El gobierno de Salvador Allende 1970-1973

Capítulo IV

LA POLÍTICA DE RELACIONES EXTERIORES (126)

1. El programa básico de relaciones internacionales del Gobierno Popular .

El Programa básico del Gobierno de la Unidad Popular dedicó un capítulo entero al diseño de su política exterior. En efecto, el programa postulaba que la política internacional del Gobierno popular estaría dirigida a: "afirmar la plena autonomía política y económica de Chile. Existirían relaciones con todos los países del mundo sobre la base del respeto a la autodeterminación y a los intereses del pueblo de Chile; se establecerían vínculos de amistad y solidaridad con los pueblos independientes o colonizados, en especial aquellos que están desarrollando sus luchas de liberación e independencia; se promovería un fuerte sentido latinoamericanista por medio de una política internacional de pueblos antes que de cancillerías. La defensa decidida de la autodeterminación de los pueblos sena impulsada por el nuevo Gobierno como condición básica de la convivencia internacional, en consecuencia, su política sería vigilante y activa para defender el principio de no intervención y para rechazar todo intento de discriminación, presión, invasión o bloqueo intentado por los países imperialistas. Se reforzarían las relaciones, el intercambio y la amistad con los países socialistas". (Programa básico, 1971).

La posición de defensa activa de la independencia de Chile implicaba denunciar la OEA, "como un instrumento y agencia del imperialismo norteamericano y luchar contra toda forma de panamericanismo implícito en esa organización".

El Gobierno Popular tendería a la creación de un organismo realmente representativo de los países latinoamericanos. Se consideraría indispensable revisar, denunciar y desahuciar, según los casos, los tratados o convenios que signifiquen compromisos que limiten la soberanía y: "concretamente los tratados de asistencia reciproca, los pactos de ayuda mutua y otros pactos, que Chile ha suscrito con los E.E.U.U." (Programa básico, 1971).

La ayuda foránea y empréstitos condicionados por razones políticas, o que: "impliquen la imposición de realizar las inversiones que deriven de esos empréstitos en condiciones que vulneren nuestra soberanía y que vayan contra los intereses del pueblo, serían rechazados y denunciados por el Gobierno. Asimismo se rechazaría todo tipo de imposiciones foráneas respecto a las materias primas latinoamericanas, como el cobre, y a las trabas impuestas al libre comercio que se han traducido durante largo tiempo en la imposibilidad de establecer relaciones comerciales colectivas con todos los países del mundo". (Programa básico, 1971).

El programa de relaciones exteriores era, pues, simétrico con el programa de transformación interno. Mientras en lo nacional se procuraría superar el capitalismo, creando una nueva economía, para avanzar hacia el socialismo, en pluralismo, libertad y respeto a la legalidad, es decir se elegía un camino inédito en el mundo; en la política de relaciones exteriores se planteaba una posición de No Alineamiento con los grandes bloqueos mundiales, de relaciones pacíficas con todos los países del mundo y buscando un desarrollo independiente, sin pertenecer ni al bloque de las economías capitalistas, liderizado por Estados Unidos ni al bloque de las economías centralmente planificadas, liderizadas por la Unión Soviética. Chile se ubicaba en una tercera posición, no alineada militarmente, que pretendió comerciar y cooperar con todos los países del mundo. Estaba entendido que Chile seguiría siendo miembro del sistema interamericano, y articulado a la institucionalidad internacional de occidente, el cual debería flexibilizarse y aceptar como miembros a países de organización socialista como capitalista y facilitar su desarrollo, en consecuencia, esto no involucraba el traslado, como fue el caso de Cuba a la órbita de los países socialistas, el CAME, etc. Los arquitectos de las políticas de relaciones internacionales fueron el Presidente Allende y su Ministro de Relaciones Exteriores, Clodomiro Almeyda, secundados por cuadros técnicos de diferentes ministerios e instituciones autónomas.

Allende en su primer mensaje al Congreso Nacional, en mayo de 1971, dijo:

"Los mismos principios que informan nuestra política interior están presente en la política exterior del país. En conformidad con la Carta de las Naciones Unidas, nuestro país apoya resueltamente la no intervención en los asuntos internos de los Estados, la igualdad jurídica entre ellos, el respeto de su soberanía y el ejercicio de su derecho de autodeterminación. La acción exterior de mi Gobierno, en el plano bilateral como el multilateral, se orienta a la consolidación de la paz y a la cooperación internacional" (Allende, 1971).

Por su parte, el Ministro Almeyda definió así los objetivos de política internacional seguidos por la cancillería chilena: (127)

1. Reafirmación y robustecimiento de la soberanía nacional y de la plena autonomía política y económica de Chile, rompiendo los dispositivos jurídicos, políticos y económicos que limitan su independencia.

2. Respeto irrestricto de la autodeterminación de los pueblos y del principio de No intervención y rechazo, por tanto, de todo intento de presión o injerencia de un estado en los asuntos internos de otro.

3. Mantenimiento de relaciones diplomáticas y económicas con todos los países del mundo, cualquiera que fuere su régimen interno. Por tanto, ampliación del ámbito de las relaciones de Chile, en función de los intereses nacionales, en especial hacia los países socialistas y países en desarrollo de Asia y África, que recién habían conquistado su independencia y con los cuales Chile no tenía relaciones.

4. Crítica y denuncia del "panamericanismo" y de su institucionalización en la Organización de Estados Americanos, considerado como pieza del sistema de dominación norteamericana sobre América Latina (repárese que no se postula la salida de Chile de ese organismo).

5. Afirmación de la presencia latinoamericana en el concierto mundial. Política destinada a promover la creación de una institucionalidad que represente genuinamente a los intereses de los países latinoamericanos. Promoción de la integración latinoamericana sobre la base de una política que favorezca la ruptura de las relaciones de dependencia con las metrópolis imperialistas. Desarrollo paralelo de las relaciones bilaterales de Chile con los países latinoamericanos, en función de los intereses chilenos.

6. Búsqueda de soluciones negociadas a los problemas fronterizos pendientes.

7. Apoyo y respaldo chileno a los movimientos de liberación nacional de los pueblos dependientes, que luchan por romper las relaciones coloniales o neocoloniales. Solidaridad especial con la Revolución Cubana y con el pueblo de Vietnam. Respaldo a la lucha antiimperialista de los pueblos árabes y apoyo a la solución pacífica del problema del Medio Oriente árabe y judío. Condenación del antisemitismo y de la segregación racial.

Aunque el texto del programa no se alude expresamente al apoyo a los esfuerzos de cooperación internacional en favor de metas que interesan a toda la comunidad de naciones o a determinados ámbitos de ella, del texto de las declaraciones oficiales formuladas desde su instalación por las autoridades gubernativas competentes, se desprende que era propósito de la Unidad Popular respaldar todas las iniciativas destinadas a favorecer el clima de distensión internacional y el desarme, como asimismo a aquellas dirigidas a reestructurar las relaciones internacionales de orden económico en un sentido favorable a los pueblos en desarrollo. Semejante alcance procede hacer con respecto al apoyo de la Unidad Popular, conforme la tradición chilena al principio de intangibilidad de los tratados libremente suscritos, precisión que si no estaba expresamente consignada en el programa fue repetida e insistentemente planteada por las autoridades del nuevo gobierno desde sus inicios.

Reflexionando sobre el contenido substantivo de esta política Almeyda dijo:

"Del examen del programa internacional de la Unidad Popular y de su conducta práctica posterior fluye que dos eran los objetivos fundamentales que se quería conseguir a través de su política exterior; a) Crear las condiciones externas para hacer viable el desarrollo de su proyecto interno de transformaciones sociales orientadas en la dirección del socialismo, y b) contribuir mediante la política exterior a fortalecer en la arena política internacional a aquellos agentes que pugnan convergentemente por la transformación de la sociedad capitalista en socialista, en escala mundial" (Citado en Jorge Vera 1987).

En la puesta en práctica de la política exterior chilena se actuó simultáneamente en el área de las relaciones exteriores bilaterales y en la de las relaciones internacionales multilaterales. La política exterior utilizó al máximo la potencialidad de ambas.

2. Las relaciones bilaterales

El Presidente Allende dio especial importancia a las relaciones bilaterales, en particular con referencia a los países vecinos de Chile, otros países latinoamericanos .los países socialistas y países de África y Asia. Ello queda expresado a través de visitas oficiales realizadas a esos países, declaraciones conjuntas y suscripciones de convenios de cooperación interna. Naturalmente, en estos esfuerzos fue respaldado por su canciller Clodomiro Almeyda, los Ministerios de Economía, Hacienda, ODEPLAN, el Banco Central, la CORFO y CODELCO, entidades todas que colaboraron en el diseño de esquemas de cooperación económica y técnica y en su operatividad.

a. Países vecinos

El Presidente Allende asignó una gran relevancia a los países vecinos. Sus palabras en el Primer Mensaje al Congreso fueron:

"Es propósito fundamental nuestro afianzar todos los vínculos que acrecienten nuestra constante amistad con la República Argentina, eliminando los obstáculos que se interpongan en el cumplimiento de ese objetivo. La situación anómala de nuestras relaciones con la República de Bolivia contradice la vocación de ambos pueblos, por lo que haremos cuanto esté de nuestra parte para normalizarla" (Allende, 1971).

La cancillería chilena estaba persuadida de que se heredaba un panorama bastante sombrío con relación a los países vecinos de Chile. Almeyda ha señalado cuales eran los elementos que componían este cuadro adverso. Argentina tenia un gobierno Conservador, profundamente receloso de lo que ocurría en Chile. Añade Almeyda:

"Teníamos con ella una enojosa cuestión de límites pendientes desde hacía cincuenta años que había sido imposible resolver, el asunto de la soberanía de las islas del Canal Beagle, asunto que era un polvorín que en cualquier momento podía ser utilizado para provocar, presionar o intimidar a Chile. La significación económica de nuestras relaciones con Argentina acentuaba la capacidad de presión de ese país sobre Chile. Bolivia, tradicionalmente hostil a Chile por la cuestión de la mediterraneidad, y con las relaciones diplomáticas cortadas con nuestro país, era también un adversario potencial. El carácter progresista del gobierno de la Fuerza Armada del Perú -que podía haber constituido un factor importante de apoyo político para un gobierno popular chileno- era compensado por factores negativos de consideración. £1 tradicional recelo de los militares peruanos hacia Chile y cierto notorio anticomunismo de algunos sectores de las fuerzas armadas peruanas, neutralizaban la buena disposición hacia Chile que pudiera presumirse en los sectores avanzados y progresistas de su gobierno". (128)

Planteadas así las cosas, la Cancillería puso todo su empeño en arribar a un acuerdo con Argentina para resolver el viejo pleito sobre la soberanía de las islas del Canal Beagle. Los exitosos contactos del embajador, chileno en Argentina, Ramón Huidobro, hicieron posible llegar a un acuerdo para someter el asunto al arbitraje de la Corona Británica. La visita del Presidente Allende a Salta y la del Presidente Lanusse a Antofagasta, permitieron consagrar la amistad entre ambos gobiernos, basados en el pluralismo ideológico. En la "Declaración de Salta" de 24 de julio de 1971, los presidentes Allende y Lanusse expresaron:

"su firme voluntad de continuar fortaleciendo los vínculos de amistad entre sus pueblos, no interrumpidos desde que ambas naciones alcanzaron su independencia". Esta amistad, "ha tenido sus bases de sustentación en el respeto a los principios de no intervención en los asuntos internos y externos de cada Estado y en la voluntad siempre sostenida de resolver sus problemas por la vía pacífica y jurídica".

Los jefes de Estado reiteraron "el respeto al pluralismo político en la comunidad internacional". Asimismo, expresaron su satisfacción por el compromiso alcanzado por los dos gobiernos con respecto a la zona del Canal del Beagle. Destacaron asimismo, que en ocasión de firmarse el compromiso para el litigio mencionado, ambos gobiernos han convenido instrumentos de especial significación para las relaciones futuras de ambos países. Expresaron, además, su satisfacción por los esfuerzos realizados "para promover y facilitar la integración física de ambos países a través del sistema andino al que ambos países pertenecen geográficamente. A este respecto destacaron la labor que realizaba la comisión de Integración Física y el aporte del Acta de Santiago, del 26 de junio de 1971, para el aprovechamiento de recursos hidrológicos compartidos (en Jorge Vera, 1987).

Con respecto a las relaciones económicas, ambos presidentes destacaron el creciente comercio entre ambos países que "ha alcanzado el más alto nivel de su historia" y destacaron el valor de las tareas que cumplía la Comisión Especial de Coordinación Chileno-Argentino. Manifestaron, asimismo, su voluntad de aumentar el comercio recíproco de productos tradicionales y no-tradicionales, acentuando la participación de las industrias de ambos países, entre los que se destacaron las ramas de la automotriz. Finalmente, señalaron, la existencia de una estrecha cooperación entre los sistemas financieros de ambos países, así como las posibilidades de arreglos en el campo de los transportes". (129)

Con referencia a las relaciones con Bolivia, Clodomiro Almeyda ha señalado:

"El gobierno popular no fue remiso en la responsable consideración del problema planteado por la tradicional demanda boliviana de un acceso soberano al Océano Pacífico. Durante la administración boliviana del General Torres, se realizaron constructivas aproximaciones hacia una solución de este asunto, dentro del espíritu latinoamericanista que inspiraba la política externa de la Unidad Popular. Desgraciadamente, la revuelta militar que derrocó al mencionado mandatario altiplánico y que llevó al poder a una coalición de fuerzas reaccionarias y fascistizantes, marcadamente antichilenas, interrumpió las tratativas iniciadas al desaparecer la confianza mutua entre las partes, requisito indispensable para llevar a feliz termino tan delicada negociación". (130)

Con respecto a las relaciones con Perú, la visita que el Presidente Allende hizo a dicho país en septiembre de 1971 permitió crear un clima de entendimiento con el Gobierno de Juan Velasco Alvarado. En una declaración conjunta, ambos presidentes expresaron:

"su satisfacción por el alto nivel de amistad y comprensión que existe entre sus pueblos y gobiernos, y reafirmaron su decidida voluntad de continuar estrechando sus lazos, que nacen de un origen y gesta emancipadora comunes, de sus relaciones de vecindad de la conciencia de su comunidad de intereses y de la convicción de que su destino como naciones debería ser construido en común, sobre bases de solidaridad, cooperación reciproca y dentro de un proceso acelerado de integración económica y regional. Destacaron la identidad de propósitos de justicia y libertad que inspiraba la acción de ambos gobiernos, que por sus propios caminos atienden a sus particulares condiciones nacionales, superen el subdesarrollo, la dominación y la dependencia, para construir sociedades nuevas y justas de hombres libres. Esta identidad de propósitos imponía una amplia solidaridad recíproca y la justicia de sus objetivos exigía el respeto de las demás naciones". Asimismo, los presidentes reafirmaron que "la aplicación de medidas coercitivas de carácter político y económico, dirigidas a impedir o dificultar actos o procesos de nacionalización o expropiación necesarios para la transformación de las estructuras internas y para remover los obstáculos que se oponen al desarrollo económico y social, constituye una inadmisible interferencia en los asuntos internos y un atentado contra el derecho fundamental de los países de adoptar políticas económicas encaminadas a superar el subdesarrollo. Ambos Presidentes coincidieron en reafirmar que la cooperación económica y el otorgamiento de créditos internacionales no podían ser utilizados como instrumentos para forzar la voluntad de un Estado. Destacaron que, dentro del concepto de universalización de las Relaciones Internacionales, el mantenimiento de ellas con todos los países, cualesquiera que sean sus sistemas políticos, económicos o sociales, constituía una manifestación de soberanía y de su adhesión estricta al principio de no intervención. Reiteraron como objetivo irrenunciable de sus políticas marítimas de la defensa de derecho inherente del estado ribereño al pleno ejercicio de su soberanía y jurisdicción exclusivas hasta la distancia de 200 millas, para regular la conservación y aprovechamiento de los recursos naturales del mar adyacente a sus costas, y del suelo y subsuelo del mismo mar así como el derecho dentro de su respectiva jurisdicción a adoptar las medidas necesarias para la preservación del medio ambiente marino y la conducción de las actividades de investigación científica, con el fin de proteger los intereses y promover el desarrollo y el bienestar de sus pueblos. Renovaron su respaldo a la declaración de Santiago de 1952 sobre zona marítima y a los principios contenidos en las Declaraciones de Montevideo y Lima de 1970, así como su determinación de continuar coordinando una acción conjunta para obtener en la próxima conferencia internacional sobre el derecho del mar, el reconocimiento de normas que tengan en cuenta las distintas realidades geográficas, necesidades económicas y sociales y posibilidades financieras y técnicas que existen entre los Estados. Acordaron fortalecer el sistema del Pacífico Sur y sus trabajos jurídicos, científicos y técnicos, consolidar la solidaridad entre los países que han adoptado el límite de 200 millas y promover activamente el establecimiento de un sistema regional latinoamericano que asegure el respeto de sus derechos y una más estrecha colaboración en este campo de vital interés para sus pueblos". (131)

b. Otros países amigos

El Gobierno de Allende deseaba fortalecer sus vínculos con América Latina, impidiendo el aislamiento del país, y buscando apoyo económico para defenderse frente al bloqueo norteamericano, ejercido en relación a ciertos repuestos, medicamentos y productos claves para el funcionamiento de la economía chilena. Como se ha dicho en el capítulo anterior, Chile aumentó sus importaciones de productos desde América Latina y recibió crédito de corto plazo para dichas importaciones. Las importaciones aumentaron de 209 millones de dólares en 1970 a 323 millones en 1971, a 437 millones en 1972 y 524 millones en 1973. En gran medida la solidaridad latinoamericana fue un factor fundamental en el sostenimiento de la situación económica durante el gobierno de Allende. En particular, cabe mencionar la cooperación efectiva de países como México, Brasil, Cuba y otros, además de Argentina ya mencionado. (132)

A fin de agradecer esta cooperación, el Presidente Allende viajó a México del 30 de noviembre al 3 de diciembre de 1972. En dicha ocasión, se adoptaron acuerdos para incrementar el intercambio, buscar transportes marítimos regulares, y el fortalecimiento de la cooperación industrial. Además, se abrieron líneas de crédito del Banco Nacional de Comercio Exterior de México al Banco Central de Chile para la adquisición de artículos primarios y para la compra de bienes de capital. Asimismo, se estableció el acuerdo básico de cooperación científica y técnica entre ambos países. En particular México facilitó a Chile productos claves, como fertilizantes combinados y que estaban destinados a la producción agraria en Chile, que en ese momento enfrentaba el proceso de reforma agraria.

