:

El periodista Manuel Cabieses, informó en México, ante la Comisión Investigadora de los Crímenes de la Junta Militar Chilena, en febrero de 1975, que había estado detenido junto a Martín Elgueta en el campamento de detenidos de "Cuatro Álamos".

Recientemente, Cristian Van Yurick y Jaime Zurita, liberados a fines de 1976, declararon -haberlo visto en el centro de torturas de la calle Londres 38 donde permanecía encapuchado todo el tiempo y en frecuentes ocasiones era llevado, supuestamente, a un hospital debido a su deplorable estado físico, producto de las terribles torturas a que era sometido permanentemente. En una de estas salidas desapareció.

Martín Elgueta figura en la lista de las 119 personas dadas por muertas en el exterior por la Junta Militar Chilena.

Detención de Luis Guajardo Zamorano.

Testimonio de su madre Eliana Zamorano.

"Desde que mi hijo, mi primer hijo, se hizo anunciar hasta que nació el día 16 de mayo de 1952, fue esperado con ansias de mi parte y por su padre. Felices lo recibimos en nuestro hogar humilde pero formado con gran amor y esperanza de irnos superando llegado el momento de que nuestros hijos estudiaran, tratar que su educación fuera lo más completa posible, aunque eso nos significara grandes sacrificios. Los criamos fuertes, sanos y respetuosos, dentro de un marco de dignidad y respeto por sí mismos y siempre creyentes de nuestra religión católica pero respetando las creencias de las demás religiones. Creí lograrlo hasta el día de hoy; en la escuela en la cual estudiaron, Escuela 121 Superior de La Reina, de cuya directora la señora Minerva Poblete, sólo recibieron elogios y distinciones. Luego pasaron sus Humanidades con éxito.

Mi hijo Luis seguía pasando de curso con las mejores calificaciones. Luego entró a la Universidad, qué felicidad!, nuestro hijo podía seguir estudiando. Había salido en noveno lugar en la lista de aceptados. Entró a la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile. También allí sobresalió en sus estudios, intercalando esto con su deporte preferido, el ciclismo. Y como el correr en bicicleta era muy caro, trabajaba en la Universidad o haciendo clases particulares de matemáticas y física. Hasta que llegó el día terrible en que lo detuvieron. El 20 de julio de 1974, había ido mi hijo al taller ciclista de la familia Tormes a arreglar la bicicleta para empezar la nueva temporada. Ese día mi hijo no volvió a casa, teniéndonos muy preocupados. Al día siguiente, domingo 21, salimos a buscarlo pero no tuvimos noticias de él.

El lunes 22 nos llamó por teléfono la familia Tormes y nos informó que encontrándose mi hijo en el taller, ubicado en San Dionisio 2554, según me dijeron, habían llegado cuatro individuos de civil identificados como miembros de la DINA, quienes detuvieron a cuatro personas que se encontraban allí: Luis Julio Guajardo Zamorano, Sergio Daniel Tormes (ex campeón chileno de ciclismo), su hermano menor Peter y Andrés Moraga, dejando en libertad al segundo día al menor Peter y Andrés Moraga. Mi hijo y Sergio Tormes quedaron detenidos en la calle Londres 38.

El 23 de julio me llegó un mensaje del Arzobispado. En él me comunicaba que un sacerdote jesuita, padre Vicente Irarrázaval, me tenía un mensaje de mi hijo. Mi hijo había sido encontrado atropellado en la calle General Velázquez a la altura del 1890, llevado a la posta 3 de la Asistencia Pública en una ambulancia. Los acompañó el sacerdote al cual mi hijo le manifestó cómo se llamaba y por qué estaba allí. En la posta lo atendieron de urgencia, curándole las heridas que tenía en las piernas. El médico que lo atendió se llamaba Leopoldo Benavides, quien dispuso fuese enviado al hospital traumatológico, ordenando que lo llevaran en una ambulancia de servicio. Cuando se disponían a llevar a mi hijo a ese establecimiento hospitalario, se presentaron dos civiles que se identificaron al médico y se llevaron a mi hijo en calidad de detenido.

Desde entonces no tuve ninguna información acerca de la detención, quedando mi hogar sumido en la más terrible desesperación, por eso es que yo. su madre, junto a mi marido y mis otros hijos, pedimos, rogamos una información acerca de su paradero y estado de salud, que no debe ser nada alentador. Tanto tiempo sin ropa, sin comida adecuada, sin nuestro apoyo y cariño. Debe encontrarse muy mal.

Al ser detenido mi hijo tenía 22 años."

Detención de Alfonso Rene Chanfreau Oyarce

Dirigente estudiantil de la Universidad de Chile, estudiante de Filosofía, de nacionalidad francesa, 25 años de edad, casado, un hijo, cédula de identidad N 36.881 San Miguel.

Fue detenido el 31 de julio de 1974, en su domicilio, después de toque de queda, por personal civil armado. Testigo de su detención es su esposa quien luego fue detenida y liberada, a petición del gobierno francés.

Mientras estuvo detenida en calle Londres 38, permaneció durante 14 días junto a su esposo. El 13 de agosto de 1974, Alfonso Chanfreau fue sacado junto a otros seis detenidos de esta casa de tortura y desde entonces se desconoce su paradero.

Se presentaron recursos de amparo que fueron denegados. Se pidió la designación de un ministro en visita para la investigación de su desaparición. Se hicieron denuncias ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. Todas estas gestiones han resultado infructuosas para ubicarlo.

En el diario La Segunda del 21 de febrero de 1975, página 17, figura en una lista como exiliado. El doctor Ramón Barceló Olayo declara haberlo visto en "Tres Alamos"; también la abogada Amanda De Negri declaró haberlo visto en el centro de tortura de José Domingo Cañas, "ellos me amenazaron diciéndome que me pasaría lo mismo que a Chanfreau". Alfonso Chanfreau aparece en la lista de las 117 personas dadas por muertas en el extranjero por la Junta militar chilena.

Detención de María Angélica Andreoli Bravo.