Con respecto a Venezuela, el Presidente Allende hizo una escala técnica en el aeropuerto de Marquetia en Caracas, el 14 de diciembre de 1972, y emitió una declaración conjunta con el Presidente Caldera de ese país. Allí expresan su voluntad de continuar el impulso a los programas de cooperación y complementación económicos regionales y subregionales, y además manifiestan la intención de trabajar juntos para culminar exitosamente las negociaciones tendientes a la incorporación de Venezuela al Pacto Andino, como también su decisión de impulsar una creciente vinculación bilateral entre ambos países.

Con respecto a Cuba, cuyas relaciones había sido interrumpidas el 11 de agosto de 1964, el Gobierno de Chile decidió reanudarlas con fecha 11 de noviembre de 1970. El Gobierno de Chile expresó su intención de establecer relaciones normales con Cuba, sin ignorar las obligaciones que le correspondían en virtud de tratados internacionales y regionales, pero haciendo uso de la facultad privativa y soberana de establecer relaciones por decisión del país. Con fecha 25 de julio y hasta el 2 de agosto de 1971, el Ministro Clodomiro Almeyda visitó La Habana. En dicha ocasión las partes declararon su intención de cooperar en el marco del sistema de Naciones Unidas y de los países no alineados. Se identificaron áreas de cooperación económica entre ambos países en particular con la firma de transporte aéreo comercial, el convenio internacional del azúcar, el convenio básico de cooperación técnico y científico, el convenio de telecomunicaciones que promovía las relaciones de cineastas entre Chile y Cuba y aseguraba la proyección de sus proyecciones cinematográficas en ambos países. Más tarde, el 4 de diciembre de 1971, finalizando la visita del Primer Ministro, Fidel Castro, a Chile se emitió una declaración conjunta en la que ambas partes aprecian la concertación y aplicación de diversos convenios de cooperación y comercio. El Presidente Allende retribuyó la visita de Fidel Castro y visitó Cuba entre el 10 y el 14 de diciembre de 1972. En dicha ocasión, se reafirmaron los vínculos de amistad chileno-cubanos.

Las relaciones de Chile con los países del Grupo Andino fueron incrementadas a través de contactos diversos y en particular por la visita del Presidente Allende a Perú, Ecuador y Colombia. Ya se han comentado las relaciones establecidas con el Gobierno de Velasco Alvarado en Perú. Con respecto a Colombia, el Presidente Allende y el Presidente Pastrana emitieron el 31 de agosto de 1971, una declaración conjunta en la que reafirmaron los principios de no intervención y los derechos de los Estados a los recursos naturales del mar adyacentes a sus costas y expresaron su complacencia por los adelantos en la marcha del proceso de integración andino. Los presidentes destacaron el éxito de la primera reunión de la Comisión Mixta Colombo-Chilena.

En su visita a Ecuador, con fecha 26 de agosto de 1971, el Presidente Allende suscribió con el Presidente Velasco Ibarra una declaración conjunta en la que concuerda en la necesidad de intensificar entre los dos países su cooperación económica, técnica, científica y cultural.

El Gobierno de Allende se propuso enfrentar la doctrina internacional de las "fronteras ideológicas" con la formulación de la "doctrina del pluralismo ideológico". Clodomiro Almeyda, señaló al respecto que:

"el gobierno chileno se preocupó desde el comienzo por levantar la doctrina del 'pluralismo ideológico', como supuesto básico para regular una constructiva y pacífica convivencia en América Latina. La doctrina del "pluralismo ideológico', fundada en el principio de autodeterminación, era también pragmáticamente eficaz para evitar la 'ideologización" de los conflictos en el continente, lo que conllevaba su muy probable agudización".

"La alusión a la doctrina del 'pluralismo ideológico' estuvo contenida en todas las Declaraciones Conjuntas suscritas por los personeros chilenos con sus contrapartes latinoamericanos. D e ello dan fe los documentos conjuntos suscritos por Chile con Colombia, Argentina, Ecuador, México, Cuba y Venezuela. La circunstancia de que muchos de esos Estados estuvieran gobernados por administraciones de orientación conservadora le dio especial relevancia a estos acuerdos, que no constituyen por otra parte, sino otra versión del principio de la no intervención que, como se deja dicho, fue norma invariable que Chile observó escrupulosamente en sus relaciones con las naciones hermanas del continente" (en Jorge Vera, 1987).

3. Las Relaciones Multilaterales

El Gobierno de Allende fue activo en el marco de las relaciones multilaterales y realizó diversas propuestas creativas con relación al sistema interamericano, sistema latinoamericano, y la organización mundial.

a. El sistema interamericano

Como ya se dijo antes, el programa de gobierno de la Unidad Popular era adverso a la forma de funcionar del sistema interamericano. Frente a esta realidad el gobierno de Allende hizo diversas propuestas que se resumen a continuación.

El Ministro Clodomiro Almeyda explicó ante el 26 Periodo de Sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas, el 1º de octubre de 1971, que para que un Sistema Interamericano pueda servir de vehículo para el diálogo constructivo entre el Norte y el Sur del continente, es necesario renovar totalmente los principios ficticios en que ahora reposa la OEA, a fin de que sean sustituidos por otros más acordes con la realidad, que reconozcan la objetiva divergencia de intereses entre los Estados Unidos y América Latina, tal como se expresa en la práctica concreta de las relaciones internacionales y tal como se han comenzado a plantear a través de CECLA desde el Consenso de Viña del Mar.

"Concebimos y queremos a la Organización de los Estados Americanos enmarcada firmemente en el sistema de Naciones Unidas, como un organismo regional complementario que sustente el diálogo entre los Estados Unidos y América Latina. Creemos que el futuro de esta entidad depende de su capacidad para superar dos ficciones fundamentales en que ha descansado, hasta ahora. En primer lugar, la ficción que consiste en suponer que aquí nos reunimos 23 Estados iguales y, en segundo lugar, la ficción que supone que existe una gran homogeneidad entre estos Estados en base a presuntos intereses, objetivos e ideales comunes. Es tan enorme la diferencia de poder entre los Estados Unidos y cada uno de nuestros países latinoamericanos considerados aisladamente, que es imposible que sobre el artificio de suponerlos iguales, pueda cimentarse un trabajo eficiente, veraz y constructivo. Es tan evidente la oposición de intereses entre el Norte y el Sur, que se plantea en diversos aspectos de la vida económica y del acontecer político, que es imposible que ocultando tan importante realidad, pueda edificarse nada sólido y duradero".

"Hay consenso en que la Organización de los Estados Americanos está en crisis. Nosotros creemos que esta crisis incide precisamente en la persistencia de esos dos equívocos artificios".

"Si hay desigualdad económica y política, la igualdad jurídica es la consagración legal de la injusticia. No puede haber solidaridad real entre la potencia con mayor poder económico y político en la historia de la humanidad, que busca naturalmente, como objetivo básico, su seguridad y la del sistema social que le ha permitido llegar a esa situación y el conjunto de países latinoamericanos que, en una u otra forma, buscan alterar en su favor el actual equilibrio implícito en la estructura de poder mundial para llegar a acceder al pleno goce de los beneficios que el desarrollo social ha colocado a disposición de todos los hombres" (en Vera, 1987).

El Subsecretario de Relaciones Exteriores, Aníbal Palma, en su intervención en el segundo período ordinario de sesiones de la Asamblea General de la OEA, celebrado en Washington D.C., el 14 de abril de 1972 dijo: "Reiteramos asimismo nuestra convicción de que las relaciones interamericanas, específicamente las de América Latina con los Estados Unidos, deben ser consideradas a la luz de estas realidades. Sólo a partir de ellas podrán constituirse las nuevas estructuras que faciliten un diálogo abierto, franco e igualitario entre ese país y los nuestros, en el marco de una organización regional y complementaria e incorporada al sistema de Naciones Unidas. De no lograrse estos cambios fundamentales, la OEA seguirá al margen de los esfuerzos e intereses reales de los países latinoamericanos para canalizar sus aspiraciones y objetivos comunes de naciones en desarrollo" (en Jorge Vera, 1987).

Como puede verse por las palabras reproducidas, lo que el Gobierno de Allende quería era transformar el llamado sistema interamericano en un foro para el diálogo entre América Latina y Estados Unidos.

b. Propuestas para un sistema latinoamericano

El Gobierno de Allende fue partidario de crear un mecanismo que, aprovechando la experiencia del CECLA, hiciera posible la concertación latinoamericana y la cooperación entre estos países. Para estos efectos se propusieron ideas como la formulación de una estrategia latinoamericana de desarrollo, que viniera a reemplazar la fenecida Alianza para el Progreso, el establecimiento de una organización latinoamericana, la reforma de la CEPAL y la creación de un sistema financiero latinoamericano.

Nueva estrategia latinoamericana

El autor de este libro, como jefe de la delegación chilena, que concurrió a la séptima reunión anual del Consejo Interamericano Económico y Social CÍES, en Panamá en septiembre de 1971, dijo al respecto:

"Transcurridos 10 años del intento más integrado para sostener el desarrollo capitalista dependiente de nuestros países, hoy se abre la opción de continuar esta ya frustrada estrategia u optar por un camino independiente y soberano para el desarrollo de los pueblos de América Latina bajo el control de los latinoamericanos".

"América Latina es una región riquísima en recursos naturales, sus pueblos cuentan con el empuje, la energía y la voluntad necesarios para emprender un camino nuevo que los conduzca a ser dueños de su propio futuro. Si el esfuerzo de nuestros pueblos ha sido hasta hoy usado en beneficio ajeno, si nuestros recursos naturales han sido explotados por el capital extranjero, si la concentración monopólica se ha traducido en la explotación de la fuerza de trabajo en beneficio de minorías privilegiadas, en pocas palabras, si nuestros excedentes económicos se han despilfarrado o se han trasladado a los centros hegemónicos del sistema capitalista mundial, entonces el desarrollo independiente y soberano de América Latina exige la drástica reversión a formas nuevas de organización económica tanto internas como internacionales al quiebre de las estructuras monopólicas y al establecimiento de relaciones internacionales de nuevo tipo".

"La nueva estrategia de la región debe fundarse en la movilización de sus excedentes económicos y en el control sobre sus recursos naturales y su explotación por los propios pueblos de cada uno de los países de América Latina, enmarcados tras una acción conjunta por objetivos comunes; tratase de aprovechar nuestras enormes potencialidades y recursos en nuestro propio beneficio".

"Puesto que partimos de una situación tan desmedrada, como lo comprueba el análisis de los 10 años de la Alianza para el Progreso, nuestro énfasis en el esfuerzo interno no puede ser confundido con forma alguna de autarquía. Necesitaremos contar con la cooperación internacional bajo la forma de la asistencia financiera, tecnológica, etc., como un complemento y no como un sustituto de nuestros esfuerzos internos de movilización del excedente, de ahorro y de creación científica y tecnológica. Lo decisivo en estas materias es que seamos capaces de diversificar real y prácticamente nuestras fuentes de cooperación internacional".

"Las modalidades de acción y las formas de vinculación con cada una de ella serán sin duda diferentes y tendrán énfasis y contenidos distintos en los variados campos en que ellos se ejerzan".

"La ejecución de un desarrollo nuevo e independiente de América Latina supone, desde luego, un cambio fundamental de todo el enfoque conceptual del sistema interamericano. Para que América Latina pueda autodeterminar su desarrollo será preciso que los Estados Unidos cambien igualmente su postura paternalista y la oferta de modelos propios del sistema capitalista, por otros nuevos condicionados a los requerimientos de la región. Una posición constructiva de los Estados Unidos para esta nueva estrategia propia o independiente de América Latina sería, por ejemplo, la de aceptar que la región latinoamericana suspenda el pago de su deuda externa con Estados Unidos por un plazo total de 10 años. Quiero dejar en claro que no estamos sugiriendo de ninguna manera el no pago de la deuda externa, sino el replanteamiento de su servicio en el tiempo. El beneficio de esta medida radica esencialmente en la posibilidad que adquiere la región de manejar autónomamente, con recursos propios, un volumen de varios miles de millones de dólares en programas de desarrollo directamente orientados a satisfacer sus intereses más vitales, con plena independencia en la elección de tecnologías, de maquinarias y equipos y de bienes intermedios".

La nueva política propuesta sería denominada "Estrategia para la Transformación y la Independencia Económica de América Latina". (ODEPLAN, 1972).

Sistema latinoamericano

Por su parte el canciller Almeyda dijo el 5 de abril de 1973, ante la Asamblea General de la OEA reunida en Washington D.C., que:

"Los episodios que aquí hemos recordado demuestran que, en la práctica, rompiendo los esquemas formales, los pueblos y gobierno de América Latina coinciden, cada vez más, e intentan pragmáticamente vincular sus políticas y traducirlas en posiciones comunes que se refuerzan mutuamente y que tienden a concretarse en nuevas orientaciones en el seno de instituciones ya existentes o creando otras nuevas que sirvan mejor a sus intereses y propósitos".

"Está naciendo ya, aunque no nos lo hayamos propuesto conscientemente, el germen de lo que puede y debe llegar a ser un verdadero sistema latinoamericano, constituido por políticas comunes, movidas por intereses, ideales y principios comunes, que tienden a buscar formas orgánicas e institucionales para manifestarse"

Luego añadió:

"Creemos los chilenos que ha llegado la hora de promover conscientemente este proceso. La caducidad irreversible del sistema interamericano en su forma actual encuentra su contrapartida en la emergencia de estos principios y elementos orgánicos con que tiende a expresarse la presencia latinoamericana en el mundo contemporáneo. Tenemos, en consecuencia, los latinoamericanos la obligación de concebir con audacia una perspectiva y un programa que sirvan para ir articulando iniciativas dispersas, recogiendo experiencias comunes, y para diseñar una meta que imprima sentido y organicidad a este irresistible movimiento histórico que pugna por nacer, expresarse y afirmarse. Lo que hemos estado acostumbrados a llamar 'el sueño de Bolívar' parece ahora, en una versión de fines del siglo XX, querer convertirse en realidad".

"En la perspectiva de promover la progresiva institucionalización de un sistema latinoamericano, la regulación de la convivencia interamericana cambia de sentido y de naturaleza".

"Lo que hasta ahora ha sido el sistema interamericano, un dispositivo de dominación del Norte sobre el Sur, debe llegar a ser en el futuro y en la medida en que un sistema latinoamericano se exprese institucionalmente, la estructura orgánica y hemisférica que sustente el diálogo entre los Estados Unidos por una parte, y la América Latina por otra".

Más adelante, Almeyda dijo:

"El sistema institucional latinoamericano que así se constituya no debe ser sólo la contraparte en el diálogo con los Estados Unidos, sino que, igualmente, debe ser el agente y portavoz que nos permita profundizar nuestras relaciones y la cooperación con otros países y entidades regionales del mundo".

El embajador Luis Orlandini declaró en la sexta reunión de la subcomisión General de la Comisión Especial de Estudios del Sistema Interamericano, el día 27 de junio de 1973, en Lima que:

"La necesidad de hacer valer en común nuestros intereses en nuestras relaciones con otros Estados o grupos de Estados, y de tener un peso real en el mundo, ha hecho hacer numerosas iniciativas y mecanismos de coordinación regional y subregional, entre los que CECLA representa, hasta ahora, la expresión más concreta y eficaz, cuyo perfeccionamiento y desarrollo se proyecta como instrumento fundamental de un Sistema latinoamericano, en sus relaciones tanto con los Estados Unidos como con otros países y agrupaciones económicas extracontinentales".

"Es preciso, sin embargo, distinguir claramente el proceso de formulación del Sistema Latinoamericano, de los problemas que en esta reunión debemos considerar. América Latina aspira a sus integración y a relacionarse con todo el mundo, en pie de igualdad, y no en forma mediatizada a través de un mecanismo que incluye otros elementos. El Sistema Interamericano debe servir, precisamente, para esa relación con uno de nuestros interlocutores. Pero hay otros problemas de relación e integración que suponen decisiones internas e interlocutores distintos. El desarrollo del Sistema Latinoamericano lo concebimos, pues, como un proceso autónomo y paralelo a la reforma del Sistema Interamericano.

El papel de este último es la consideración de las relaciones hemisféricas y no el de mediatiza la relación de los países de América Latina entre sí o con el resto del mundo" (en Jorge Vera, 1987).

Por su parte, el Canciller Orlando Letelier dijo el 1º de agosto de 1973, ante la Cuarta reunión de Cancilleres del Pacto Andino, en Lima, que:

"Creemos en un proyecto histórico para nuestro continente, que nos una entre nosotros y hacia el exterior. Pensamos en la creación y fortalecimiento de vínculos de tal naturaleza que deriven en la formación de un sistema latinoamericano. Estamos seguros de que en ese propósito el Grupo Andino jugará un rol determinante".

"Quisiera reseñar brevemente, cómo vemos algunas de sus características mayores".

"En primer lugar, la integración económica es un supuesto esencial y básico y de la capacidad de desarrollo interno y de acción internacional de América Latina. Debemos imaginar fórmulas flexibles adecuadas a las cambiantes realidades políticas, económicas y sociales, estimulando la imaginación de nuestros técnicos para que generen planteamientos y propuestas novedosas. En este sentido la evolución de las comisiones Mixtas del Grupo Andino con otros países latinoamericanos, y las discusiones en torno a las futuras orientaciones de ALALC, son oportunidades para precisar tales ideas".

"El segundo elemento que sustento y refuerza la existencia de un sistema latinoamericano, es el reconocimiento de ciertos principios de convivencia entre las naciones de la Región. A principios de general aceptación por la comunidad internacional, como la autodeterminación y la no intervención, hemos agregado el elemento dinámico y profundamente creador del pluralismo en sus múltiples expresiones. Reflejo de ello es la eliminación de barreras conceptuales y políticas, impuestas desde afuera, en lo que el Presidente Caldera ha llamado "la solidaridad pluralista de América Latina", conceptos en cuyo desarrollo intelectual y práctico ha tenido una influencia determinante y originaria el Dr. Alfredo Vásquez Carrizosa" (en Jorge Vera, 1987).

En la búsqueda de un sistema latinoamericano, el Gobierno de Chile favoreció dar a los organismos regionales de Naciones Unidas un carácter netamente latinoamericano. Fue así como el delegado Hernán Santa Cruz, planteó en el 25º período de sesiones de la CEPAL, celebrado en Quito, Ecuador, la idea de que la Conferencia estuviera formada sólo por representantes de países de América Latina y el Caribe, lo que significaba la salida de las delegaciones de Estados Unidos y países europeos.

Sobre esta materia, el canciller Almeyda dijo ante el tercer período ordinario de sesiones de la Asamblea General de la OEA, reunido en Washington D.C., el 5 de abril de 1973, que: "Dentro del Grupo de los 77 y a través de este Grupo en el seno de la UNCTAD y en una u otra forma, con mayor o menor intensidad en todas las agencias especializadas de Naciones Unidas, los latinoamericanos se definen cada vez más en posiciones de conjunto que reafirman progresivamente su propia personalidad y fortalecen su lucha por superar el atraso y el subdesarrollo. En el seno de la propia CEPAL, que acaba de celebrar en Quito, Ecuador, su 25º aniversario, se constata también un nuevo espíritu, que tiende, por una parte, a ligarla más a las políticas concretas de los países latinoamericanos y a CECLA y, por otra, a darle a CEPAL un carácter exclusivamente latinoamericano, siempre, es claro, dentro del sistema de Naciones Unidas".

Almeyda propuso la "latinoamericanización" de la CEPAL, a fin de que pudiera expresar puntos de vista privativamente latinoamericanos (en Jorge Vera, 1987).

A fin de lograr una mayor coordinación de los puntos de vista latinoamericanos, con anterioridad a las Conferencias bianuales de CEPAL, en la celebrada en Santiago, en marzo de 1971, presidida por el Ministro de Economía Pedro Vuskovic, este propuso la creación de un comité de Expertos Latinoamericanos de Alto Nivel que preparara con anticipación un informe con proposiciones a discutir por la Conferencia. Esta práctica demostró con los años su utilidad y fue incorporada al funcionamiento de la Conferencia de CEPAL.

Valorando su trabajo, el autor de este libro, como jefe de la delegación de Chile ante el 25º período de sesiones de CEPAL, reunido en Quito del 23 al 30 de marzo de 1973, dijo: "Nuestra delegación estima como un sólido paso adelante los resultados alcanzados en la Primera Reunión del Comité de Expertos de Alto Nivel reunido en Santiago de Chile entre el 26 de febrero y el 1º de marzo de este año. El informe de esta Reunión coloca, a nuestro juicio, en la perspectiva correcta el enfoque de los problemas del desarrollo .de los países latinoamericanos. Coincidimos con el informe en el sentido de que 'el crecimiento que experimentan en algunos países ciertas variables económicas no significan cambios cualitativos de importancia equivalentes en el bienestar humano 'y en la justicia social'. Es por ello que pueden darse crecimientos económicos que pueden ser injustos, donde se extiende la pobreza de las masas, se aumenta el desempleo abierto o disfrazado, y se restringe la participación de amplios estratos sociales. A nuestro juicio el fin último del esfuerzo de desarrollo debe ser lograr el desarrollo humano, la liberación del hombre para hacer posible el perfeccionamiento de la personalidad de todos. Para lograr esto se requieren profundos cambios en las estructuras".

"Sin embargo, como lo reconoce el mismo informe, 'las estructuras tradicionales oponen enorme obstáculos al cambio, impidiendo el progreso social y el desarrollo económico'. Los países latinoamericanos que están dispuestos a cumplir con los principios básicos de la Estrategia Internacional de Desarrollo deben enfrentar la hostilidad y la agresión económica desde el exterior, precisamente cuando lo neutral debería ser dar respaldo a las transformaciones emprendidas".(Martner, 1973).

Sistema financiero latinoamericano

Un eje fundamental en la construcción de un sistema latinoamericano era el establecimiento de un mecanismo financiero regional, sobre esta materia, se planteó el CÍES lo siguiente, por parte del autor de este libro, en septiembre de 1971, en Panamá:

"Existe la ineludible responsabilidad de crear un sistema bancario moderno dentro del área. Y es inconcebible que esto se programe sin la presencia representativa de una institución como un Banco Central Latinoamericano que permita el depósito y distribución de los activos de primera clase del área y que coordine financieramente las operaciones financieras intrazonales de los respectivos bancos centrales; un organismo bancario que permita absorber inclemencias monetarias internacionales no provocadas por los países de la región; un mecanismo que vele por los intereses monetarios y financieros del área y que sirva de vehículo motor para las transacciones extrazonales, en igualdad de condiciones con respecto a las instituciones que hoy en día ejercer un rol hegemónico en este sentido en los países industriales del mundo. En el Banco Central Latinoamericano deberían depositarse las reservas internacionales de América Latina, que hoy están depositadas en un 70 por ciento en Estados Unidos.

"La banca central y la banca comercial de la mayoría de los países latinoamericanos no son entidades financieras cuya preocupación sea la atención del financiamiento de los planes de desarrollo de los gobiernos de la región. Su volumen de operaciones y los montos de sus utilidades no guardan correlación con el crecimiento económico de nuestras naciones. Y su política crediticia, tanto para las operaciones de movilización de recursos internos como externos, se materializa en el otorgamiento de recurso al monopolio o al poder político económico del gran consorcio o industria, quedando el pueblo marginado del crédito y del proceso financiero. La banca privada, amén de ser canalizadora de los flujos escapistas de capitales de los países en desarrollo y de América Latina, provee el mecanismo adecuado para el consumo conspicuo e imitativo de las grandes potencias con la merma de poder comprador internacional que ello representa para la población económicamente marginada.

No existe un mercado de capitales que realmente pueda llamarse latinoamericano. Y a la carencia de éste, como al hecho de que los sistemas bancarios y monetarios de cada uno de estos países no proveen los recursos líquidos mínimos para el desenvolvimiento económico de los mismos, se ha hecho necesario recurrir en forma masiva a los recursos externos, la mayoría de las veces de un alto costo y sujetos a ataduras reñidas con su mejor utilización.

No pueden ignorarse estos hechos en la elaboración de una Nueva Estrategia para el Desarrollo de la América Latina. Es indispensable sobrepasar esta etapa de colonialismo bancario y financiero.

En el reconocimiento del imperativo que emerge el presente de buscar nuevas fórmulas para reformar el sistema monetario y financiero mundial, se hace necesario bosquejar por parte de la América Latina las líneas generales que le permitan integrarse con su propia potencialidad a dicho sistema dentro de un marco que elimine el enraizamiento arcaico de su propio marco institucional en este aspecto. (Martner, 1971).

El Canciller Orlando Letelier sugirió ante la 4ª. reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de los países miembros del Acuerdo de Cartagena, el 1º de agosto de 1973, que:

Hoy sólo podemos comerciar en ciertas monedas, escasas en casi todos nuestros países. Quizás sea necesario, como ocurre con los derechos especiales de giro, que debamos ya concebir un medio de pago propio y autónomo para su utilización en nuestro intercambio recíproco.

Organización latinoamericana para el desarrollo de la ciencia y la tecnología

El autor de este libro sugirió en la reunión del CIES ya mencionada:

Asimismo nos parece deseable crear una organización latinoamericana para el desarrollo de la ciencia y de la tecnología que no busque patrones uniformes en estas materias, sino que tome en cuenta la peculiaridad y el estado de cada uno de los pueblos latinoamericanos, a la vez que forme los nuevos cuadros técnicos necesarios para el desarrollo. Debemos desarrollar una tecnología apropiada para América Latina. (Martner, 1971).

Como puede verse, fueron las diversas propuestas que se hicieron sobre América Latina bastante coherentes y formaron un conjunto articulado.

El comercio de Chile con el resto de América Latina

El Gobierno de Allende llevó a la práctica lo que sostuvo en sus declaraciones, tanto a nivel bilateral como multilateral, utilizando en este último caso los mecanismos del Pacto Andino y la ALALC.

Las exportaciones de Chile hacia los países latinoamericanos aumentaron de un promedio en los años 1968-70 montante a 112 millones de dólares a 150 millones en 1973, o sea crecieron en 34%. Este crecimiento absoluto tuvo una significación relativa: el porcentaje de participación en el total de exportaciones creció de 10.4% en 1968-70 al 13.1% en 1973. Ver Cuadro 6.

Por el lado de las importaciones, Chile las aumentó de 209 millones de dólares en 1968-70 a 524 millones en 1973, un aumento de 150%. Como porcentaje del total de importaciones hubo un incremento del 21.6% en 1968-70 al 31.0% en 1973. Ver Cuadro 7. Es decir, hacia 1972-73 Chile traía casi un tercio de sus importaciones desde el resto de América Latina. Esto se debió a la solidaridad latinoamericana con el proceso chileno y a su comprensión del esfuerzo de Allende por avanzar, en democracia, hacia la transformación social. Todo ello pese a los movimientos de la Administración Nixon por aislar a Chile.

CUADRO 6
Exportaciones de Chile hacia América Latina
(Millones de dólares)
1968-70 1971 1972 1973
Argentina 61.6 59.5 50.0 74.8
Bolivia 0.8 0.8 0.7 0.8
Perú 5.5 8.5 19.0 12.8
Brasil 21.6 30.1 8.7 33.5
Colombia 3.6 11.8 12.6 7.1
Cuba 0.9 6.9 1.3 5.8
Ecuador 2.1 3.7 7.6 1.1
México 7.5 15.4 0.1 10.4
Panamá 0.4 0.3 1.4 0.2
Venezuela 3.4 2.5 2.0 1.8
Otros 4.6 3.4 111.0 1.6

Total

112.0 142.9 111.0 149.9
Porcentaje del total de exportaciones 10.4 14.8 13.3 13.1
Fuente: Banco Central "Indicadores Económicos y Sociales 1960-1985", ob. cit.

CUADRO 7
Importaciones de Chile desde América Latina
(Millones de dólares)
1968-70 1971 1972 1973
Argentina 89.0 131.6 215.6 255.2
Bolivia 1.3 4.6 11.0 24.4
Perú 7.8 8.1 12.1 18.9
Brasil 25.0 32.5 57.7 52.1
Colombia 8.8 21.1 14.4 12.8
Cuba - 15.7 15.0 53.6
Ecuador 10.3 12.1 21.9 20.4
México 22.2 36.1 38.7 42.9
Panamá 3.4 2.0 2.3 3.0
Venezuela 25.5 23.1 13.8 19.8
Otros 16.0 36.1 35.1 21.3

Total

209.3 323.0 437.6 524.4
Porcentaje del total de importaciones 21.6 27.7 30.9 31.0
Fuente: Banco Central "Indicadores Económicos y Sociales 1960-1985", ob. cit.

La comparación entre las exportaciones e importaciones mostraba en promedio un saldo negativo promedio de 97 millones de dólares en 1968-70, mientras crecía a 374 millones en 1973. Ver Cuadro 8.

CUADRO 8
Balance de comercio entre Chile y América Latina
(millones de dólares)
Promedio
1968-70
1971 1972 1973
Exportaciones 112.0 142.9 11.0 149.9
Importaciones 209.3 323.4 437.6 524.4
Saldo - 97.3 -180.1 -326.6 -374.5
Fuente: Banco Central "Indicadores económicos y sociales 1960-1985" ob. cit.

Un desbalance entre exportaciones e importaciones, es una forma de obtener crédito de corto plazo para el comercio. Las presiones de Estados Unidos contra Chile, indujeron al Gobierno de Allende a buscar crédito en sus países hermanos, quienes lo otorgaron con generosidad. Entre ellos cabe señalar a Argentina, Brasil, México, Colombia, Perú, Cuba, Ecuador, Bolivia y Venezuela. Puede observarse, en esta lista, que varios de estos países tenían gobiernos militares o conservadores que al parecer, no estaban convencidos de la prédica nixoniana de que Chile marchaba al comunismo y se aproximaba a su bancarrota.

c. Propuestas sobre la organización mundial

El Gobierno de Salvador Allende se planteó una política internacional, a nivel mundial, que recogía los principios básicos del derecho internacional, de no intervención y demás expresados en la Carta de Naciones Unidas. Favorecía el reforzamiento de la paz mundial, el desarme y la no proliferación de armas nucleares. Asimismo, apoyaba la distensión entre las grandes potencias y adhería, en el conflicto Este-Oeste, al No Alineamiento. Propició, dentro de estos marcos un conjunto de iniciativas de política mundial que se reseñan aquí brevemente, según las palabras de los personeros que expresaron la política internacional ante distintos foros internacionales.

Chile, país No Alineado

Un cambio importante fue la incorporación de Chile al Grupo de Países No Alineados. Clodomiro Almeyda señaló: "el Gobierno de la Unidad Popular, siguiendo esa línea solidaria con el mundo en desarrollo, se incorporó formalmente al Movimiento de Países No Alineados, y colaboró activamente en todas sus iniciativas para firmar la independencia del Tercer Mundo, romper sus lazos de dependencia del imperialismo y articularlo con las otras fuerzas progresistas de la humanidad que persiguen idénticos objetivos." (Jorge Vera, 1987)

Transformar el orden económico mundial

Sobre esta materia, el Presidente Allende dijo ante la Tercera UNCTAD en abril de 1972:

"La presente coyuntura internacional es favorable para intentar transformar el orden económico. Quizás este juicio es demasiado optimista, pero la verdad es que los acontecimientos internacionales de las últimas décadas han venido acumulando factores que terminaron por cristalizar como una nueva oportunidad. La característica más notable es la posibilidad que se le ofrece al mundo de una relación más digna, sin sumisión y sin despotismos. Hay entendimiento entre las potencias mundiales capitalistas; hay coexistencia y diálogo entre estas y las socialistas."

"¿Puede darse algo semejante entre los antiguos países colonialistas e imperialistas, por un lado, y los pueblos dependientes por el otro? El futuro dirá si nosotros, pueblos del tercer mundo, conquistaremos el reconocimiento de nuestros derechos en la reestructuración del intercambio internacional y la instauración de relaciones justas para todos." (en Jorge Vera, 1987)

Nuevo sistema monetario internacional

El autor de este libro, como jefe de la delegación de Chile ante la Reunión Extraordinaria de CECLA, celebrada en Buenos Aires el 4 de septiembre de 1971, señaló:

"A partir del 15 de agosto del presente año el mundo vuelve a experimentar una crisis monetaria de una magnitud aún difícil de predecir. Con ello, el actual sistema monetario internacional marca un promedio de más de una perturbación mundial de envergadura en los últimos cuatro años. Cada uno de estos trastornos ha puesto en peligro no sólo la estabilidad de las monedas de reserva y su relación con el oró sino que, además, a las relaciones comerciales y políticas de la mayor parte de los países que componen la economía mundial.

"A la continua amenaza de una probable desvalorización e inconvertibilidad internacional del dólar y la consecuente fuga de unos signos monetarios a otros, alteraciones en la composición y dirección de los créditos y ayuda de países desarrollados a aquellos de menor desarrollo, le sucede el corolario obligado de una creciente imposición de controles y restricciones tanto en el intercambio de productos como de capitales, crisis financieras que redundan, en último término, en perjuicio y menoscabo de los programas y anhelos de progreso de los países de menor desarrollo económico".

"Por otra parte, como es de sobra sabido, el déficit de la balanza de pagos de ese país, no sólo debido a la acción bélica del sureste asiático y de los múltiples gastos militares a través del mundo, sino también por los atractivos que el mercado común europeo presenta a sus capitales privados, llega a cifras que sobrepasan toda la experiencia histórica de esta nación. Vale decir, durante los últimos doce años este déficit ha significado, en comparación con igual período anterior, un superávit global para el resto del mundo que de sobra lo triplica".

La intervención continúa exponiendo que:

"Es indudable que existe un vínculo directo entre los mecanismos actualmente vigentes del sistema monetario internacional y el ritmo de desarrollo económico de los países tanto desarrollados como subdesarrollados. Pero con la gran diferencia de que las distintas crisis monetarias que se han manifestado a partir de los Convenios de Bretton Woods afectan primordialmente al mercado financiero de los países industriales; en cambio, para aquellos en desarrollo, les significa algo mucho más . profundo y que es el freno a los programas mismos de desarrollo y mejoras imprescindibles en los niveles de vida de esos pueblos.

Finalmente se subrayó lo siguiente:

"Todo esfuerzo de reforma que se pretenda hacer en la actualidad deberá realizarse en consideración y ponderación de ambos tipos de problemas, así como en sus repercusiones, si es que se desea llegar al establecimiento de una dinámica estructural monetaria que sea universal, estable y duradera.