Nutrióloga de 28 años, cédula de identidad N 5.864.244 de Santiago, detenida el 6 de agosto de 1974, al llegar a su casa, en Avenida Bilbao 5989, a las 7:30 PM. por tres hombres y una mujer quienes la introdujeron en un vehículo Chevrolet amarillo. Luego fue llevada a la casa de una parienta quien, según los captores, era la persona buscada por ellos.

En dos ocasiones fue llevada a casa de su prima y los oficiales de la DINA arrestaron a otros dos miembros de la familia. Todos ellos fueron mantenidos en una casa de tortura de la calle Londres 38.

Varios testigos pueden confirmar este hecho.

El 15 de agosto de 1974, María Angélica Andreoli fue autorizada para llamar por teléfono a su casa y preguntar por su padre quien estaba gravemente enfermo al momento de la detención.

En diferentes calles de Santiago, en la misma camioneta Chevrolet amarilla antes mencionada, María Angélica fue vista por diferentes amigos. En estos viajes ella iba custodiada por guardias armados.

Una doctora psiquiatra, detenida desde el 17 de septiembre de 1974 al 10 de junio de 1975, declaró en testimonio jurado en Londres que, en el primer periodo de su detención, compartió una celda con María Angélica Andreoli y otras personas que también se encuentran desaparecidas. Esto fue en la casa de tortura de la calle Londres 38.

Desde el momento de la detención de María Angélica, sus familiares han realizado diversas gestiones legales para ubicar su paradero. Se presentó recurso de amparo, denuncia por secuestro y denuncia por presunta desgracia. También se pidió la designación de un ministro en visita para investigar el caso junto a los de otros ciudadanos desaparecidos. Se denunció el caso de María Angélica Andreoli ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. A pesar de todas estas gestiones y las evidencias que aportan los testigos, la dictadura se niega a reconocer su detención. María Angélica Andreoli se encuentra entre las 119 personas que fueron publicitadas por la Junta fascista como muertas en el extranjero.

Desaparecimiento de Muriel Dockendorf

Dirigente estudiantil de la Escuela de Economía de la Universidad de Concepción, 23 años, carnet de identidad 268271, Temuco.

Muriel Dockendorf fue detenida por la Fuerza Aérea de Chile, FACH por primera vez a fines de julio de 1974 junto con su marido. Amanda De Negri relata así la detención de que fue objeto Muriel Dockendorf: "Ella permanece durante 11 días en su casa; el onceno día por la tarde llega una mujer acompañada de dos hombres; la mujer le pide que le facilite encontrar algunos compañeros diciendo que había perdido todo contacto. Ignoro lo que le contestó Muriel. En ese mismo momento los dos hombres se identifican como miembros de la DINA. Fue entonces llevada al centro de torturas de José Domingo Cañas y luego a "Cuatro Álamos". Habiendo yo misma sido detenida el 9 de octubre de 1974 a la 1 de la tarde, fui llevada a una celda del Campamento de Cuatro Álamos y fue allí que la encontré. A los pocos días se me dijo que ella había sido llevada a un lugar desconocido. Su marido fue llevado de la FACH al centro de "Tres Álamos" y le dijeron que la incomunicación de su señora cesaría en mayo de 1975".

Muriel Dockendorf se encuentra en la lista de las 119 personas que la Junta militar chilena da por muertas en el exterior. En Ginebra, en febrero de 1976, ante el Grupo de Trabajo ad hoc de la Comisión de Derechos Humanos, Víctor Toro Ramírez, declaraba: "El que escribe estas líneas es testigo directo de la presencia de Muriel Dockendorf en la Academia de Guerra Aérea (AGA), e incluso declara haber hablado con ella en la primera quincena de diciembre de 1974; estuvimos durante algunos días compartiendo la celda de incomunicación N 3 en el local del AGA.

El día 21 de diciembre de 1975, fui introducido en un lugar de Villa Grimaldi, conocido por "la torre".

Fui conducido por el propio coronel Marcelo Moren Brito. Éste abrió la puerta de una celda y me ordenó quitarme la venda por unos instantes para mirar a la persona que había adentro. Al mirar pude ver a Muriel Dockendorf terriblemente torturada y casi irreconocible. Muriel Dockendorf era la misma persona a la cual yo había visto en diciembre de 1974 casi un año antes en el centro de torturas de la AGA, y a quien la Junta militar daba como muerta en "enfrentamiento entre extremistas en Argentina". El torturador Marcelo Moren me expresó antes de volver a vendarme los ojos que así como estaba esa "salvaje extremista" sería yo torturado... El haber presenciado con mis propios ojos este hecho de horror de una muchacha de 23 años torturada durante un año es lo que me impulsa a denunciarlo entre esta Comisión de Derechos Humanos".

Para este caso de Muriel Dockendorf Navarrete fueron presentados recursos de amparo y petición de la designación de un ministro en visita. Estos recursos legales han sido inútiles.

Detención de Manuel Carreño Navarro y su hijo Iván.

Testimonio de Ana Aguilera Covarrubias, cónyuge y madre.

"A las 0:30 horas del 12 de agosto de 1974, un grupo de tres personas se presentó en mi hogar. Se llevaron a mi hijito de sólo 15 años de edad, Iván Sergio y a mi esposo Manuel Carreño Navarro, de 56 años de edad, profesión comerciante. Desde entonces no he sabido nada de ninguno de los dos, pese, a haber realizado todas las diligencias judiciales que pudiera hacer.

Ivancito, que es estudiante del Liceo de Hombres N 12, cursaba el primer año de la Enseñanza Media. Es sólo un niño. Yo creo que se trata de un error. Se lo llevaron junto a su papá. Tres de mis hijos presenciaron todo, Irma, Germán y Daniel.

Yo como madre me siento terriblemente angustiada. No sé qué decirles a mis hijos cuando me preguntan por su papá y su hermano. Mi esposo era nuestro único sostén económico y yo ahora debo mantener a mis seis hijos sin ayuda. Para mayor desgracia, tengo una hernia a la columna y no puedo trabajar en cosas pesadas.

Como chilena, pido justicia."

Detención de José Orlando Flores Araya.

Testimonio de su madre Lidya Araya Araya.

"El 23 de agosto de 1974, José Orlando Flores Araya, 19 años de edad, concurrió a sus clases como lo hacía cotidianamente. Sus estudios de Mecánica Automotriz, de sano optimismo. Sin embargo, ese día había de troncharse su esperanza.