"Esta clase de reforma, es por demás urgente, y no sólo por las razones cualitativas básicas expuestas sino, también, por considerandos cualitativos apremiantes. Las drásticas medidas recién tomadas por el Gobierno de Estados Unidos tienen como uno de sus objetivos fundamentales el equilibrar su balanza de pagos. D e lograrse esto, en el corto plazo ello detendría el flujo de dólares que en el pasado han permitido el incremento de las reservas internacionales, requiriéndose activos que puedan sustituirlos prontamente. El problema de liquidez internacional sería aún más agudo si Estados Unidos llegara a tener una balanza de pagos con superávit". (Martner, 1971)

El Presidente Allende planteó en 1972 ante la Tercera UNCTAD:

"la primera de mis preocupaciones es el peligro de que la reestructuración de los sistemas monetario y comercial internacionales se lleva a cabo, nuevamente, sin la plena y efectiva participación de los países del Tercer Mundo."

"En relación con el sistema monetario, particularmente desde la crisis de agosto de 1971, los países en desarrollo han hecho valer su protesta en todos los foros mundiales y regionales. No les cabía responsabilidad alguna en la crisis de mecanismos monetarios y comerciales manejados sin su injerencia. Han sostenido, insistentemente, que la reforma monetaria debe ser elaborada con la concurrencia de todos los países del mundo; que debe fundarse en un concepto más dinámico del comercio mundial; que debe reconocer las nuevas necesidades de los países en desarrollo; y que nunca más debe ser manejada exclusivamente por unos pocos países privilegiados."

"Es vital que la Conferencia afirme, sin vacilaciones y sin reservas, estos objetivos.

"Es cierto que los detalles de un nuevo sistema pueden completarse en otros foros más especializados. Pero es tal la conexión de los problemas monetarias con las relaciones comerciales y de desarrollo como se evidenció en la crisis de agosto de 1971, que la UNCTAD tiene la obligación de discutir a fondo esta materia y velar porque el nuevo sistema monetario, estudiado, preparado y manejado por toda la comunidad internacional, sirva también para financiar el desarrollo de los países del tercer mundo, a la par que a la expansión del comercio mundial." (en Jorge Vera. 1987)

Refiriéndose a estas materias, el Ministro Almeyda en Lima dijo ante la segunda reunión a nivel ministerial del Grupo de los 77, el 29 de octubre de 1971, que:

"Es indispensable, entonces, ir a una reforma fundamental del sistema monetario internacional. Así por lo demás, lo sostuvo la Junta de Comercio y Desarrollo en su Resolución 84 (XI). Tal reforma no puede ser originada en los mismos mecanismos -como es el Fondo Monetario Internacional- cuya estructura y procedimiento de votación impedirían que ésta se realizara con la plena participación de todos los países del mundo, la que es indispensable en todas las etapas de la elaboración del nuevo sistema y en todas las decisiones que se tomen en dicha materia. Por ello Chile apoya decididamente la convocatoria por la Asamblea General de las Naciones Unidas de una conferencia Monetaria Mundial para que revise y modifique todo el sistema creado en Bretton Woods y en la que participen en un pie de igualdad todos los países del mundo. Incluyendo por cierto, los que se encuentran en vías de desarrollo."

El delegado de Chile ante la Tercera UNCTAD, Hernán Santa Cruz expuso en su discurso en abril de 1972, que:

Nuestra actitud en relación al sistema monetario mundial es de sobra conocida. En primer lugar está involucrada en los Acuerdos de CECLA, en Lima y en Bogotá en las Resoluciones de la XI Junta de Comercio y Desarrollo, en la Resolución No 2806 (XXVI) de la Asamblea General y en la Declaración de Principios y Programa de Acción de Lima. Dicha posición fue resumida por el Presidente Allende en su intervención inaugural en el sentido de que es indispensable realizar una drástica reforma de un sistema injusto e ineficiente; que ésta debe ser discutida y elaborada con la plena participación de todos los países del mundo; y que debe servir tanto para la expansión ininterrumpida de las corrientes comerciales y monetarias como para financiar el desarrollo de los países del Tercer Mundo.

Tales objetivos, unánimemente aceptados y reiterados por estos países a partir de la crisis del dólar, no pueden realizarse si no se convoca primero, como ellos lo han sostenido, una Conferencia Monetaria Mundial, posiblemente después de un trabajo preparatorio. Es decir, un nuevo Bretton Woods.

No estamos contra la participación importante del Fondo Monetario Internacional, aunque aspiramos a su superación. (Odeplan, 1972)

Estas ideas fueron reiteradas insistentemente por las delegaciones de Chile ante otras instancias. En la Segunda Comisión de la XXVI Asamblea General de Naciones Unidas, el delegado chileno Ricardo Lagos expresó que:

"La crisis propiamente tal fue desencadenada por el Presidente Nixon en su discurso del 15 de agosto al suspender la convertibilidad del dólar en oro, al aplicar una sobretasa del 10% sobre las importaciones y reducir la ayuda extranjera en 10%. Sin embargo, son muchos los factores que la generaron, comenzando por la debilidad básica de los acuerdos de Bretton Woods que significaron en la práctica la existencia de una sola moneda internacional, el dólar, y en una menor medida el franco suizo. Por consiguiente, el activo internacional es el dólar y su oferta va a depender del superávit en divisas que el resto de los países pueda lograr frente a la balanza de pagos en EE.UU. Es lo que sucede hasta 1958 en que el resto del mundo ha acumulado un superávit de 10.000 millones de dólares. A partir de ese año otras monedas, en general de países europeos, pasan a ser convertibles, pero el déficit de la balanza de pagos de EE.UU. continúa, como consecuencia de una carrera armamentista, de las guerras en el sudeste asiático y de la fuerte inversión que ese país hace principalmente en Europa, Canadá y Japón, hecho al que ya nos referimos anteriormente. En estos hechos a los países en desarrollo no nos cabe ninguna responsabilidad. Sin embargo, las medidas que hoy se están adoptando nos afectan directamente. Aún más, las medidas adoptadas unilateralmente significan una violación de compromisos internacionales, frente a los cuales debemos levantar nuestra protesta más enérgica, protesta compartida por los demás gobiernos latinoamericanos en la reciente reunión de CECLA en Buenos Aires, donde indicaron los perjuicios que las medidas adoptadas por EE.UU. traen consigo para América Latina y en general para los países en desarrollo. La delegación de Chile desea llamar la atención una vez más sobre este hecho, sin poder dejar de mencionar que cuando los países débiles y pequeños han intentado romper las reglas del juego internacionales dados por los países desarrollados para hacer frente a situaciones tanto o más angustiantes como las que enfrentan hoy países poderosos, han recibido rápidamente drásticas y efectivas sanciones. Sin duda que esta situación discriminadora es una lección más que reciben nuestros pueblos...

Como señaló mi Gobierno en la reunión de CECLA a que ya he hecho referencia, creemos que el actual sistema monetario internacional basado en proporción importante en el uso de monedas nacionales de países desarrollados como activos internacionales, implica conferirle un cierto grado de inestabilidad al sistema. En este sentido, los países en desarrollo se han manifestado partidarios de que el sistema monetario internacional vaya en la dirección de desligar los activos internacionales de la moneda internacional de cualquier país. Esto porque no es posible aceptar que las reservas internacionales sean dependientes en cuanto a una oferta de la salud de la balanza de pagos de los países poderosos. (Odeplan, 1972)

El autor de este libro, como jefe de la delegación chilena en la Reunión Extraordinaria de CECLA, celebrada en Buenos Aires el 4 de septiembre de 1971, para estudiar los efectos de las medidas de Nixon adoptadas el 15 de agosto de ese año, expuso:

Frente a la dualidad del problema creado por las debilidades actuales del sistema monetario internacional y de los aspectos cuantitativos que con toda probabilidad han de presentarse, sena desde todo punto de vista imperativo que los países en desarrollo aboguen por un mecanismo que les permita tener la representatividad necesaria, así como la presencia en el foro mundial que vaya a tomar las decisiones sobre estas materias. La representatividad y presencia de los países en desarrollo y América Latina, es doblemente imperativa, ya que como se ha comprobado históricamente un altísimo porcentaje de las medidas autárquicas que han adoptado las naciones desarrolladas les han perjudicado sin que las medidas internas de las naciones afectadas -salvo a costa de sus propios planes de crecimiento- sean capaces de contrarrestarles de modo efectivo. (en Odeplan, 1972)

Como conclusión de mi análisis, expuse los siguientes puntos:

1. No es posible aceptar activos internacionales de reserva con características omnímodas y dependientes en su oferta directamente de la salud de las balanzas de pagos de países poderosos y de las decisiones políticas que éstos adopten o impongan al resto del mundo. El sistema monetario internacional debe marchar en la dirección de desligar los activos internacionales de la moneda nacional de los países.

2. Cualquier modificación del sistema monetario internacional debe tener en cuenta la situación particular de los países subdesarrollados y en especial de América Latina, tanto en lo que se refiere a su comercio como al suministro de recursos para la financiación del desarrollo.

3. En los ajustes que se produzcan entre los países poderosos que detentan reservas debería evitarse cualquier medida restrictiva que afecte las exportaciones de los países subdesarrollados.

4. Los ajustes han de tomar en cuenta la necesidad de establecer un vínculo entre la mayor liquidez y la financiación del desarrollo del tercer mundo.

5. Los cambios o modificaciones del sistema monetario deben producirse dentro de un mecanismo institucional en que se encuentren debidamente representados los países subdesarrollados y, en particular, los latinoamericanos y en el cual tengan un efectivo poder de decisión.

6. Para llenar el vacío institucional respecto del poder de decisión de los países subdesarrollados, debería convocarse una reunión internacional con características universales, en la que estén equitativamente representados todos los diversos intereses económicos del mundo.

7. Dicha conferencia tendría como propósito básico la reforma del sistema monetario internacional, incluyendo los mecanismos apropiados para velar por la reestructuración del comercio internacional sobre bases más justas para los países subdesarrollados y para proporcionar a estos países recursos crecientes para financiar su desarrollo, en condiciones justas y libres de toda implicancia política o hegemónica. (En Odeplan 1972)

Más tarde, el autor de este libro expuso, ante la reunión del Grupo de los 24 celebrada en Caracas entre el 3 y el 7 de abril de 1982,que:

Pensamos que el nuevo sistema monetario internacional debe diseñarse en una reunión amplia, en que estén debidamente representados los países subdesarrollados, incluyendo por cierto a las pequeñas y medianas naciones, y en la cual tengan un efectivo poder de decisión, dando cabida así a los diversos intereses económicos de todo el mundo.

Por consiguiente, no nos parece que se deba esperar una solución definitiva a partir de una comisión restringida en la que sólo una veintena de países decide la suerte de los restantes más de cien países del mundo. Pasar de 10 países representados a 20 no resuelve los problemas de base y sería incapaz de despertar la confianza de decenas de países pequeños.

Son organismos más representativos de los pueblos del mundo, como UNCTAD o la Asamblea General de las Naciones Unidas, los llamados a convocar a una Asamblea Monetaria Mundial, con representación más amplia que la actual estructura de poder expresada en el FMI y a la que se invitaría a los países socialistas y China Popular, que hoy comienza a abrirse al comercio mundial, y adonde se diseñaría un nuevo sistema monetario que pueda dar confianza a todos los países del mundo y no sólo a un puñado de potencias económicas, haciendo posible superar de esta manera la actual crisis monetaria que vivimos. En esta forma estaremos, asimismo, siendo consecuentes con lo que hemos aprobado en CECLA y en el Grupo de los 77, durante las numerosas conferencias que hemos celebrado desde agosto de 1971 cuando se desencadenó esta crisis, (en Odeplan 1972)

Respeto por los deberes y derechos de los Estados

Como jefe de la delegación chilena ante la séptima reunión del CÍES, en Panamá, en septiembre de 1971 el autor de este libro expresó que:

"El Gobierno de Chile estima que si los Estados Unidos desean mantener vigente su apoyo a los principios básicos de autodeterminación de los pueblos debería comprometerse a:

"a) Respetar el derecho soberano de los Estados latinoamericanos para recuperar sus riquezas nacionales a través de nacionalizaciones, en la forma que ha sido reconocido por las Naciones Unidas, procediendo al efecto a suprimir disposiciones como la llamada enmienda Hickelooper y otras de este carácter.

"b) No adoptar medidas tendientes a cerrar su mercado interno a las exportaciones latinoamericanas.

"c) Reconocer el derecho de los países a fijar el límite de 200 millas a su mar territorial.

"d) No condicionar su política de créditos a las políticas internas que desarrollen los países latinoamericanos.

"Si el gobierno de los Estados Unidos tiene interés en preservar algunos de los principios básicos que han regulado sus relaciones con los. Estados latinoamericanos, tiene ahora la oportunidad de hacerlo al corregir los aspectos más lesivos para la América Latina de la recientemente anunciada nueva política económica". (Martner, 1972)

Como puede verse, estos planteamientos hechos en septiembre de 1971, largamente reclamados, coincidieron con los esfuerzos por llegar a una Carta de los Derechos y Deberes de los Estados, cuya adopción liderizó el Presidente de México, Luis Echeverría, a partir de la Conferencia Mundial sobre Comercio y Desarrollo, UNCTAD, celebrada en Santiago en 1972.

Carta de los Derechos y Deberes de los Estados

Allende en su discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas señaló que la comunidad de naciones habrá de hacer en "los años venideros un gran esfuerzo destinado a dar renovada vida y dimensión al orden internacional". (Allende, 1972). Como se ve, el Presidente de Chile ya visualizaba la idea de fundar un nuevo orden internacional, idea que en 1973 y 1974 tomó fuerza bajo el liderato de la Argelia de Boumhedian y que finalmente condujo a la adopción de la Declaración sobre el Nuevo Orden Económico Internacional; proyecto que se hermanaba con la iniciativa del Presidente mexicano, Luis Echeverría, y que condujo a la adopción de la Carta de los Derechos y Deberes de los Estados.

Sobre esta última, Allende dijo en su discurso mencionado "la organización mundial cuanto antes debiera hacer realidad la Carta de los Derechos y Deberes Económicos de los Estados, destinada a crear un "orden justo y un mundo estable" donde se protejan las obligaciones y deberes de los Estados débiles. (Allende, 1972)

El Subsecretario de Relaciones Exteriores de Chile, Luis Orlandini, dijo, ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, celebrado en Panamá, el 16 de marzo de 1973, que:

"Una iniciativa encaminada en este mismo sentido, que cuenta desde su inicio con el entusiasta apoyo de nuestro Gobierno, es la del Presidente de México, Sr. Echeverría, tendiente a la elaboración por las Naciones Unidas de una Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados, justamente recordada ante este Consejo por el canciller de México. Coincidimos con él en que la vigencia de un instrumento jurídico de esta naturaleza representaría una contribución inapreciable al deber primordial de las Naciones Unidas de establecer normas que protejan los derechos de los Estados, particularmente de los países en desarrollo, que sufren las consecuencias de un orden económico internacional injusto, como un medio eficaz para la consolidación de la paz de la seguridad. (en Jorge Vera, 1987)

Mecanismo permanente de protección de las materias primas

El Presidente Allende, en Nueva York, en su exposición ante la sesión de la Asamblea General de Naciones Unidas en 1972, propuso crear un mecanismo permanente de "protección y solidaridad" en relación al cobre. Ese mecanismo, junto a la OPEP, que opera en el campo petrolero, "es el germen de lo que debiera ser una organización de todos los países del Tercer Mundo, para proteger y defender la totalidad de sus productos básicos, tanto los mineros e hidrocarburos, como los agrícolas". (Allende, 1972)

Esta sugerencia fue recogida por los países No Alineados, los cuales en la Conferencia sobre materias primas de Dakar, Senegal, en 1975, acordaron la creación del Consejo de Asociaciones de países productores de materias primas.

Correspondió al autor de este libro, como experto del programa de Cooperación entre Países en Desarrollo, en 1975, con sede en Georgetown, Guyana, la promoción de esta idea a través de estudios y reuniones entre representantes de unas 20 asociaciones de países productores de materias primas, que se realizaron en Addis Abbeba, Etiopía, para África en 1976, y en México para América Latina ese mismo año. En esas reuniones, recogiendo la propuesta de Dakar, se recomendó formar dicho Consejo. Una reunión en Ginebra el año 1979, integrada por plenipotenciarios de países del Grupo de los Setenta y Siete, adoptó los estatutos (133). El cambio del clima mundial en el decenio de los ochenta ha determinado la postergación de la puesta en marcha de esta iniciativa.

Formación de un frente de países en desarrollo productores de mineral de hierro

El autor de este libro, como jefe de la delegación chilena, expuso durante la cuarta reunión informal de los países en desarrollo productores de mineral de hierro, celebrada en Ginebra el 1º de julio de 1971, que el Gobierno de Chile:

"no cree que puedan ser analizados separadamente los problemas de producción, precios o transporte de mineral, sino que necesitan de un enfoque integrador que considere simultáneamente todas las variables en juego, dentro de una estrategia de conjunto.

"Por otro lado, se visualiza que así como internamente tendemos a reforzar nuestro poder de negociación, también debemos unirnos para fortalecernos frente a los organismos creados por los países compradores, y así frente a planteamientos claramente desfavorables del ISY o ISO o cualquier otro que exista plantear una sola posición."

"Eso es lo que hace pensar en la necesidad de un organismo consultivo permanente que vaya más allá de los estudios técnico-económicos y las labores de diagnóstico y prognosis, y que tenga capacidad y respaldo de los gobiernos, para recomendar estrategias de acción, recomendar medidas y hacer planteamientos en nombre de los países subdesarrollados exportadores de mineral de hierro." (Martner, 1971) (134)

Esta iniciativa de formar una Asociación de Países Exportadores de Hierro vino a cristalizar hacia 1979 cuando se estableció la APEF, con sede en Ginebra.