A las 10:30 horas de ese día, su clase de la Escuela Industrial de la Comuna de Maipú, Santiago, fue interrumpida por la presencia de militares que practicaban un operativo, con el solo propósito de detenerlo a él también. A esa hora fue sacado de su sala de clases, por el Teniente de Ejército Aldo Torres.

Fue conducido a la Escuela de Sub-oficiales del Ejército, ubicada en Thuper con Viel en la ciudad de Santiago, donde fue interrogado por el Teniente Hernán Ramírez. Por informaciones extraoficiales de la Guardia de ese recinto, los familiares supimos que el teniente había castigado a mi hijo y posteriormente entregado a los miembros de la Dirección de Inteligencia Nacional, DINA.

Testigo de la detención fue el Director de la escuela de Maipú, señor Luis Figueroa Márquez.

Desde esa fecha no hemos tenido noticias de mi hijo, a pesar de todos los trámites que hemos hecho. Tenemos certificados de estudios y de la conducta excelente de mi hijo. Él es un muchacho lleno de ideales, un alumno muy bien aprovechado."

Detención y desaparecimiento de Manuel Carter Lara.

Testimonio de María Riffo.

"A las 6:30 horas del 23 de agosto de 1974, llegaron dos militares "boinas negras" a mi domicilio de Las Parcelas 110 de Peñalolén, Santiago, llamando a la puerta con el nombre de mi compañero. Le ordenaron vestirse amenazándolo con una metralleta. Al preguntarle acerca del lugar donde lo llevaban, ellos respondieron "reconocer a otras personas, después lo volveremos a dejar". Desde ese día no he sabido nada de él, habiendo recorrido todos los lugares imaginables. Quedé sola con mis tres hijos, teniendo que trabajar arduamente para mantenerlos. Uno de ellos sufre de problemas mentales originados por la ausencia del padre. Mis hijitos fueron testigos de la detención".

Detención de Carlos Freddy Pérez Vargas.

Empleado de una Empresa de Publicidad, cédula de identidad N 6227008, de Santiago, 25 años, casado. Fue detenido el 10 de septiembre de 1974, por agentes de la DINA, en la Empresa Editora Minerva, en la calle Estado N 360, departamento N 1, Santiago, a las 10 A.M., junto con el señor Miguel Lathrop Cristi (con quien trabajaba) y con el ascensorista del edificio. Miguel Lathrop y el ascensorista fueron puestos en libertad una semana después. El señor Lathrop contó los detalles de la detención a la esposa de Carlos Pérez Vargas, Virginia Valenzuela, y también al entonces embajador de Cosía Rica en Chile, señor Tomás Soley Soler.

Al día siguiente a su detención fue allanado el departamento de Carlos Pérez Vargas, y también varias casas de conocidos de la familia. Los funcionarios de la DINA llevaban a estos allanamientos a Carlos Pérez.

En declaración ante el Grupo de Trabajo ad hoc de la Comisión de Derechos Humanos, su madre Otilia Vargas, señala diferentes testimonios de detenidos que habían visto a su hijo. Uno de ellos, en declaración jurada hecha en Alemania, testimonia: "...estando yo detenido en una casa cíe torturas ubicada en la calle José Domingo Cañas de Santiago con muchas personas, entre las que se encontraba Carlos Pérez Vargas, el día 23 de septiembre de 1974, llegó al mismo recinto su hermano Aldo. Esa noche fue sacado de allí Carlos, y no supimos a dónde fue conducido".

Otra persona que estuvo detenida y que hoy se encuentra liberada en Chile, señaló que estuvo con Carlos Pérez durante una semana en una casa de torturas ubicada en Vicuña Mackenna; esto fue en febrero de 1975 (al parecer allí funcionaba una imprenta).

María Otilia Vargas, madre de Carlos realizó numerosas denuncias en Chile por el respeto a la vida de su hijo En carta-oficio al Cardenal Silva Henríquez, respondiendo a uno de los tantos requerimientos de la madre del detenido, el propio Pinochet señalaba que Carlos Pérez había salido de Chile con destino a Argentina, a una "escuela de guerrillas", en Tucumán. El nombre de Carlos Pérez Vargas figura en la lista de los 119 muertos en el extranjero.

Anteriormente, Carlos Pérez Vargas había sido detenido, en octubre de 1973, permaneciendo durante 15 días en el Estadio Nacional. Al salir le entregaron un documento que expresaba que no tenía problemas políticos y que podía ser aceptado en cualquier trabajo. Al momento de la detención el 10 de septiembre de 1974, Carlos Pérez portaba este documento y su identificación legal.

Detención de Bernardo de Castro López.

Testimonio de su cónyuge Juana Saavedra.

Eran las 15:00 del 14 de septiembre de 1974, Bernardo se encontraba en casa, enfermo, aquejado de una sinusitis maxilar, con fiebre. Tocaron el timbre, al abrir la puerta de calle, me encontré con un joven de unos 25 años de edad, moreno, quien preguntó por el "joven que hacía letreros". Se le dijo que no se encontraba en condiciones de atenderlo, pues estaba en cama, al preguntársele de parte de quién venía dijo: "de parte de un amigo de la Universidad".

Luego agregó: "él no me conoce". En ese momento aparecieron tres individuos más que entraron en la casa y exigieron a mi esposo que se levantara.

"Al preguntárseles quiénes eran, dijeron que pertenecían a la Inteligencia Nacional y que no se podía decir dónde llevarían a mi marido, agregando que no tenían orden de aprehensión, pues "los miembros de la Inteligencia Militar no la usamos", me explicaron que si deseábamos saber dónde se encontraba mi esposo, preguntáramos en la DINA. Bernardo fue sacado en presencia de nuestros hijos, una hermana de él y su madre, que se encontraban en casa. Los cuatro individuos que lo detuvieron se movilizaban en auto Chevy Nova color celeste, patente de Las Condes 8722.

"A la media hora de estos hechos, volvieron a la casa los mismos individuos, procedieron a llevarse papeles, pintura, enciclopedias, otros libros y brochas que mi esposo mantenía en su lugar de trabajo habitual.