Cooperación Sur-Sur

El Presidente Allende fue partidario de la cooperación entre países en desarrollo, y de sus visiones regionales e interregionales. En su discurso inaugural del 14º periodo de sesiones de la CEPAL, en Santiago, con fecha 27 de abril de 1971, dijo que el gobierno de Chile impulsaba "resueltamente cuantos esfuerzos se estaban realizando en ese momento o se emprendieran en el futuro, para instaurar nuevos canales de aproximación entre nuestras propias economías, paso necesario si queremos que la unidad latinoamericana sea algún día concreta y tangible. Los progresos realizados en el seno del Pacto Andino resultan en ese sentido una esperanza promisoria para el decenio que comienza."

"La contribución de la CEPAL a esta tarea debe continuar sustancial. Por eso nosotros desearíamos que colaborara todavía más estrechamente con la CECLA, aportándole su capacidad técnica. Y que, dentro de un horizonte más amplio, coordinara su actividad con las comisiones hermanas de África y Asia, en beneficio de los problemas comunes." (Allende, 1971)

El Ministro Almeyda, en su exposición el 1º de octubre de 1971, dijo ante la Asamblea General de Naciones Unidas:

"Todo empeño en este sentido, para tener éxito, debe hallar una correspondencia en el esfuerzo interno de cada uno de los pueblos en desarrollo, para acrecentar, movilizar y aprovechar racionalmente sus recursos naturales y humanos. Para ello es menester que los pueblos de Asia, África y América Latina desenvuelvan su propia capacidad científica y tecnológica, promuevan cambios profundos en su estructura socio-económica, ajusten los componentes externos del proceso de desarrollo a las necesidades y prioridades del desarrollo nacional, enmarquen el rol del capital privado extranjero al logro de esas prioridades, favorezcan los proyectos y mecanismos de integración regionales y subregionales, y promuevan su cooperación mutua.

"Esta lucha de los países subdesarrollados por impulsar el desenvolvimiento económico, afianzar su soberanía política y conquistar su emancipación social, es apoyada por los trabajadores de todo el mundo y por los Estados progresistas y avanzados, cuya política no está comprometida con la subsistencia de las actuales estructuras de injusticia internas y externas." (en Jorge Vera, 1987)

Control de las actividades de las empresas transnacionales

El Presidente Allende en su discurso ante la Tercera UNCTAD llamó la atención sobre el excesivo poder las empresas transnacionales. Dijo:

"Consideremos además la acción expoliadora de estos consorcios y su poderosa influencia corruptora sobre las instituciones públicas tanto de las naciones ricas como de las naciones pobres. Los pueblos se resisten a esta explotación, y exigen que los gobiernos interesados cesen de entregar parte de su política económica exterior a las empresas privadas, que se atribuyen el papel de agentes impulsores del progreso de las naciones pobres, y se han convertido en una fuerza supranacional que amenaza tornarse incontrolable."

"Esta realidad, que nadie puede negar, tiene profundas consecuencias para el quehacer de esta Conferencia. Corremos el grave riesgo de que aun cuando lleguemos a entendimientos satisfactorios entre los representantes de Estados soberanos, las medidas que acordemos no tengan efectos reales, por cuanto estas compañías manejan de hecho, en silencio y conforme a sus intereses, la aplicación práctica de los acuerdos.

"Ellas tienen sus objetivos, sus políticas comerciales, sus políticas navieras, sus políticas internacionales, sus políticas de integración económica, su propia visión de las cosas, su propia acción, su propio mundo.

"En los foros internacionales estamos discutiendo los elementos visibles de la estructura de dependencia del tercer mundo, mientras pasa a nuestro lado, invisibles como los tres cuartos sumergidos en un iceberg, las raíces condicionantes de esta situación.

"La UNCTAD debe estudiar muy seriamente esta amenaza. Esta flagrante intervención en los asuntos internos de los Estados es más grave, más sutil y peligrosa que la de los gobiernos mismos condenada por la Carta de las Naciones Unidas. Han llegado a pretender alterar la normalidad institucional de otras naciones, desatar campañas de dimensiones globales para desprestigiar a un gobierno, provocar contra él un boicot internacional y sabotear sus relaciones económicas en el exterior. Casos recientes y bien conocidos, que han escandalizado al mundo y que nos afectan directamente, constituyen una voz de alarma para la comunidad internacional que está imperiosamente obligada a reaccionar con vigor." (Allende, 1972)

El Embajador Díaz Casanueva en su intervención ante la Asamblea General de Naciones Unidas, el 2 de octubre de 1972, se refirió a este tema así:

"Creemos que se está adquiriendo conciencia de los muchos graves problemas que suscitan, tanto en la esfera interna como en la de las relaciones internacionales, las acciones de estas grandes Corporaciones Transnacionales. Por ello, como lo señaláramos en la Segunda Comisión, esperamos que el Secretario General de las Naciones Unidas, en breve plazo y antes del término del actual período de sesiones de la Asamblea, pueda informarnos sobre los pasos ya dados por el Grupo de Estudio constituido por la resolución 1721 (LIIIV) del Consejo Económico y Social, adoptada por consenso, en el análisis de la función y efectos de las corporaciones multinacionales en el proceso de desarrollo y sus repercusiones en las relaciones internacionales, junto a recomendaciones para una acción internacional apropiada."

"El Gobierno y el pueblo de Chile esperan que las Naciones Unidas impulsen prontamente la adopción de las medidas en desarrollo por parte de las Empresas Transnacionales, y de la cual nuestro país ha sido principal víctima, sin que hasta ahora la comunidad internacional haya actuado para evitar tales odiosas maniobras agresivas. Por su parte, mi Gobierno, en todos los foros internacionales, denunciará ante la conciencia mundial los ataques o intentos de subversión de la democracia chilena perpetrados por estos poderosos intereses imperialistas." (en Jorge Vera, 1987)

Como resultado de esta denuncia, Naciones Unidas lograría desarrollar diversas iniciativas tendientes a controlar la acción ilegal de las empresas transnacionales. Se formó una Comisión de Expertos de Alto Nivel que preparó un informe sobre la materia: se formó el Centro de Estudios de Empresas Transnacionales, dentro de la Secretaría de Naciones Unidas en Nueva York y se formaron comisiones para estudiar Códigos de Conducta para las Empresas Transnacionales y la Transferencia de Tecnología. Los estudios han avanzado, pero han sido bloqueados en las convenciones correspondientes.

El Canciller Almeyda en su discurso el 1º de abril de 1973, ante la OEA, en Washington, declaró:

"Ya claramente han quedado demostrado en el caso de Chile los excesos a que conduce la ilegítima intervención de las empresas transnacionales, que las organizaciones de trabajadores de todo el mundo han convocado precisamente en mi país, a una Asamblea Sindical Mundial, cuyo tema central será los problemas que plantea esa intervención ilegítima y en donde, sin duda, no sólo será ella denunciada, sino que también se propondrán medidas concretas para impedirla en el futuro. Ello constituirá un aporte fundamental al esclarecimiento y la solución de uno de los más candentes problemas que afectan al mundo contemporáneo." (Almeyda, 1979)

Deuda externa

El Presidente Allende en 1972 en su discurso inaugural de la Tercera UNCTAD en Santiago planteó su preocupación por la deuda externa y propuso realizar un estudio al respecto. Dijo:

"Los países en desarrollo ya debemos más de 70.000 millones de dólares, aunque hayamos contribuido a la prosperidad de los pueblos ricos desde siempre, y más todavía en las últimas décadas.

"Las deudas externas contraídas, en gran parte, para compensar los perjuicios de un injusto intercambio comercial, para costear el establecimiento de empresas extranjeras en nuestro territorio, para hacer frente a especulaciones con nuestras reservas, constituyen uno de los principales obstáculos al progreso del tercer mundo. Ya la Declaración de Principios del Programa de Acción de Lima y la resolución 2807 (XXVI) de la Asamblea General de las Naciones Unidas se preocuparon del endeudamiento. Esta resolución consideró entre otras cosas, las cargas cada día más pesadas que imponen al tercer mundo los servicios de las deudas, el debilitamiento de la transferencia bruta de recursos a los países en desarrollo y el deterioro de los términos del intercambio. Pidió enfáticamente a las instituciones financieras competentes, así como a las solicitudes de renegociación o consolidación con plazos de gracia, amortizaciones adecuadas y tasas de interés razonables. Además, invitó a los mismos países c instituciones a estudiar formas más racionales para financiar el desarrollo económico del tercer mundo. Esto es, para nosotros, muy satisfactorio.

"Yo creo que es indispensable realizar un estudio critico sobre cómo el tercer mundo ha contraído su deuda externa y las condiciones requeridas para que sea rescatado de ella sin perjudicar sus esfuerzos por superar el atraso. Ese estudio podría ser realizado por el Secretario General de la UNCTAD y presentado a la Asamblea General de las Naciones Unidas.

"Chile ilustra en este momento la gravedad de la situación. El valor de nuestras exportaciones es de 1.200 millones de dólares al año. Este año nos correspondería pagar 408 millones. No es posible que un país deba dedicar a servir su deuda externa 34 dólares de cada 100 que ingresan a sus arcas." (Allende, 1972)

Como puede verse. Allende se anticipó en si intuición de que la deuda externa podría pasar a ser un problema grave para los países en desarrollo y para Chile.

Fondo Mundial de Tecnología para el Desarrollo

El Canciller Orlando Letelier planteó en su discurso en la cuarta reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de los países miembros del Acuerdo de Cartagena, el día 1º agosto de 1973, en Lima, que:

"Vivimos en un mundo donde el concepto romano de la propiedad, aplicado a la tecnología, permite su aprovechamiento abusivo. Asistimos a una progresiva concentración en la disposición del conocimiento. Hoy, cerca de 500 empresas transnacionales controlan el 90% de la tecnología productiva mundial. Esas empresas tienen el derecho final de decidir si a un país, se le vende o no se le vende una determinada tecnología, o sea, si un país puede o no desarrollar una cierta línea productiva. Nada puede legitimar semejante poder. La tecnología debe cumplir una función económica en beneficio de la humanidad y, en consecuencia, debemos crear los mecanismos que permitan a los países subdesarrollados tener acceso en forma radicalmente diferente a la tecnología y a la investigación.

Así como, hasta el termino de la Segunda Guerra Mundial no existía el crédito público internacional, hoy no hay acceso a la tecnología a través de mecanismos públicos internacionales. Todo indica que debemos avanzar rápidamente hacia la creación de estructuras que lo permitan. Un paso importante podría ser la creación de un "Fondo Mundial de Tecnología para el Desarrollo" al cual gobiernos y empresas tuvieran que hacer aportes obligatorios en licencias, procesos industriales o formas de organización e investigación. D e este modo se avanzaría hacia la internacionalización de la tecnología." (en Jorge Vera, 1987)

Fondo de Desarrollo Humano Homogéneo

El Presidente Allende, ante la Tercera UNCTAD, en 1972, señaló:

"Es necesario buscar con empeño una ecuación económica viable entre las enormes necesidades de los pueblos y la prodigiosa capacidad productiva de las naciones ricas. La solución podría encontrarse en una estrategia de pacificación, mediante un plan de desarme que destinara un alto porcentaje de los gastos hasta ahora entregados al armamentismo y a la guerra, a un Fondo de Desarrollo Humano Homogéneo. Este Fondo podría estar abierto, prioritariamente para préstamos a largo plazo a las empresas de las propias naciones que los constituyen."

"Como el monto de los gastos anuales en armamentos y en guerra es ya superior a los 220.000 millones de dólares, existe un potencial de recursos más que suficientes para comenzar a plasmar una economía mundial solidaria.

"Sus objetivos serían reconvertir una economía de guerra en una economía de paz y, paralelamente, contribuir al desarrollo del tercer mundo. El Fondo financiaría grandes obras y programas destinados a estos países, de tal naturaleza que mantuvieran la mano de obra cesante por la reducción de gastos en armamentos que permitiesen con su producción, resarcir su costo y, sobre todo, que se constituyeran como empresas nacionales autónomas capaces de un crecimiento sostenido. Al mismo tiempo, iniciaría una nueva era de progreso económico continuado, de ocupación plena de los factores productivos, incluso de la totalidad de la fuerza de trabajo. Y, sobre todo, de superación progresiva del abismo que separa los pueblos prósperos de los pueblos expoliados."

"Esto no es una utopía. En este mundo obligado hoy a colaborar o a destruirse, nuevas ideas inspiradas no sólo en la justicia sino siempre en la razón pueden redundar en soluciones válidas para la humanidad." (Allende, 1972)

Esta idea se ha vuelto a plantear en 1987, al firmarse diversos tratados de desarme entre Estados Unidos y la Unión Soviética.

Un nuevo orden informativo mundial

El Presidente Allende, en su discurso inaugural de la Tercera UNCTAD, en Santiago, planteó los peligros del control de la información. Al respecto dijo:

"Debemos evitar que el avance de la ciencia y sus aplicaciones, al operar bajo el condicionamiento de estructuras sociales y políticas rígidas -tanto internacionales como nacionales- conspire contra la liberación humana. Sabemos que la revolución industrial, y la ola de transformaciones que trajo consigo, representó para muchos pueblos el mero tránsito de la condición colonial a la neocolonial y, para otros, la colonización directa. Por ejemplo, el sistema internacional de telecomunicaciones implica un peligro formidable. Está en un 75% en manos de los países desarrollados de Occidente; más del 60% de ese 75% es controlado por los grandes consorcios norteamericanos.

"Quiero decirle al señor Secretario General, y a las delegaciones aquí' presentes, que en menos de diez años penetrará a nuestras instituciones comunitarias y a nuestros hogares, dirigidas desde el extranjero por satélites de gran poder- transmisor, una información y una publicidad que, si no se contrarrestan con medidas oportunas, sólo aumentarán nuestra dependencia y destruirán nuestros valores culturales. Este peligro debe ser conjurado por la comunidad internacional que debe exigir control por las Naciones Unidas." (Allende, 1972)

Este visionario planteamiento fue recogido por Naciones Unidas y en particular la UNESCO que posteriormente culminó con un proceso de negociaciones para establecer "un nuevo orden internacional de la información", proceso que, como se sabe, ha sido bloqueado por Estados Unidos. Ex personeros del Gobierno de Allende -como Hernán Santa Cruz y Juan Somavía- llevaron adelante valiosas iniciativas para avanzar en las negociaciones.

Jornada Mundial en Información acerca del Desarrollo

Sobre esta materia, el delegado de Chile ante la Tercera UNCTAD, Hernán Santa Cruz, expresó en abril de 1972, que:

No podemos menos de saludar con gran satisfacción que Francia -como ya recordé-, por boca de uno de los políticos más influyentes de Europa, haya abordado este tema en el debate general, lanzando una idea imaginativa: la organización, bajo el patrocinio de Naciones Unidas, de una "Jornada Mundial de Información Acerca del Desarrollo" para suscitar un sentimiento perfectamente consciente por parte de la opinión de todos los países del mundo.

La delegación de Chile apoya con entusiasmo esta idea. Cree, sin embargo, que ella debiera combinarse con un drástico cambio de rumbos de la información pública de Naciones Unidas. Es increíble que siendo Ginebra el centro principal de la actividad del sistema de Naciones Unidas en materia económica y social, y la sede de UNCTAD, institución que ha asumido las mayores responsabilidades en materia de desarrollo, no exista un fuerte Centro de Informaciones. Un Centro que funcione en Ginebra, sena el único capaz de reflejar adecuadamente lo esencial de los debates y discusiones sobre el desarrollo y dar a conocer a la opinión pública de las naciones industrializadas los reales problemas de las naciones en desarrollo, las iniciativas y proposiciones.

Este centro y CESI -considerablemente mejorado por cierto- serian además los patrocinadores de la Jornada Mundial de Informaciones, trabajando en estrecho contacto con otras organizaciones no gubernamentales, particularmente con las organizaciones estudiantiles, sindicales, profesionales. Estoy seguro que estas ideas encontrarían esta vez el respaldo de la gran mayoría de los miembros de esta Asamblea, (en Odeplan, 1972)

Tratado sobre el Derecho del Mar

En su exposición en Nueva York ante Naciones Unidas, el Presidente Allende urgió la realización "de la Conferencia Mundial destinada a establecer el llamado Derecho del Mar", es decir, "un conjunto de normas que reglen, de modo global, todo lo referente al uso y explotación del vasto espacio marino, comprendiendo su subsuelo. Es esta una tarea grandiosa y promisoria para las Naciones Unidas, porque estamos frente a un problema del cual recién la humanidad, como un todo, adquiere conciencia, y aún muchas situaciones establecidas pueden conciliarse perfectamente con el interés general. Quiero recordar que cupo a los países del extremo sur de América Latina -Ecuador, Perú y Chile- iniciar hace justo veinte años esta toma de conciencia, que culminará con la adopción de un tratado sobre el derecho del mar. Es imperativo que ese tratado incluya el principio aprobado por la Tercera UNCTAD sobre los derechos de los Estados ribereños a los recursos dentro de su mar jurisdiccional y, al mismo tiempo, cree los instrumentos y los mecanismos para que el espacio extrajurisdiccional sea patrimonio común de la humanidad y sea explotado en beneficio de todos por una autoridad internacional." (Allende, 1972)

Como puede verse, una vez más Allende mostró su espíritu visionario ante una tarea que culminó algunos años después, consagrando los tratados sobre los derechos del mar.

El jefe de la delegación chilena, Humberto Díaz Casanueva, dijo ante el 26º periodo de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el 3 de octubre de 1972, que:

"Chile ha ofrecido su sede para que el primer año de la conferencia se realice en Santiago. Me corresponde agradecer en nombre de mi gobierno la calurosa acogida que ha recibido dicha invitación en países de todas las regiones y sistemas, durante el último período de sesiones de la Comisión. Confiamos en que esta Asamblea resolverá acoger dicha invitación. Para Chile, una favorable decisión sobre este punto será un gran aliciente a su política de negociación y cooperación internacionales, tanto en el plano latinoamericano como en el mundial, (en Jorge Vera. 1987)

4. Las relaciones con la Unión Soviética y los países socialistas

El Programa Básico de Gobierno estableció que "se reforzaran las relaciones, el intercambio y la amistad con los países socialistas". En cumplimiento de estas directivas, el gobierno de la Unidad Popular, desde su inicio, comenzó a extender sus relaciones diplomáticas y comerciales con el conjunto de los países socialistas, tanto de Europa Oriental como de Asia y América Latina. Con fecha 12 de noviembre de 1970, se reestablecieron las relaciones diplomáticas con Cuba (que habían sido interrumpidas el 11 de agosto de 1964). El 16 de noviembre se establecieron relaciones comerciales con la República Popular Democrática de Corea. El 15 de diciembre se abrieron relaciones diplomáticas con la República Popular China. Ya en 1971, con fecha 16 de marzo se establecieron relaciones diplomáticas con la República Democrática Alemana. El 25 de marzo se abrieron relaciones comerciales con la República Democrática del Vietnam. El 27 de mayo se establecieron relaciones diplomáticas con la República de Mongolia. El 10 de septiembre se abrieron relaciones diplomáticas con la República Popular de Albania. El 2 de octubre se elevaron las relaciones comerciales existentes con la República Popular de Hungría al nivel de relaciones diplomáticas. Más tarde, el 1º de junio de 1972, se elevaron a nivel diplomático las relaciones con la República Popular Democrática de Corea, lo mismo que las de la República Democrática de Vietnam. El 8 de septiembre de 1972, se establecieron relaciones diplomáticas con el Gobierno Revolucionario Provisional de la República de Sud-Vietnam. En 1973, con fecha 9 de enero se abrieron relaciones diplomáticas con el Gobierno de Camboya; y finalmente, en septiembre se decide mantener las relaciones diplomáticas con el Gobierno de Afganistán (hoy República Democrática de Afganistán).

Se hará aquí un estudio especial sobre los tipos de relaciones establecidas con los países socialistas y las modalidades de cooperación económica y técnica que comenzaron a desarrollarse.

a. Las relaciones con la Unión Soviética URSS

Las relaciones diplomáticas

Las relaciones diplomáticas con este país habían sido restablecidas por el Gobierno del Presidente Frei, pero obviamente habían de ampliarse bajo el Gobierno de la Unidad Popular. El marco de estas relaciones fue definido con acierto en el Comunicado Conjunto Chileno-Soviético dado a conocer al término de la visita oficial realizada por el Presidente Allende a la Unión Soviética, con fecha 9 de diciembre de 1972, al especificarse que:

Ambas partes señalaron con satisfacción que al llegar al poder en Chile el Gobierno de la Unidad Popular, las relaciones soviético-chilenas se desarrollan fructíferamente a base de los principios de respeto a la soberanía, no injerencia en los asuntos internos de cada uno y provecho mutuo. Entre la Unión Soviética y la República de Chile se firmaron convenios de carácter económico-comercial que contemplan ampliación del comercio chileno-soviético y prestación de asistencia técnica a Chile en el fomento de las industrias de cobre, química, pesquera y en la construcción de empresas industriales. La Unión Soviética coadyuva también a la realización de las prospecciones geológicas y a la preparación de cuadros nacionales. Se desarrolla con éxito la colaboración soviético-chilena en la esfera cultural y científica. Se están ampliando loa vínculos entre organizaciones sociales, ministerios y otros organismos de los dos países. Crece el intercambio de delegaciones a distintos niveles por las líneas estatales y sociales, (en Jorge Vera, 1987)

Por su parte, el Canciller Almeyda en una declaración en ocasión de celebrarse el 55 aniversario de la Revolución de Octubre, en Santiago, con fecha 6 de noviembre de 1972, dijo:

Nuestras relaciones económicas, científico-técnicas y sociales se desarrollan con éxito, con un contenido cada vez mayor, se hacen más estrechas, abarcan todos los campos y crecen los vínculos entre las organizaciones sociales. Ministerios e Instituciones de ambos países, existiendo condiciones favorables para su continuo desarrollo.

En el plano económico, en particular, deseo destacar que Convenios de crédito vigentes desde el Gobierno anterior, pero con escasa utilización, han podido aprovecharse para la construcción de diversos proyectos específicos y para la adquisición de diversos bienes de capital, habiéndose logrado ampliaciones significativas de su monto. Incluso hemos suscrito un nuevo Convenio, este año, sobre colaboración económica y técnica, que posibilita la próxima puesta en marcha de varias plantas industriales y estudios técnicos.

En el plano cultural, de acuerdo al Convenio vigente sobre colaboración científica y cultural, se ha venido cumpliendo el programa de intercambio elaborado por la Segunda Reunión de la Comisión Mixta Chileno-Soviética, que se reunió a comienzos del presente año. (en Jorge Vera, 1987)

La Cooperación económica

En el marco político descrito hasta aquí, se diseñaron diversos esquemas de cooperación entre Chile y la Unión Soviética, plasmados a través de diversas delegaciones chilenas que visitaron ese país -y también recíprocamente-. Dentro de ellas vale la pena destacar las visitas del Canciller Almeyda en junio de 1971 y del Presidente Allende en diciembre de 1972.

Durante el período noviembre de 1970 a agosto de 1973, se suscribieron los diversos Acuerdos, Convenios, Intercambios de notas, Programas y Protocolos (ver la obra de José Vera Castillo, ob. cit. p. 279 a 280).

Estos acuerdos de Gobierno a Gobierno se complementaron con otros suscritos a nivel de empresas e instituciones. (Ver obra de Vera Castillo).

Según Jorge Vera,

"Un hito fundamental de las relaciones soviético-chilenas fue la visita oficial realizada por el Presidente Salvador Allende a la Unión Soviética, del 6 al 9 de diciembre de 1972.

No sólo se trataba de la primera visita de un Presidente de la República de Chile a la URSS, sino que también era la reafirmación de la clara y decidida voluntad política exterior del Gobierno del Presidente Allende para incrementar las relaciones bilaterales con los países socialistas, y en primer lugar con la Unión Soviética. También marcó esta visita la inauguración de un nuevo período de las relaciones soviético-latinoamericanas, que se extiende hasta hoy, en constante desarrollo y consolidación.

Las visitas de Jefes de Estado o de Gobierno de los países de América Latina y el Caribe a la URSS y otros países socialistas de Europa Oriental comenzaron a ser regulares a lo largo de los últimos quince años, desde 1972, con excepción de Cuba, en que se habían iniciado ya en 1963." (Jorge Vera)

No existía en Chile, en realidad, una experiencia en profundidad en materia de cooperación técnica y financiera con países socialistas. Desde hacía muchos años, sin embargo, los programas de la izquierda habían preconizado una mayor cooperación entre Chile y los países socialistas. Luego de las visitas realizadas por el Ministro Almeyda y una delegación técnica a los países socialistas en 1971 y de negociaciones realizadas por el senador Altamirano, en el año 1972, se preparó una visita del Presidente Allende y una numerosa delegación técnica hacia diciembre de 1972, con el objeto de concretar proyectos de inversión en diversas áreas, ampliar el comercio y obtener financiamiento. Un oficial de las fuerzas armadas exploraría, por separado, posibilidades de adquisición de armamento de acuerdo con el deseo de las fuerzas armadas chilenas; misión esta última que se complementó con la visita del general Carlos Prats, Ministro de Defensa de Chile en 1972.

Naturalmente, antes de iniciarse la visita de Allende, la administración pública chilena realizó preparativos para la ocasión. La Secretaría de Relaciones Económicas Exteriores SEREX hizo consultas con la embajada soviética en Santiago en materias técnicas; los organismos de CORFO prepararon carpetas de proyectos, lo mismo que CODELCO y el sector agrario. ODEPLAN formuló un conjunto de proyecciones macroeconómicas para el largo plazo, incluyendo producción y exportaciones de cobre y servicios de la deuda externa. El Banco Central preparó las conversaciones sobre financiamiento. El Ministro de Relaciones Exteriores preparó la gira del Presidente por México, Naciones Unidas (Nueva York), Unión Soviética, Argelia y Cuba.

En reuniones de Gabinete de Ministros, se aprobaron las materias que serían tratadas en las conversaciones con la Unión Soviética. Estas conversaciones se desarrollarían en dos partes: una destinada a negociar compra de alimentos, y pactar cooperación económica, y otra sobre financiamiento de corto plazo. Obviamente las conversaciones políticas las encabezaría el Presidente Allende, su Ministro de Relaciones, Clodomiro Almeyda y su asesor especial, embajador Hernán Santa Cruz.

Dentro del sector político, participaron el senador Luis Corvalán, Secretario General del Partido Comunista y Luis Figueroa, Presidente de la Central Única de Trabajadores CUT y a la sazón Ministro del Trabajo.

Los aspectos relacionados con armamentos estuvieron a cargo del jefe del Estado Mayor del Ejército. El equipo económico estaba compuesto por dos subgrupos; el primero estaba formado por técnicos de los organismos de desarrollo y fue dirigido por Gonzalo Martner, Ministro-Director de ODEPLAN, autor de este libro; y portavoz en las conversaciones con el Gosplan, la oficina de planificación de la URSS, y estaba integrado por Ernesto Torrealba, Director de Serex, Penando Fajnzylver, jefe de planificación del Serex, y unos doce técnicos más pertenecientes a diversas empresas de CORFO y del área social. Las conversaciones financieras estuvieron a cargo de Alfonso Inostroza, Presidente del Banco Central de Chile, quien actuó personalmente ante el Banco Central de la URSS.

La delegación técnica chilena fue enviada por partes a Moscú. Primero llegó el equipo de Serex, dirigido por Torrealba, con los técnicos sectoriales hacia mediados de noviembre de 1972; Martner llegó algunos días después a fin de establecer las conversaciones a nivel ministerial con la parte soviética; más tarde llegó Alfonso Inostroza y Luis Figueroa. Todo el grupo fue alojado en la residencia de delegaciones extranjeras en las Colinas de Lenin, un lugar en las afueras de Moscú, tranquilo y un poco aislado. Allí deliberaba la delegación chilena cada tarde y noche y se configuraban las posiciones tácticas de negociación, abiertas en unas diez áreas de desarrollo; pesca, minería, industria pesada, industria liviana, petróleo, electricidad, transportes, etc.

En la delegación chilena existía una fuerte tensión. Desde luego, todos teníamos frescos los días vividos durante el paro de octubre. Algunos miembros del grupo estaban altamente politizados, otros eran tecnócratas, y no faltaban algunos burócratas. La mayoría eran militantes de los diversos partidos de la Unidad Popular. Algunos eran miembros del PC chileno, otros socialistas y entre estos últimos predominaba un sentimiento anti-soviético, a veces no disimulado. Existía nerviosismo entre el equipo técnico y no había acuerdo para entender e interpretar las respuestas soviéticas. Entretanto, Corvalán y Figueroa conversaban con el PC de la URSS. Los días pasaban y no habían respuestas claras de la parte soviética, lo que aumentaba el ambiente de desconfianza que se iba generando.

En las horas de revisar el avance logrado, los miembros de la delegación planteaban problemas concretos y difíciles de resolver. Los técnicos chilenos, educados en la tecnología de occidente, encontraban difícil de adaptar las tecnologías soviéticas en Chile, y si se lograba, surgía el problema de repuestos; ¿quién abastecería de repuestos a los equipos a adquirir? A mi juicio las opiniones de los técnicos eran válidas en gran medida y me parecía patriótica su posición seria de velar por el interés de Chile, antes de lograr un avance fácil en las negociaciones, adoptando soluciones que después no funcionarían.

Se fueron generando así diversas posiciones en la delegación chilena y el Ministro-Director de ODEPLAN recibía en la mesa de negociaciones con los personeros del Gosplan al frente, diversas notas sugiriendo planteamientos y respuestas de nuestra parte, a la soviética. Recuerdo haber recibido notas, diciendo "no se puede aceptar", "sí se puede aceptar" u otras sugerencias. Los niveles de desacuerdo eran marcados, y largas reuniones celebradas dentro de la delegación hacía penoso lograr avances en las posiciones chilenas.

Sesiones de tres a cuatro horas en la mañana y otras tantas en la tarde nos dejaban agotados y a la vez no recibíamos indicación de progreso, todo debía elevarse a niveles superiores para consulta en la parte soviética antes de dar respuesta. Nos explicaron al final que en el sistema soviético, debería acumularse todo el paquete de la negociación y finalmente resolverse al nivel de los jefes de Estado.

La llegada de Allende y su comitiva a Moscú, el día 6 de diciembre de 1972, fue normal en su desenvolvimiento. Fue recibido por Breshniev , Cosigyn, Podgomy y Gromyko y altos dirigentes en el aeropuerto, desde donde la comitiva se dirigió después de un largo trayecto, donde fue aplaudido por el público ubicado en las veredas, al Kremlin, donde se alojó la comitiva presidencial. Allí nuestra delegación técnica informó al Presidente acerca de las conversaciones con Gosplan. Se dio cuenta de que no había respuesta para financiar unos 240 millones de rublos en comercio y proyectos importantes para Chile. El Presidente del Banco Central informó que sus conversaciones con el Banco Central de la URSS no parecía dispuesto a prestar el equivalente a 80 millones de dólares solicitado por la parte chilena para saldar el déficit de caja que se produciría en el primer trimestre de 1973 y que impedía pagar los saldos en contra de Chile del "clearing" de ALALC. (135)

El Banco Central soviético señaló que carecía de dólares frescos, que ellos manejaban rublos y no dólares en sus operaciones, y que los pocos dólares disponibles (que eran escasos para el comercio con occidente) estaban en algunos bancos sucursales en Londres y otros países. El Presidente Allende recibió, con desaliento, las noticias que le dio el equipo técnico. A la hora de comida en el Kremlin, en la que los chilenos se reunieron dentro del recinto reservado a la delegación gubernamental, había un ambiente de desmoralización y tensión. Todas las conversaciones, a nivel diplomático, partidario y técnico parecían no haber producido resultados. La parte soviética había dado a la delegación chilena el tratamiento usual que se daba a toda delegación visitante (esto disgustaba a ciertos miembros de la delegación).

Ello se debía, a nuestro juicio, a que la Unión Soviética no veía al Gobierno de Allende como un gobierno socialista, integrado al sistema de cooperación entre países socialistas (CAME). Los soviéticos consideraban al Gobierno de Allende como un gobierno progresista, pero que estaba destinado a permanecer en la órbita de los países capitalistas occidentales. La URSS al parecer no estaba en condiciones de dar a Chile el mismo tratamiento (costoso) dado a Cuba Socialista. Más aún, cuando Vietnam era despiadadamente bombardeado por Nixon (se dice que en 1972 se lanzaron en Vietnam del Norte más bombas que durante la segunda guerra mundial).

No obstante las circunstancias, Allende se decidió a jugarse a fondo en los tres días que estaría en Moscú y así lo hizo, en especial para obtener los 80 millones necesarios para los compromisos con ALALC. Al día siguiente de su llegada, se realizó la conversación de alto nivel en el Kremlin. Una larga mesa fue rodeada por un lado con la delegación chilena, al centro de la cual estaban el Presidente Allende y su Canciller Almeyda, por el otro estaba al centro Leónidas Breschniev, Presidente del Presidium, y su Ministro de Relaciones Exteriores, Gromyko. Allende hizo una intervención política, explicó su visión del proceso chileno; sus dificultades para resolver ciertos problemas internos, el desabastecimiento y la necesidad de importar ciertos alimentos, la inflación, etc. Lo hizo con gran dignidad y elevación y terminó señalando su preocupación por el trato que se le da en la URSS a ciertas minorías entre ellos a los judíos rusos y otros sectores y señaló su preocupación por la pugna con China. Breschniev hizo una larga exposición, acerca de la política soviética, sus logros y terminó explicando sus posiciones internacionales; y también explicó las diferencias con China y sus dificultades con las minorías judías y otras, que se negaban a adaptarse al sistema socialista destacando que facilitaba la salida de los que lo desearan.

Luego de estos planteamientos generales, Allende solicitó una reunión privada y personal con Brezniev. Esta entrevista, en la que obviamente no estuve, fue el momento en que Allende solicitó con fuerza la ayuda para financiamiento de compra de alimentos, de proyectos de inversión y el financiamiento de corto plazo. Brezniev dio orden a los organismos correspondientes a volver a discutir las cuestiones planteadas. Se volvió a discutir con Gosplan; y el tono de la discusión se enervó; la parte soviética dijo "como van a pagarnos los créditos", respondimos con "exportaciones de cobre", y ellos dijeron "y para qué necesita cobre la URSS, cuando hemos hecho grandes inversiones en minas de cobre en Siberia y abasteceremos nuestras necesidades internas. Nos pidieron proyecciones del balance de pagos chileno, e insistimos en las proyecciones de ODEPLAN, para el largo plazo; podíamos pagar los créditos. Finalmente, los soviéticos dijeron "y para qué quieren 240 millones de rublos más, cuando hace poco tiempo hemos concedido a la misión Altamirano la suma de 200 millones de rublos y de esta suma hasta el momento uds. han girado sólo el l%. Se explicaron las objeciones que hacíamos a la tecnología y a la falta de repuestos, lo que atrasaba el giro de los fondos ya autorizados. (136)

Después de diversas explicaciones y discusiones, se acordó estudiar en detalle los proyectos de inversión enviando a Chile expertos soviéticos que junto con los chilenos asistieran en el terreno los programas finales. (Esto se hizo en los meses posteriores), en vista de las objeciones que planteaban los chilenos acerca de tecnología y repuestos.