Al momento de la detención, mi esposo tenía 36 años de edad."

Detención de Arturo Barría Araneda.

Testimonio de Ester Barría Pérez.

"El 27 de agosto de 1974, se realizaron los funerales de un alumno del Liceo Experimental "Darío Salas", muerto accidentalmente. Al sepelio concurrió gran parte del alumnado y algunos profesores del Liceo. Los alumnos junto con otros compañeros del occiso, que integraban con él un Conjunto Folklórico musical, le rindieron homenaje, y en atención a que había sido miembro de las Juventudes Comunistas le cantaron "La Internacional". Este hecho molestó a la Directora del establecimiento que se encontraba presente lo que motivó la denuncia ante el rector Delegado Militar, capitán de Ejército Luis Pavez Parra.

"Al día siguiente, Arturo Barría Araneda, 39 años, soltero, profesor de Educación Musical del Liceo, junto a las profesoras Rosa Camacho Parra y Nieves Pizarro del Río y el alumno Roberto Meneses Gaete, de 17 años, fueron citados a una reunión a la Escuela de Sub-Oficiales del Ejército, a las 14 horas, donde el Capitán Chávez tenía su despacho.

"A la hora indicada del día 28 de agosto el grupo ingresó a la Escuela de Sub-Oficiales, siendo acompañado de cerca por un grupo de profesores, entre los que se encontraban la hermana de Rosa Camacho y el esposo de Nieves Pizarro. Como el profesor Barría y sus compañeros tardaban en salir, el grupo de amigos solicitó al Oficial de Guardia algunas informaciones quien expresó que los tres profesores y el alumno del Liceo Darío Salas, habían sido trasladados al Instituto de Comandos Militares del Ejército, en calidad de detenidos. El rector delegado se negó a recibir a los, acompañantes en su despacho y sólo mandó decir que desde ese momento él no tenía nada qué ver con los profesores y el alumno, pues habían sido dejados en calidad de detenidos y que si querían más informaciones concurrieran al Instituto de Comandos Militares.

"A la mañana siguiente, el 29 de agosto, me dirigí a ese establecimiento, donde me dijeron que no había detenidos, pues todos habían sido trasladados a la Dirección de Investigaciones.

En ese organismo nos informaron que no se encontraba ninguno de los detenidos nuestros en la nómina oficial que consultaron.

"A los 17 días, el alumno Roberto Meneses fue puesto en libertad desde su lugar de incomunicación donde se encontraba junto a mi hermano. Lo sacaron alrededor de las 23:30 horas y luego de darle muchas vueltas por los alrededores de Santiago io dejaron cerca del paradero 30 de la Gran Avenida a escasos minutos del toque de queda, previamente le hicieron firmar varias declaraciones en las que decía no haber recibido mal trato alguno. En las primeras diligencias que se han efectuado para establecer el paradero del profesor Barría, este alumno ha prestado declaraciones atestiguando la forma de la detención y el trato dado al grupo.

Los profesores Rosa Camacho y Nieves Pizarra, luego de casi un mes de incomunicación, fueron pasadas a "libre plática" en el recinto de "Tres Álamos" donde permanecieron siete meses y medio, sin que se les hiciera cargo concreto en su contra. Recientemente fueron puestas en libertad. Previamente habían sido llevadas a prestar declaración, en el 59 Juzgado del Crimen, en virtud de la querella por secuestro y aprehensión ilegal interpuesta por mí en dicho tribunal. Esas declaraciones las hicieron cuando aún estaban detenidas y custodiadas por carabineros armados. El capitán Pavez, rector delegado del Liceo, no se ha presentado a declarar, pese a haber sido convocado reiteradamente por dicho tribunal en la misma causa".

Detención de Manuel Jesús Villalobos Díaz.

Testimonio de su cónyuge Virginia Zúñiga Zabala.

"El 17 de septiembre de 1974, a la 1:30 de la madrugada, un grupo de cinco personas de civil, armados de metralleta, irrumpieron en la casa. Al pedírseles su identificación dijeron ser agentes de Inteligencia Militar e inmediatamente esposaron a mi hermano que les había abierto la puerta, arrojándolo al sucio, preguntaban por "Catú", apodo familiar con que designábamos a mi marido, Manuel Villalobos, ya identificado. Mi marido inmediatamente dijo ser la persona referida, entre dos procedieron a esposarlo con las manos a la espalda, llevándolo a la cocina, procediendo a patearlo en el suelo, pidiéndole que entregara "las armas".

A los gritos de mi esposo me introduje en la cocina, así me impuse de esta escena; con mi presencia dejaron de golpearlo. Mientras tanto, dos de los individuos registraban la casa exhaustivamente; no encontrando nada que les pareciera ilegal, se llevaron mis libros personales e incluso algunos perfumes que encontraron en una repisa. Manifestaron que debían llevarse a mi marido para un interrogatorio de formalidad y que al día siguiente se mandarían todos los informes de lo sucedido a la Comandancia de la Guarnición de Santiago, y que, en todo caso, en uno o dos días estaría de vuelta en casa.

"Con respecto al vehículo en que se movilizaban se trataba de una camioneta de color rojo marca Chevrolet C-10, con toldo oscuro y con patente EM-965 número ratificado por mí posteriormente, al ver por casualidad en la calle al mismo individuo que se llevó a mi esposo y que manejaba la misma camioneta señalada.

"Al momento de la detención, mí esposo tenía 22 años de edad y trabajaba como vendedor de la Editorial Roble de Chile Ltda."

Desaparecimiento de Aldo Pérez Vargas.

Técnico electrónico, 25 años, soltero, cédula de identidad 111253 de Puerto Montt.

Fue detenido el día 23 de septiembre de 1974, entre las 11 y las 12 horas en la calle Uruguay y Fernández Albano, por efectivos de la DINA.

Salió de la casa de sus padres, alrededor de las 10 A.M., diciendo que volvería en un par de horas. Un amigo suyo informó que había estado con él hasta las 11 A.M, por lo que se supo el lugar y la hora donde había sido detenido.

Ante la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, su madre, señora Otilia Vargas, menciona testimonios que prueban la detención de su hijo:

"Celia Etelvina Moyano Escalona, declaró haber permanecido en una casa de tortura en la calle José Domingo Cañas, en Santiago, junto a unas 50 personas entre las cuales estaba Aldo Gonzalo, desde el 4 hasta el 9 de octubre de 1974.

Un testimonio dado en Alemania llegó a Chile a fines de 1975, en el que decía más o menos lo siguiente: "Estando en una casa de torturas en calle José Domingo Cañas se encontraba allí Carlos Pérez Vargas; el día 23 de septiembre de 1974, llegó a la misma casa su hermano Aldo. Ese día fue sacado Carlos de ese lugar y no se supo más de él."

También existen los testimonios de Cristina Van Yurick Altamirano y Jaime Zurita Campos, del grupo de los 16 expulsados de Chile en diciembre de 1976.

Además, mi hijo Dagoberto en carta dirigida a su hermano Iván con fecha 25 de julio de 1975, le comunica que sus hermanos estaban en calidad de rehenes en algún centro secreto de detención. Expresaba que había sido informado que fueron sacados vivos de los centros de torturas.

Las gestiones realizadas por el respeto a la vida de Aldo Pérez, llevadas a cabo por la señora Otilia, fueron las siguientes:

- Carta al Cardenal de Santiago, Raúl Silva Enríquez, y a otros personeros de la Iglesia chilena.

- Su madre y sus hermanos, Iván y Mireya, enviaron cartas a la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, a la Cruz Roja Internacional y a la OEA, fechadas el 7 de noviembre de 1975.

- Presentaron también varios recursos de amparo ante la Corte de Apelaciones de Santiago en favor de Carlos y Aldo.

- A todas estas gestiones el Gobierno negó las detenciones de Carlos y Aldo, señalando que no aparecen en los registros de los detenidos.

- Todos los recursos de amparo fueron denegados.

La señora Otilia Vargas declara:

"Siento que es mi deber seguir adelante denunciando la situación de mis hijos, esto no lo hago sólo por tranquilidad personal, creo que deben esclarecerse los hechos, a fin de que la dictadura se vea obligada a responder por sus miles de crímenes, por las torturas, desaparecimientos de seres humanos".

Detención de Ariel Martín Salinas Argomedo

Testimonio de su hermano Julio Salinas Argomedo.

"El 25 de septiembre de 1974, aproximadamente a las 23:00 horas se presentaron a mi domicilio tres individuos que se identificaron como militares, pertenecientes al Servicio de Inteligencia Militar. Me manifestaron que venían en busca de dinero que me había entregado mi hermano que se encontraba detenido por la DINA desde hacía algún tiempo. Respondí que no era depositario de suma alguna entregada por mi hermano. Me pidieron que los acompañara al vehículo en que se movilizaban (camioneta Chevrolet color rojo).

Allí pude ver a mi hermano que se encontraba esposado y uno de los aprehensores dirigiéndose a Ariel, le dijo que sus informaciones les hacían perder tiempo. Acto seguido lo golpeó fuertemente haciéndolo caer al suelo desde el vehículo. A continuación le preguntaron: dónde está la plata? Otro militar me ordenó que me retirara a mi domicilio. Luego subieron a la camioneta y abandonaron el lugar.

Al momento de la detención, mi hermano tenía 25 años de edad, era estudiante del cuarto año de Sicología y simultáneamente se desempeñaba como Profesor Ayudante en la Universidad de Concepción. Desde el encuentro relatado, no volví a verlo."

Secuestro de David Silberman Gurovich.

El ingeniero David Silberman Gurovich fue detenido el 11 de septiembre de 1973. Casado, padre de tres hijos; a la fecha del golpe, se desempeñaba como Gerente General del Mineral de Chuquicamata.

Recluido en la cárcel de Calama, dos semanas después fue condenado por un Consejo de Guerra a 13 años de prisión. El 29 de septiembre fue trasladado a la Penitenciaría de Santiago; de ésta lo retiraron oficiales de la Fuerza Aérea de Chile (FACH), el 14 de octubre de 1973 y lo llevaron a un centro clandestino de torturas, donde fue sometido a terribles flagelaciones por espacio de veinte días, al cabo de los cuales retornó a la Penitenciaría.

Un año después, el 4 de octubre de 1974, David Silberman fue sacado de ese establecimiento penitenciario por una patrulla militar que exhibió a su Alcaide una orden escrita y firmada por el Coronel Orlando Ibáñez, confirmada telefónicamente por el Ministerio de Defensa Nacional. A partir de ese momento, no se ha sabido más de su paradero, esto es, lisa y llanamente desapareció.

La esposa de Silberman, señora Mariana Abarzúa, el 7 de octubre de 1974, logró entrevistarse con el Comandante de la Segunda División y Jefe del Estado Mayor a cargo de la Guarnición de Santiago, General Arellano Stark. Desde el primer momento, negó haber dado o firmado la orden de traslado y dijo no saber nada de este caso. Dos días después, el General Enrique Morel Donoso, edecán en ese entonces de Pinochet, afirmaba que Silberman se había fugado del lugar donde estaba recluido. Al día siguiente, el 10 de octubre de 1974, en flagrante contradicción con tales declaraciones, el Ministro de Justicia de la época, General de Carabineros Hugo Musante y el Subsecretario del mismo Ministerio dijeron que Silberman se encontraba en un Servicio de Inteligencia y que esa misma semana volvería a la Penitenciaría de Santiago.

El Ministerio del Interior manifestó ignorar el paradero de Silberman, en respuesta a las indagaciones hechas por el Colegio de Ingenieros de Chile y el Embajador de Venezuela. La Corte Suprema, por su parte, rechazó una petición de designar un ministro en visita para que investigara la desaparición, pero envió al Juez Militar las informaciones proporcionadas por la Penitenciaría de Santiago para que procediera a efectuar las investigaciones del caso. El 12 de noviembre de 1974 fue visto en la Quinta Sala de la Corte de Apelaciones el recurso de amparo interpuesto por intermedio del Comité de Cooperación para la Paz y se obtuvo que se resolviera pedir al Ministerio de Defensa Nacional que suministrara los datos relacionados con el lugar en que se encontraría recluido Silberman. El 28 de noviembre de 1974, la Tercera Sala de la Corte Suprema rechazó en definitiva el recurso de amparo aludido.