Respecto de la compra de alimentos, los soviéticos objetaron que las conversaciones sobre estas materias se hicieran en diciembre; cuando los planes anuales se cerraban en junio de cada año; todos los excedentes exportables estaban articulados dentro de los planes del CAME; como echar pie atrás, tan tarde. De todos modos se sugirió conversar con otros países socialistas de Europa Oriental. (137)

El Presidente del Banco Central volvió a conversar con la parte soviética y como la respuesta fue negativa, se decidió que partiera del país y se dirigió a París. Esta actitud preocupó a los soviéticos y Alfonso Inostroza volvió a ser llamado a Moscú. Los soviéticos sostenían no disponer de dólares en sus bancos, y no ver sentido a prestar los pocos que tenían para que Chile finalmente, a través de ALALC, los pasara a empresas transnacionales de norteamérica. Al regreso de Inostroza, la discusión siguió igual, pero los soviéticos aceptaron finalmente prestar 45 millones solamente, y para ello Inostroza debería viajar a Londres para definir los detalles. (138)

El Presidente Allende seriamente preocupado con la situación que podría producirse con el clearing del 5 de enero de 1973 en ALALC y la posibilidad de que Chile fuera declarado insolvente por los países latinoamericanos, decidió jugarse por entero. Pidió hablar con Brezniev, pero este estaba hospitalizado por unos días afectado con la enfermedad que le aquejaba. No quedaba sino hablar con los otros líderes soviéticos en la recepción que se daría en el Kremlin el último día de la visita a Moscú, antes de partir a Kiev. Efectivamente, en el curso de la recepción Allende habló personalmente con cada tino y les planteó sus puntos de vista y luego a ellos en conjunto. Hizo un supremo esfuerzo de persuasión y finalmente logró la promesa de un préstamo por los 45 millones de dólares -citados. Allende estaba agotado y al retirarse lo hizo con Ernesto Torrealba y yo, y pidió descansar en una pequeña sala, donde fatigado y lleno de tristeza señaló muchas cosas de las cuales recuerdo que dijo "jamás me había empleado más a fondo..." y no hemos resuelto el problema principal, la ALALC nos declarará insolventes y este es el fin..."

Informada la delegación técnica, cundió el pesimismo y en el Kremlin sólo se veían cargas largas. Todas las esperanzas colocadas en la visita parecían frustradas. Algunos propusieron que Allende cancelara su estadía en Kiev, como señal de desagrado, pero esta no fue considerada. Pocas horas después, terminado el intenso y fatigoso trabajo de ese día, Allende cumplió íntegramente, y con su prestancia de siempre, todos los compromisos en Kiev, y agradeció la hospitalidad del pueblo soviético y del Gobierno de la URSS.

La visita de Allende a la Unión Soviética ha sido interpretada de muchas maneras por diversos autores. Incluso se ha dicho que Allende había solicitado a la URSS que le financiara el saldo de la balanza de pagos. Esto lo he leído en diversos trabajos. Como jefe de la delegación técnica, yo no plantee en ningún momento esta petición. Según mi conocimiento, en ninguna instancia técnica se conversó un asunto como este; no se si fue hecho a nivel político, en conversaciones partidarias, pero no recuerdo que se haya planteado en las conversaciones de Estado a Estado.

Pero la falta de comprensión sobre las necesidades de Chile, abarcó también a países de otras agrupaciones. La escala técnica de Allende en Argel y su conversación con Bouhmedian, tenía también el objetivo de solicitar ayuda. Además se habían enviado emisarios a Libia, para pedir préstamos de corto plazo. Al llegar Allende y la comitiva presidencial a Argel, los recibió el Presidente Bouhmedian. En las conversaciones este último expresó su interés en el proceso chileno y señaló que si Allende probaba frente a la historia que se podía llegar al socialismo sin el uso de la fuerza, esto cambiaría el curso de los hechos populares en el futuro.

De sus conversaciones en Argel y de los informes presentados por emisarios enviados a Libia, Allende se enteró que ni un sólo dólar petrolero le sería facilitado para ayudar a su Gobierno a enfrentar los problemas del proceso chileno.

Si quince años después de los acontecimientos, uno piensa que el Presidente Allende, solicitaba en nombre del pueblo de Chile, que lo eligió su Presidente, unos pocos millones para enfrentar algunos problemas, cuando se recuerda los miles y miles de millones que se han manejado por los países petroleros primero y luego por la banca internacional, no puede sino concluirse de qué lejos se estuvo en poner en práctica la predicada "solidaridad internacional" en el año 1972.

De las conversaciones del Presidente Allende y los países socialistas no se pueden sacar conclusiones livianas. En la experiencia relatada hubo varios problemas tanto por la parte chilena como soviética que se tradujeron en los resultados descritos. Desde luego, Chile pidió dólares frescos a un país que comercia en rublos, pidió compras de alimentos en el último mes del año cuando estaba cerrada la matriz de importaciones y exportaciones al interior del CAME y todo ello lo hizo cuando apremiaba la ayuda a Vietnam en el año decisivo de su larga guerra. Los soviéticos, a su vez, fueron lentos y rígidos y demostraron falta de imaginación frente al caso chileno. Todo esto, sin embargo, no invalida para el futuro entendimiento posible entre Chile y los países socialistas. Sería absurdo, como lo hacen algunos, desprender de este caso, una ley científica sobre relaciones internacionales de carácter inmutable y descalificar el potencial de comercio y cooperación técnica que ofrece el mundo socialista, en especial después de iniciarse la "perestroica" y su programa de reestructuración del sistema soviético.

b. Las relaciones con China

Como se dijo antes, el Gobierno de Allende estableció relaciones diplomáticas con la República Popular China, de Mao Tse Tung y Chou Enlai, el 15 de diciembre de 1971, relaciones inexistentes desde el nacimiento de esta República en 1948. El país había sido aislado del mundo, se había bloqueado su ingreso a Naciones Unidas, donde continuaba representando a China el líder de Taiwán. El Gobierno de Allende rompió la tradición de la Cancillería chilena de seguir los lineamientos internacionales del Gobierno de Estados Unidos y estableció relaciones con China y con el voto de Chile en 1972, la República Popular China pudo ingresar a Naciones Unidas, poniendo fin a varios decenios de ostracismo. En verdad, el gesto del Gobierno de Allende, influyó en dicha admisión, que hacía justicia a la nación China.

Las relaciones entre Chile y China comenzaron por esfuerzos de mayor conocimiento mutuo. Correspondió al autor de este libro iniciar contactos económicos que Vera Castillo acertadamente resume así:

"Otro hito remarcable del incremento y estructuración de las relaciones chileno-chinas fue la estada en Pekín de una importante Misión Económica gubernamental de nuestro país, la cual fue encabezada por el Ministro Director de la Oficina de Planificación Nacional (ODEPLAN), Gonzalo Martner García, durante los meses de abril a junio de 1972. Se trató de una muy pedagógica experiencia de entrenamiento para entablar negociaciones concretas con la parte china. Por ello, desde Chile viajó un grupo avanzado de expertos a la República Popular China, el 24 de abril de 1972. Compuesto por un número de diez expertos, este grupo permaneció en Pekín hasta el 28 de mayo, fecha en la cual llegó la misión económica propiamente tal, encabezada por el Ministro-Director Martner García, e integrada por el vicepresidente de la Corporación de Fomento de la Producción (COREO), Kurt Dreckmann, el embajador de Chile en China, Armando Uribe, y cuatro expertos del grupo avanzado. Esta delegación permaneció en la RP China hasta el 8 de junio, fecha en la cual procedió a firmar cuatro convenios."

"Estos instrumentos suscritos fueron un convenio de crédito de mercancías proporcionado por el gobierno de la República Popular China al gobierno de la República de Chile; un acuerdo comercial a largo plazo; un convenio de pagos y un convenio de cooperación económica y técnica."

Las relaciones políticas entre Chile -y China fueron afianzadas durante la visita del Canciller Almeyda a Pekín realizada en 1973.

El comercio entre Chile y China creció entre 1971 y 1973. Las exportaciones chilenas fueron de 65 millones de dólares en 1971, de 23.2 millones en 1972 y de 0.5 en 1973. Las importaciones desde China subieron de 1.5 millones en 1971, a 3.2 millones en 1972 y a 5.9 millones en 1973. (Según cifras del Banco Central de Chile. "Indicadores económicos y sociales. " 1960-85)

c. Apreciación global

El total de los créditos acordados por los países socialistas a Chile durante el Gobierno del Presidente Allende, como resultado de la suma de los créditos específicos -considerados en los contenidos de los acuerdo, convenios y protocolos, extraídos de las fuentes indicadas-, fue de 445.2 millones de dólares, a septiembre de 1973, más un crédito de 20 millones de libras esterlinas. De allí que pueda sostenerse, con rigor, que los créditos contemplados bajo los parámetros de Fuentes y contenidos indicados más arriba, alcanzaron aproximadamente un total general de 485,4 millones de dólares. (Jorge Vera, 1987)

La cifra que hemos presentado anteriormente, de un monto total de los créditos acordados ascendente a 445,2 millones de dólares, se desglosa de la manera siguiente, en el transcurso de los anos 1971, 1972 y primeros ocho meses de 1973, expresados todos en millones de dólares. Igualmente se indica el total resultante por cada país socialista otorgante:

Unión Soviética 234.9 millones de dólares
Checoslovaquia 42.0
Hungría 20.0
Bulgaria 48.3
Rumania 55.0
Polonia 35.0
China Popular 5.2
RPD de Corea 5.0

"Si se tiene en cuenta la existencia de créditos acordados pero no contemplados bajo los parámetros utilizados en esta investigación, podrán entenderse y aceptarse como referencialmente válidas la cantidad total de 460 millones de dólares, señalada por el Presidente Allende en el mes de agosto de 1972, y la de 500 millones de dólares, indicada por el Ministro Almeyda en noviembre de 19 72." (Jorge Vera, 1987)

Por todo lo anterior, puede afirmarse que el total de los créditos acordados por los países socialistas a Chile, en el periodo histórico que abordamos, se situó en una cifra sin duda superior a los 500 millones de dólares, y en todo caso más cercano a los 600 millones de dólares.

En sus memorias, Henry Kissinger habla de una ayuda de 650 millones de dólares, contra una supuesta ayuda estadounidense de 950 millones en el mismo lapso. (Kissinger, Vol. I, p. 473).

Con respecto al comercio con los. países socialistas de Europa y Asia cabe señalar que hasta 1970 era casi inexistente y en pocos años logró ampliarse como lo muestra el Cuadro 9.

CUADRO 9
Comercio entre Chile y países socialistas
(millones de dólares)
Exportaciones a: Importaciones desde:
1971 1972 1971 1972
Unión Soviética - 8.69 - 5.13
Bulgaria - - - 0.20
Checoslovaquia 0.15 0.28 1.82 1.85
RDA - 0.32 - 0.91
Hungría - - - 0.03
Polonia 3.00 2.89 1.05 0.96
Rumania - 2.89 - 3.28
Yugoslavia 5.78 0.69 0.11 0.16
China Popular 6.47 23.17 1.49 3.17
RPD de Corea - - - 0.03
Total 15.40 36.36 4.47 15.72
Fuente: Banco Central.

En 1971 las exportaciones de Chile a los países socialistas representaron el 1.6% del total de exportaciones del país y en 1972 el 4.3% de dicho total. Con respecto a las importaciones desde los países socialistas representaron el 0.4% y el 1.1 % en los mismos años dentro de las importaciones totales de Chile.

Todas las cifras mencionadas antes demuestran que se inició un proceso de cooperación entre Chile y los países socialistas y que el comercio entre 1971 y 1973 representó porcentajes reducidos dentro del total. (Para mayor información ver Capítulo III sobre la re-inserción de Chile en la economía mundial). Estos antecedentes desmienten a quienes, sin seriedad técnica ni política, han afirmado que Chile fue incorporado en la "órbita socialista" y pasó a ser un satélite de la Unión Soviética y Cuba.

5. Las relaciones con Estados Unidos (139)

Por largos años, Chile se había insertado en la esfera de influencia de Estados Unidos, formando parte sumisa del sistema interamericano. Este sistema tiene a lo largo de los años, serias rupturas siendo la principal, tal vez, el caso de la revolución cubana; el sistema decide expulsar a Cuba de entre sus miembros y a la vez el Gobierno de Kennedy establece el programa llamado Alianza para el Progreso, que a cambio de ciertas reformas, ofrece créditos para el desarrollo. El Gobierno de Frei, se acoge con entusiasmo al programa y recibe una generosa ayuda norteamericana.

El Cuadro 10 muestra, en resumen, los aportes de diversas fuentes.

CUADRO 10
Ayuda de Agencias seleccionadas del Gobierno de Estados Unidos
y organismos internacionales durante el Gobierno de Frei
(millones de dólares)

1964-1970

USAID 397.5
Alimentos para la Paz (PL 480) de Estados Unidos 108.6
Asistencia militar de Estados Unidos 52.5
Banco de Exportaciones e Importaciones EE.UU. 278.0
Banco Mundial 120.6
Banco Interamericano 208.7
Total 1.165.9
Fuente: US. Agency for International Development.

Como puede verse, entre 1964 y 1970 el Gobierno obtuvo una ayuda equivalente a 1.165 millones de dólares, registrando el nivel más elevado de "ayuda externa" que se conocía hasta esa fecha. Algunos autores (Petras y Morley, 1975, y también Kissinger, 1979) sostienen que "entre 1961 y 1970 Chile fue el mayor receptor, entre los países latinoamericanos a nivel per cápita, de préstamos de la alianza para el Progreso" aproximadamente 1.3 a 1.4 millones de dólares. Si a estas sumas se agregan los 720 millones que las empresas norteamericanas del cobre obtuvieron para financiar el plan de expansión, se llega a aportes de origen estadounidense y de agencias vinculadas al gobierno americano del orden de 1.885 millones de dólares. A la par de las contribuciones al gobierno, cabe recordar que la CIA hizo importantes aportes al Partido Demócrata Cristiano. El ex embajador Davis las resume así:

"La incursión encubierta de los Estados Unidos en la política Chilena no comenzó ni terminó con la crisis de las siete semanas de septiembre y octubre. Se habían distribuido tres millones de dólares para financiar la campaña de los demócratacristianos en las elecciones de 1964 y se habían aprobado pequeñas sumas para las elecciones al Congreso de 1965 y 1969 y para otros proyectos políticos. La CIA fue autorizada a gastar aproximadamente 425.000 dólares en propaganda antiizquierdista durante la campaña electoral de 1970. En enero de 1971, el comité de los Cuarenta aprobó 1.24 millones de dólares para la adquisición de emisoras de radio y periódicos y para apoyar a candidatos contrarios a la Unidad Popular en las elecciones municipales de abril. Entre enero y julio de 1971, el comité de los Cuarenta autorizó medio millón de dólares más, la mayor parte destinada a ayudar al partido democratacristiano. Para las elecciones locales de Valparaíso, el Comité votó a favor de un incremento de 150.000 dólares más. En septiembre, el comité aprobó 700.000 dólares para apoyar a El Mercurio. Durante el primer año del Gobierno de Allende, estas subvenciones llegaron a superar ligeramente los 2.5 millones de dólares." (Davis, 1986)

Naturalmente, el apoyo norteamericano a los programas de Frei elevaron la deuda externa y su servicio fue pactada a corto plazo con fuertes vencimientos en los años 70. Todo el esfuerzo norteamericano fue hecho para evitar la caída de Chile en la "órbita marxista", lo que vendría a "favorecer a Cuba", impidiendo la elección de un gobierno de izquierda. Todo el espíritu del Programa de la Alianza para el Progreso era anti-comunista y no "pro-latinoamericanista". Al final del Gobierno de Freí (1968-70) la tasa de crecimiento del producto por persona fue negativo, el desarrollo industrial estaba paralizado y existía amplia capacidad productiva ociosa (como se explicará en el Capítulo VII).

Reacciones frente al triunfo de Allende

Después de las esperanzas colocadas en el "ejemplo" chileno, grande fue la frustración del Gobierno de Estados Unidos, cuando triunfó Salvador Allende en las elecciones del 4 de septiembre de 1970. Nathaniel Davis, ex embajador de Estados Unidos en Chile (Davis, 1986) describe así la reacción del Presidente Nixon: "Parece que en Washington Richard M. Nixon y Henry A. Kissinger estaban furiosos. Al describir la reacción del Presidente ante las elecciones chilenas del 4 de septiembre, Kissinger dijo que "Nixon estaba fuera de sí" y añadió que el Presidente culpó al Departamento de Estado y al embajador Edward M. Korry por el resultado." En efecto Kissinger escribió:

La reacción en Washington, donde durante el verano todos se habían refugiado en encuestas consoladoras, fue una sorpresa aturdidora. Los funcionarios tienden a reaccionar ante las situaciones desagradables ignorándolas, en la esperanza de que desaparezcan. Frecuentemente lo hacen; no todas las catástrofes anunciadas ocurren en realidad. Pero cuando la sabiduría corriente alienta a la inacción, no deja margen para lo irrevocable. Y fue lo irrevocable lo que apareció ante nosotros tan inesperadamente en septiembre de 1970.