A las gestiones de los padres de Silberman ante la Secretaría de Pinochet se ha respondido arguyendo la supuesta fuga de Silberman. Las múltiples gestiones han resultado infructuosas hasta ahora para dar con el paradero de este detenido, desaparecido en manos de la patrulla militar que, con orden del Ministerio de Defensa Nacional, lo retiró de la Penitenciaría de Santiago.

Detención de Jorge Humberto D'Orival Briceño.

Testimonio de su cónyuge Antonieta Rubio Aranda.

"El 31 de octubre de 1974, a las 22 horas, llegaron hasta el domicilio de mis padres dos camionetas, una Chevrolet C-10 patente CA-65 de Las Condes, y otra Ford cubierta de estructura metálica, a la cual no se vio la patente. En los vehículos venían ocho hombres armados de metralletas. Pidieron los documentos de todas las personas que se encontraban en la casa. Entre los presentes estaba mi esposo, quien, una vez identificado, fue llevado a una de las camionetas. Yo traté de despedirme de él, pero en ese momento uno de los individuos me pegó unos "culatazos" en los senos, dejándomelos adoloridos. Este tipo era apodado como "Caballo Loco". En esa época amamantaba a mi hijo de sólo dos meses de edad.

"El 19 de noviembre de 1974, volvieron dos de estos individuos: Osvaldo Romo, que oficiaba de Jefe del operativo anterior y el chofer de la camioneta roja, ya identificada. Me pidieron las llaves de la casa en que vivíamos con mi esposo. Por entonces yo me había ido a vivir con mis padres, dejando el departamento solo.

"Al día siguiente, 2 de noviembre de 1974, estos mismos individuos repitieron la visita en la tarde, pidiéndome que les mostrara nuestro departamento, obligándome a acompañarlos. Una vez allí revisaron todo no encontraron nada de interés. Después del registro me devolvieron al domicilio de mis padres.

"El 2 de noviembre me llamaron por teléfono. Reconocí la voz de Osvaldo Romo, que oficiaba de Jefe de los operativos. Me preguntó por un hermano de mi esposo. Insistió en que no me preocupara. Al día siguiente, a las 15 horas, volvieron los dos individuos ya mencionados que se identificaron como miembros de la DINA, me volvieron a preguntar por mi cuñado, luego me pidieron el maletín de trabajo de mi esposo para revisarlo.

"En el maletín no encontraron nada. Romo me dijo que "como me había portado bien", me permitirían ver a mi esposo con la condición de no mencionar a nadie este hecho. Así fue como lo bajaron de la camioneta. Su aspecto era deplorable. No había comido nada, desde el mismo día de su detención, cuatro días antes; estaba totalmente deshidratado con heridas en los pies, golpeado, los brazos inyectados y con derrames sanguíneos en los ojos, uno de sus ojos mostraba un hematoma sanguinolento, como una verdadera bolsa.

"En esta ocasión a mi esposo le permitieron bañarse, cambiarse de ropa y comer; por supuesto que esto último no pudo hacerlo, su estado le impidió ingerir alimento. Sólo pudo beber un vaso de leche. Sin embargo, tuvo fuerzas para tomar en brazos a nuestro pequeño hijo. Entre tanto, yo no pude intervenir ni cambiar palabras con él. No me lo permitieron, sólo pude decirle algunas palabras respecto del niño. Después se lo llevaron.

"Por información recibida posteriormente, supe que a las 22 horas de ese día, el hogar de los padres de mi esposo, ubicado en Monja Alférez 3929, fue allanado por agentes de la DINA, armados de metralletas; consultaron con mi suegra Carmen Rosa Briceño, si quería ver a su hijo. Como ella asintió, la llevaron a la camioneta donde se encontraba mi esposo, quien le produjo la impresión de encontrarse en pésimas condiciones físicas: ojos sanguinolentos, labios partidos, con claras muestras de haber sido flagelado, deshidratado, etc. Al acercársele su madre, él le tomó las manos y le dijo con muchísima dificultad: "esos hombres son mis amigos". Habló otras incoherencias que mi suegra no entendió. Preguntó por un hermano suyo, que a la sazón no estaba en casa; luego se lo llevaron, dejando a la familia con arresto domiciliario durante dos días. En este hecho estuvo también presente Osvaldo Romo.

"El 5 de noviembre de 1974, reconocí la voz: una vez más era Romo. Preguntó por el hermano de mi esposo, que cómo estaba yo. Luego me pasó la comunicación con mi esposo. Hablamos de cosas personales y de nuestro hijo. Pasó luego la comunicación a la otra persona y cortó. Desde ese día no he sabido nada de mi esposo.

Al momento de la detención, mi esposo tenía 25 años".

Detención de María Cristina López Stewart.

Estudiante de Historia y Geografía, 21 años, cédula de identidad N 6.274.790, Santiago. Detenida el 23 de septiembre de 1974, en la calle Antonio Varas esquina Providencia. Desde ese día su familia ha sido incapaz de determinar su paradero.

Prisioneros liberados en octubre de 1974 informaron que María Cristina López estaba detenida, incomunicada en un centro de torturas en Santiago, donde había sido sometida a crueles tratamientos, privada de alimentos entre tres y cinco días y que sufría de un intenso shock nervioso. Osvaldo Romo, conocido torturador al servicio de la DINA, ha sido señalado como responsable de los salvajes interrogatorios a que fue sometida en los primeros días de su detención.

El 21 de noviembre de 1974, día del cumpleaños de su padre y dos meses después de la detención, éste recibió un llamado telefónico. Durante la breve conversación, María Cristina le dijo que estaba libre y que no debía preocuparse más de ella.

La abogada Amanda De Negri, en su testimonio decía sobre María Cristina López: "...ella fue terriblemente torturada. Con Lumi Videla ellas fueron presionadas para que aceptaran colaborar con el Servicio de Inteligencia. Estuvo conmigo desde el 9 de octubre a las 11 de la noche hasta el 24 de octubre, en el centro de torturas de José Domingo Cañas. Nos encontramos de nuevo en el mismo lugar desde el 30 de octubre al 12 de noviembre. La hacían telefonear a sus padres para decirles que estaba en la clandestinidad".

En declaración jurada, una siquiatra que estuvo detenida desde el 17 de septiembre de 1974 al 10 de junio de 1975, afirmó en Londres, Inglaterra, haber tenido contacto durante su detención con un grupo de seis personas entre las cuales se encontraba María Cristina López.

María Cristina López figura entre los 119 desaparecidos, que la dictadura afirma que han muerto en el exterior.

Inmediatamente después de su detención, los familiares presentaron un recurso de amparo en su favor, pero fue rechazado, como igualmente la designación de un ministro en visita. Su caso, como tantos otros, fue denunciado ante la Comisión de Derechos Humanos.

Detención de Ida Vera Almarza, arquitecto.

Testimonio de su madre Ida Raquel Almarza Pena.

"El 19 de noviembre de 1974, alrededor de las 16:00 horas, mi hija Ida fue detenida por personal de Carabineros al llegar a su morada en calle Joaquín Godoy 315, Comuna de La Reina. A esa hora, mi hija Ida, en compañía de otras personas, en el automóvil Dodge Dart, de propiedad de un colega suyo, señor Humberto Canobra, se dirigía a su domicilio y fue detenida por fuerzas policiales, algunos de los cuales vestían de civil, quienes detuvieron también a sus acompañantes. El hecho fue profusamente publicitado e incluso en fotografías, pero mi hija no figuraba en la nómina publicada por los diarios de Santiago. En seguida los aprehensores se trasladaron al domicilio del arquitecto señor Canobra y luego de verificar que el automóvil le pertenecía, también lo detuvieron.

En la tarde del mismo día recibimos una llamada telefónica de una persona que no se identificó, que nos expresó que Ida había sido detenida y herida en un tiroteo producido en La Reina frente a su domicilio. Esto coincidía con lo publicado en los diarios cuyas fotografías se adjuntan, en las cuales se da una descripción física que corresponde a mi hija. En la noche del mismo día cinco personas vestidas de civil, identificadas con sus cédulas respectivas como funcionarios del Servicio de Inteligencia de Carabineros, estuvieron en mi domicilio, interrogando a mi esposo y a mis dos hijas, a mi hermana, sobrina y a mí, para inquirir sobre nuestra hija Ida; estos funcionarios se manifestaron muy bien informados acerca de nuestros actos y actividades. Sabían del arribo de mi hermana (el día antes había llegado de Venezuela), por lo que nos quedó la convicción de que esos datos no pudo haberlos dado sino nuestra hija Ida.

Esa misma noche, después del toque de queda y llevando consigo a mi hija Ida, entraron los aprehensores al domicilio de mi madre (doña Amelia Pena viuda de Almarza) que se encontraba deshabitado y en el cual había vivido mi hija hasta octubre de 1974. El recinto fue registrado minuciosamente y permanecieron en él por espacio de dos o tres días. Estos datos me fueron proporcionados por vecinos del departamento de mi madre. Ellos me confirmaron que los aprehensores de mi hija habían llegado con ella, pues la conocieron entre las personas que entraban y salían de allí.

Al día siguiente de estos hechos, el 20 de noviembre, fueron visitados en su oficina de calle Monseñor Muller N 10, los arquitectos Pablo de Carolis y Jaime Berdichewsky, con los cuales trabaja profesionalmente mi hija. Se identificaron ante ellos como funcionarios del SIM e indagaron toda clase de datos acerca de las actividades profesionales y privadas de mi hija.

A los padres y familiares de ella, se nos ha negado hasta la más mínima información acerca de dónde se encuentra, de su estado de salud y si está viva o muerta. Al momento de la detención, mi hija Ida tenía 32 años de edad".

Detención de María Julieta Ramírez Gallegos y su yerno Juan Rodrigo Mac Leod al visitar el campamento "Tres Álamos".

Testimonio de su cónyuge Óscar Castro Alcántara.

"Mi mujer concurrió el sábado 30 de noviembre de 1974, al campamento de detenidos "Tres Álamos" de Santiago, acompañada de nuestro yerno Juan Rodrigo Mac Leod, a dejar ropa y alimentos a nuestra hija María Julieta, que se encontraba detenida en ese recinto militar desde hacía pocos días.

Por informaciones que me ha proporcionado mi hija, supe que mi esposa y mi yerno fueron detenidos en el mismo lugar y no hemos vuelto a saber de ellos, pese a las diligencias personales que he hecho en distintas organizaciones. En la actualidad mi hija continúa detenida en "Tres Álamos". Al momento de ser detenida mi esposa tenía 66 años de edad.

Detención de Carmen Bueno y Jorge Müller.

Carmen Bueno y Jorge Muller fueron detenidos juntos en la mañana del 29 de noviembre de 1974, en calle Los Leones esquina de Bilbao, en Santiago. La detención fue realizada por dos hombres y una mujer que los introdujeron en un camión.

Carmen Bueno, actriz, estudió en la Escuela de Arte Dramático de la Universidad de Chile y luego en la Escuela de Artes de la Comunicación de la Universidad Católica. Jorge Müller se ha desempeñado como camarógrafo y director de fotografía en numerosas películas chilenas. Antes del golpe militar de septiembre de 1973 ambos participaron en la película "La Tierra Prometida".

Inmediatamente después de su detención sus familiares presentaron un recurso de amparo a la Corte de Apelaciones de Santiago. La petición fue rechazada en base a un informe del Ministerio del Interior señalando que ellos no habían sido detenidos.

La denuncia por presunta diligencia fue presentada al 89 Juzgado del Crimen de Mayor Cuantía en Santiago. Las familias, animadas por testimonios de ex-prisioneros que habían visto a la pareja en el campo de prisioneros de "Tres Álamos", continuaron sus requerimientos a las autoridades.

El 6 de marzo de 1976, la familia de Jorge Muller pidió al 8 Juzgado del Crimen obtener del 6 Juzgado una copia de la declaración hecha a la Corte por un ex-prisionero de Tres Álamos, en la cual denunciaba haber visto a Carmen Cecilia y Jorge Muller en la misma prisión.

El 16 de marzo de 1976 la familia de Jorge Muller denunció la inclusión de su nombre en una lista de supuestas personas sin existencia legal, preparada especialmente por el gobierno para la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Una comunicación oficial a la Asamblea General, tratando de ocultar el secuestro, el Vicealmirante Ismael Huerta, Embajador Representante Permanente chileno ante las Naciones Unidas, reconoce que "el que sí existe es Jorge Hernán Silva Müller". Huerta altera el nombre poniendo como apellido paterno a Silva en vez de Müller; sin embargo las fotocopias de los documentos de identificación que agrega para justificar su afirmación corresponden al nombre correcto de Jorge Hernán Müller Silva, con lo cual queda al descubierto la maniobra.

El 27 de septiembre de 1976 las familias recibieron una declaración jurada de un ex-prisionero, actualmente en el exilio, quien declaraba que había compartido la celda N 13 en "Tres Alamos" con Jorge Müller desde el 10 de diciembre hasta el 18 de diciembre de 1974, día en el que éste y Carmen Bueno fueron trasladados a un lugar desconocido.

Los nombres de Carmen Cecilia Bueno Cifuentes y de Jorge Hernán Müller Silva aparecen en las listas de los 119 "muertos en el exterior", difundidos por la Junta fascista.

Detención de Nilda Patricia Peña Solari y de Mario Fernán Peña Solari.

Nilda Patricia Peña Solari, 24 años de edad, estudiante de Química de la Universidad de Chile, cédula de identidad N 6.494.786 de Santiago.

Mario Fernando Peña Solari, dirigente estudiantil de la Universidad de Chile, 22 años, cédula de identidad N 5.922.332 de Santiago.

Testimonio de su hermano Rodolfo Peña Solari.

"Nueve personas de civil, entre ellas dos o tres mujeres, armadas, llegaron a nuestro domicilio preguntando por mi hermano Mario. Al no encontrarse éste en casa, procedieron a llevarse detenida a mi hermana Nilda para un "corto interrogatorio", según dijeron. Al día siguiente, del Ministerio de Defensa, vinieron a pedirnos medicamentos para "contrarrestar una hemorragia uterina". Esto fue a las 12:00 del día 2 de diciembre de 1974.

"Temo por su salud psíquica, porque meses antes de la detención tuvimos que lamentar el fallecimiento de nuestra querida madre (16 de septiembre de 1974) lo cual afectó profundamente a mi hermana. Anteriormente, en 1967, había fallecido nuestro padre. Todo esto configuraba para Nilda Patricia un panorama doloroso".

Una doctora, médico-psiquiatra, en testimonio jurado en Londres declaró que durante el primer periodo en que estuvo detenida en la casa de torturas de Londres 38, compartió celda con varios prisioneros entre los cuales se encontraba Nilda Patricia.

Al mismo tiempo, desapareció Mario Fernando, desde otro lugar de Santiago, detención que fue confirmada por varios testigos que estuvieron con él en diferentes centros de tortura.

El 13 de septiembre de 1973, Mario Fernando Peña Solari había sido detenido por primera vez permaneciendo durante 44 días en el Estadio Nacional de Chile. Fue liberado sin cargos, mostrando claras señales de castigos físicos.

Una persona que estuvo detenida con los hermanos Peña Solari y que actualmente se encuentra fuera de Chile, ha declarado:

"Durante la noche del 10 de diciembre de 1974, la DINA arrestó a Mario Fernando. Fue llevado a una casa de torturas cerca de Quilín (en Santiago), conocida como "Venda Sexy", donde fue brutalmente torturado, hecho del cual soy testigo, ya que yo estaba detenido con él en el mismo lugar. En esa casa estaba también Nilda Patricia, quien fue detenida horas antes que Mario, en su casa, en la calle Valentín Letelier, en Santiago, en presencia de un testigo.

El 12 de diciembre de 1974, Nilda, que se encontraba en un precario estado físico, tuvo que ser llevada a una clínica clandestina que tiene la DINA. Regresó a la cámara de torturas el 18 de diciembre de 1974.

Ambos hermanos permanecieron en esa casa hasta el 24 de diciembre de 1974, día en el cual fueron trasladados junto con otras personas a un lugar desconocido.

Las acciones legales que han sido realizadas incluyen la presentación de una petición de hábeas Corpus (N 1570), ante la Corte de Apelaciones de Santiago la que fue rechazada ante la negativa de los servicios de seguridad y del Ministerio del Interior. Una denuncia por presunta desgracia, tampoco dio resultado.

Tanto Nilda Patricia como Mario Fernando figuran en las listas de los 119 "muertos en el exterior", difundidas por la Junta fascista.

Detención de Anselmo Osvaldo Radrigán Plaza.

Estudiante de computación de IBM, campeón de ajedrez de Chile, casado, un hijo, 25 años, cédula de identidad 561 Renca. Detenido el 12 de diciembre de 1974, en una calle de Santiago, a las 6:30 P.M. siendo introducido en una camioneta Chevrolet color rojo, patente EM 965.

Al día siguiente de su detención, cuatro personas que se identificaron como miembros de la DINA, allanaron la casa de sus padres, donde él vivía. Dijeron a la madre la hora y lugar del arresto de su hijo, pero se negaron a revelar el lugar en que éste se encontraba detenido. Se llevaron de la casa algunos efectos personales de Anselmo Radrigán.

Numerosos testigos declaran haber visto a Radrigán en el centro de detenidos de "Villa Grimaldi". Otros ex-prisioneros declaran que a fines de diciembre de 1974, él estaba en la sección de incomunicados de "Cuatro Álamos", de donde desapareció.

En base a estas evidencias y al testimonio de las personas que lo vieron, se presentó a los tribunales, una denuncia de arresto ilegal y de presunta desgracia que no dio resultados.

La esposa de Anselmo Radrigán, ciudadana francesa, ha realizado diversas gestiones igualmente infructuosas.

Su nombre aparece junto al de otros chilenos, en la lista de personas "muertas en el exterior". La Junta militar niega la detención de Anselmo Radrigán a pesar de las muchas evidencias que existen sobre este caso.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
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