Nixon estaba fuera de sí. Por más de una década había criticado duramente las administraciones demócratas por permitir el establecimiento del poder comunista en Cuba. Y ahora, lo que él percibía -correctamente- como otra Cuba había surgido a la vida durante su propia administración sin que a él se le hubiera dado la oportunidad de tomar una decisión. Esto explica la virulencia de su reacción y sus insistencia en hacer algo, cualquier cosa, que anulara la negligencia anterior. Como él culpaba al Departamento de Estado y al embajador (erróneamente en el último caso) por el estado de cosas existente, trató en todo lo posible de ignorar la burocracia. Esa actitud fue en realidad innecesaria, pues ahora que era casi demasiado tarde, todas las agencias se lanzaron a una frenética reevaluación. Algunos se sintieron algo avergonzados acerca de sus anteriores evaluaciones optimistas o dilaciones confiadas; todos se sentían frustrados; ahora al fin existía unanimidad sobre el hecho de que algo tenia que hacerse, espoleados por un presidente decidido. Desgraciadamente, ahora ya era muy tarde. Una fracción del esfuerzo a favor de candidato antes del 4 de septiembre bien podría haber evitado la nueva situación. Ahora nos veíamos forzados a improvisar mientras estábamos enfrentados a un plazo estricto sin ninguna preparación verdadera. Al escapársenos el tiempo, nuestras acciones eran realmente frenéticas" (Kissinger, Memorias, Vol. I).

Y sigue el relato de Davis:

"Thomas Powers, en su libro sobre el director de la CIA, Helms, narra un encuentro, a mediados de octubre, cinco semanas después de las elecciones chilenas, entre el Presidente Nixon y el embajador Korry: 'Kissinger..., preguntó a Korry si quería hablar con el Presidente... Nixon se encontró con ellos en la puerta y sorprendió a Korry, mientras la puerta se cerraba, pegando con el puno en la palma de la mano y gritando: "Ese hijo de puta! ¡Ese hijo de puta!!" La expresión en el rostro de Korry interrumpió la perorata de Nixon. "Usted no, señor embajador... Es ese bastardo de Allende." "Entonces empezó un monólogo explicando cómo pensaba aplastar a Allende, pero luego Korry repitió el aviso que le había hecho a Kissinger (que el apoyo norteamericano a un golpe militar en Chile podría ser contraproducente), y a pesar de la determinación de Nixon de bloquear a Allende pareció algo desconcertado." (Davis, 1986)

En verdad, el Gobierno de Nixon colocó el caso de Chile en la perspectiva Este-Oeste.

Chile entra en el conflicto Este-Oeste

Esta visión surge ya desde la percepción del embajador Korry que fue explicada así por Kissinger:

Edward Korry, nuestro embajador en Chile desde 1967 y originalmente nombrado por Kennedy, informaba

Chile votó con calma para tener un estado marxista-leninista, la primera nación del mundo en hacer esta elección libremente y con conocimiento. Su margen es de sólo un 1 por ciento pero es lo suficientemente amplio en el marco de la constitución chilena como para asegurar su triunfen como definitivo. No hay razón para creer que las fuerzas armadas chilenas desaten una guerra civil o para que algún otro milagro se interponga para anular la victoria. Es un hecho triste que Chile haya tomado la ruta del comunismo, con sólo un poco más que un tercio (36 por ciento) de la población aprobando esta elección, pero es un hecho inmutable. Tendrá un efecto muy profundo en América Latina y el resto del mundo: hemos sufrido una grave derrota, las consecuencias serán internas e internacionales; sus repercusiones tendrán efectos inmediatos en algunos lugares y más retardados en otros.

Las oraciones fueron subrayada por Nixon cuando le envié el informe de Korry. Este estaba convencido de que "solamente Chile en el mundo occidental y democrático tiene las condiciones objetivas para permitir una transición constitucional única hacia un estado comunista con el gobierno de Allende". Citaba la fortaleza y organización de los partidos marxistas, los amplios poderes de la presidencia en Chile, la creciente tendencia ya muy avanzada hacia la intervención del estado en el sector económico, y el desorden entre las fuerzas democráticas en Chile." (Kissinger, 19 79, p. 457)

Como puede verse desde un comienzo el triunfo de Allende fue percibido en Estados Unidos, como un peligro y de inmediato fue clasificado en el contexto de la confrontación Este-Oeste. Y, además, con una gran capacidad de irradiación en el "patio trasero" de Estados Unidos. Así lo explica Kissinger cuando decía:

Su meta declarada por más de una década antes de ser presidente había sido minar nuestra posición en todo el hemisferio occidental, por la violencia si era necesario. Debido a que era un país continental, la capacidad de Chile para hacerlo era mucho mayor que la de Cuba, y ésta presentaba un desafío substancial; de hecho estábamos en medio de un enfrentamiento acerca de Cienfuegos cuando Allende fue elegido. Chile limitaba con Argentina, Perú y Bolivia, todas plagadas con movimientos radicalizados. El éxito de Allende habría tenido importancia también para el futuro de los partidos comunistas en Europa occidental, cuyas políticas inevitablemente socavarían la Alianza occidental fuesen cuales fuesen sus fluctuamos alegatos de respetabilidad. Ningún presidente responsable podría ver el acceso de Allende al poder con otro sentimiento que no fuera inquietud. (Kissinger, 1979.p.458)

Como puede verse, se percibía a Allende como un peligro mayor que Cuba y su "éxito" tendría importancia incluso en Europa Occidental. De este modo, Allende sin quererlo ni desearlo pasó a ser una pieza clave en el enfrentamiento Este-Oeste. De ahí para adelante la primera potencia mundial trataría de hacerle la vida imposible.

El embajador Korry reiteró en diversos memorándums a su gobierno su visión del "peligro" de Allende. Al respecto decía:

Ahora es bastante fácil predecir que, si Allende gana, hay una posibilidad de que establezca por un períodos de años algún tipo de gobierno comunista. En ese caso, lo habrá no en una isla de la costa que no tiene una relación e impacto tradicionales en América Latina, sino en un importante país latinoamericano; tendrán un gobierno comunista al lado, por ejemplo, de Argentina, que está ya profundamente dividida, a lo largo de una extensa frontera, al lado de Perú, que ya se ha encaminado por rumbos con los que ha sido difícil tratar, y al lado de Bolivia, que también ha tomado un rumbo izquierdista antinorteamericano, aún sin ninguno de estos acontecimientos.

Por lo tanto, pienso que no debemos engañarnos con que una toma de posesión de Allende en Chile no presentará problemas masivos para nosotros, y para las fuerzas democráticas y para las fuerzas norteamericanas en América Latina, y en realidad en todo el hemisferio occidental. (Citado por Kissinger, 1979. p. 468)

En el Volumen II de sus Memorias, Kissinger señala:

Nixon y sus principales consejeros estaban convencidos de que Allende representaba un desafío para los Estados Unidos y para la estabilidad del hemisferio occidental. La promesa de Allende de nacionalizar las empresas de propiedad norteamericana no era nuestra principal preocupación. En realidad, estábamos convencidos de que una política que desanimara la inversión privada probablemente echar por tierra las esperanzas chilenas de desarrollo económico. Y nosotros hablamos heredado una legislación -la llamada enmienda Hickenlooper- que exigía el cese de ayuda norteamericana en el caso de que las propiedades norteamericanas fuesen expropiadas sin una compensación justa. Pero la administración Nixon no contemplaba los intereses de nuestra política exterior a través de las preocupaciones financieras de las compañías norteamericanas. En 1969 habíamos cooperado con el presidente demócrata cristiano de Chile, Eduardo Frei Montalva, con quien negociamos condiciones justas para la nacionalización de la mayoría de las acciones de las minas de cobre Anaconda. Ese mismo año, en el Perú, casi llegamos al punto de anular la enmienda Hickenlooper para no suspender la ayuda a se país después de que el Perú se apoderó de la International Petroleum Company. En esa ocasión buscamos repetidamente una fórmula para evitar invocar esa legislación, y finalmente logramos un modus vivendi con el Perú a pesar de que su gobierno se inclinaba hacia las fracciones más radicales del tercer mundo.

El caso de Allende era distinto, ya no se trataba simplemente de una molestia económica o de una critica política, sino de un desafío geopolítico. Chile limita con Perú, Argentina y Bolivia, todos ellos países azotados por movimientos radicales. En su posición de país continental, un Chile militante tema la capacidad de minar a otras naciones y apoyar una insurgencia radical mucho mayor que la de Cuba, y Cuba ya había conseguido hacer bastante daño. Si Chile hubiera seguido el ejemplo cubano, con el tiempo la ideología comunista habría sido apoyada por las fuerzas armadas soviéticas en el Cono Sur del continente sudamericano. Nuestros temores fueron mayores al descubrir durante el mismo mes de la elección de Allende, el intento soviético de construir una base nuclear de submarinos en el puerto cubano de Cienfuegos.

Dos gobiernos demócratas anteriores a Nixon habían coincidido en que una victoria por parte de Allende pondría en peligro nuestros intereses en el hemisferio occidental. Ellos otorgaron importantes sumas de dinero al partido demócrata cristiano para bloquear a Allende en las elecciones presidenciales de 1964 y a su coalición en las elecciones del Congreso de 1968. Nadie se sintió nunca demasiado feliz por esas actividades; sucesivos presidentes de ambos partidos reconocieron, sin embargo, que eran esenciales. Entre la intervención militar y la diplomacia formal existe un área de grises donde nuestra democracia se ve forzada a competir contra grupos hostiles. ( Kissinger, 1979, p. 315)

Finalmente el embajador Davis, explica que:

"El presidente Nixon quería desestabilizar la economía chilena. Pues bien, la crisis ocurrió en los días que siguieron al 4 de septiembre de 1970. Casi inmediatamente los chilenos se precipitaron sobre los Bancos y entidades de ahorro. La Bolsa bajó, creció el mercado negro, y las ventas de bienes inmuebles, cayeron entre un 50 y un 80%. El ministro de finanzas, Andrés Zaldívar, afirmó públicamente el día 23 que ' cerca de mil millones de escudos en depósitos bancarios (equivalente a 80 millones de dólares), habían sido retirados en las dos semanas que siguieron a la elección del 4 de septiembre. Con vistas a mantener una fluidez financiera, afirmaba, la administración Frei había emitido 304 millones de escudos.

"A mediados de octubre la Banco prohibió la venta de dólares a los chilenos que viajaban al exterior, justificando la medida porque ya habían sido vendidos 43 millones en las siete semanas siguientes a la elección. Para un país de diez millones de habitantes era demasiado dinero en viajes al exterior. Muchos ricos se estaban marchando.

"Hersh atribuye esta medida bancaria a la CIA, y constata que dos semanas después de la elección, '23 periodistas de por lo menos diez países' entraron a Chile, y 'más de setecientos artículos y reportajes' que contenían historias alarmantes fueron publicados, dentro y fuera de Chile, antes del 24 de octubre." (Davis 1986).

Intervención política en Chile

Desde comienzos del decenio de los sesentas, y en vista de la consolidación de la revolución cubana, el Gobierno de Estados Unidos comenzó a realizar acciones de intervención política en Chile, con vistas a impedir el triunfo de Allende y los partidos de izquierda en las sucesivas elecciones.

Con toda claridad así lo reconoce Kissinger, al afirmar:

Como ya hice notar, dos administraciones anteriores habían llegado a la conclusión de que Salvador Allende y las fuerzas que lo respaldaban, constituían una amenaza suficiente a nuestros intereses para justificar nuestra oposición en la elección de 1964. Con casi tres millones de dólares; ya en 1968 varios cientos de miles de dólares fueron destinados secretamente por nuestros predecesores para ayudar a vencer a las fuerzas de Allende en las elecciones legislativas chilenas de marzo de 1969. Nuestra ayuda oficial a Chile durante el gobierno de Frei totalizó mucho más de mil millones, el mayor programa per cápita hasta entonces en América Latina, en parte para fortalecer las fuerzas democráticas contra Allende. (Kissinger, 1979, p. 460)

Y, luego Kissinger agrega:

El gobierno de los Estados Unidos había apoyado a Frei activamente, porque era el más popular y el más capaz hombre en Chile. Era una decisión moralmente simple porque los permitía tanto ser anticomunistas como estar al lado de las fuerzas reformistas y progresistas, apoyadas por la mayoría de los chilenos. (Kissinger, 1979, p. 461)

Producido el triunfo del 4 de septiembre, el Presidente Nixon en persona estudia acciones para intervenir en Chile. Al respecto, Kissinger en sus Memorias, dice:

Para entonces Nixon había asumido un papel personal. Había sido impulsado a actuar el 14 de septiembre por Agustín Edwards, el editor de El Mercurio, el periódico chileno más respetado que había venido a Washington a advertir cuáles serían las consecuencias de la toma de Allende. Edwards se hospedaba en la casa de Don Kendall, principal funcionario ejecutivo de Pepsi-Cola, quien por casualidad traía a su padre a ver a Nixon ese mismo día. (Yo me había encontrado con Edwards y Mitchell durante el desayuno y le había pedido a Helms ver a Edwards por cualquier idea que pudiera tener.)

Después de encontrarse con Kendall. Nixon pidió a Helms, a Mitchell y a mi que fuésemos a su oficina en la tarde del 15 de septiembre. En una conversación que duró menos de quince minutos, Nixon le dijo a Helms que él quería un esfuerzo mayor para ver que podría hacerse para evitar que Allende llegara al poder. Si hubiera una oportunidad en diez de librarnos de Allende, deberíamos probarla: si Helms necesitaba lo» millones, él lo aprobaría. El programa de ayuda a Chile sería interrumpido; su economía debía ser exprimida "hasta que gritase". Helms debería dejar de lado a Korry e informar directamente a la Casa Blanca, que tomaría las decisiones finales. El objetivo entonces era aún el plan "Rube Golberg"; Nixon en realidad no presentó ningún plan, sólo un deseo apasionado, desenfocado y nacido de la frustración, de hacer "algo".

Esta conversación es considerada ahora como el comienzo de lo que se llamó más tarde Vía II -en oposición a las decisiones formales del Comité 40, que retrospectivamente se convirtieron en Vía I- tan alegremente divulgadas por los comités del Congreso. (Kissinger 1979, p. 468)

Fracaso el intento de Viaux, que culminó con el asesinato del general Schneider, el gobierno de Nixon, no tenía sino que reconocer el nuevo gobierno. Al respecto Kissinger dijo:

Si somos pública o prematuramente hostiles, nuestra actitud puede agrupar a los nacionalistas chilenos tras Allende. Si, por otro lado, somos acomodaticios, nos arriesgamos a dar apariencia de debilidad o indiferencia ante el establecimiento de un gobierno marxista en el hemisferio.

La conclusión que saqué de la reunión del otro día es que nadie cree que un arreglo a largo plazo sea posible. Sólo nos enfrentamos a una elección de táctica. La cuestión es si sería mejor si se viera que de las acciones de Allende surge una confrontación o si los Estados Unidos deberían moverse inmediatamente a una posición de hostilidad militar. (Kissinger, 1979. p. 471)

Esta posición táctica fue presentada a Nixon. Al respecto Kissinger dijo:

Nixon acepto, sin embargo, el consenso que sostenía una postura "fría, pero correcta". El expresó su preocupación de que el éxito de la consolidación del poder de Allende animara a todos nuestros oponentes en América Latina y pudiera mover a los indecisos contra nosotros. Pero aceptó que una hostilidad abierta podría ser un arma en manos de Allende. Por lo tanto, se decidió por una política que estaba corporiza-da en una instrucción publicada el 9 de noviembre. Afirmaba que la postura pública de los Estados Unidos sería "correcta, pero fría, para evitar dar al gobierno de Allende una base sobre la que reunir el apoyo interno e internacional para la consolidación del régimen". Pero, al mismo tiempo, aunar presiones para evitar la consolidación de "un estado comunista en Chile, hostil a los intereses de los Estados Unidos y otras naciones del hemisferio". El presidente ordenó que no se emitieran garantías para nuevas inversiones privadas, que las viejas, de ser posible, se dieran por terminadas, y que usáramos nuestra influencia en las instituciones financieras internacionales para limitar el crédito u otra ayuda financiera a Chile. Por el momento, no deberían llevarse a cabo más compromisos bilaterales de ayuda económica. Sin embargo, se hizo una excepción con los programas humanitarios. Las obligaciones existentes serían cumplidas. ( Kissinger, 1979)

Estas instrucciones se cumplieron. Cesó la ayuda económica como lo muestra el Cuadro 11. En la práctica, lo único que no disminuyó fue la asistencia militar, por razones obvias.

CUADRO 11
Ayuda de agencias del Gobierno de Estados Unidos y
Organismos internacionales
(millones de dólares)
1971 1972 1973 Total 1971-1973
Agencia Internacional de Desarrollo AID 1.5 1.0 0.8 3.3
Alimentos para la paz 6.3 5.9 2.5 14.7
Asistencia Militar 5.7 12.0 15.0 33.0
Eximbank - - - -
Banco Interamericano 12.0 2.1 5.2 17.3
Fuente: Agencia Internacional de Desarrollo y otras.

Como puede verse hubo una drástica caída de la ayuda estadounidense, y también de los organismos internacionales dominados por Estados Unidos. A ello se sumaron la baja del precio del cobre y menores compras de ese país sobre la economía chilena; el valor de las exportaciones chilenas hacia ese país bajaron de 159 millones en 1970 a 76 millones en 1971, a 80 millones en 1972, y a 107 en 1973. Ello obligó a reducir las importaciones desde Estados Unidos desde 350 millones en 1970, a 318 millones en 1971; a 240 millones en 1972 y a 274 millones en 1973. Chile que enviaba a Estados Unidos el 14% de sus exportaciones totales en 1970 redujo este porcentaje a 9% en 1972; y a su vez la participación de las importaciones totales bajó de 37% en 1970 al 17% en 1972.

William J. Jorden celebraba estos hechos con las siguiente palabras: "Hemos hecho todo lo posible por aislar a Chile tanto política como económicamente, evitando a la vez toda medida que pueda dar pie a la acusación de que actuamos solamente por rencor hacia Allende. Hemos trabajado con ahínco a fin de lograr una rápida y justa compensación para las compañías norteamericanas y para obtener el pago de sus deudas, así como para proteger el principio de la inviolabilidad del pago de las deudas justas y las compensaciones por los bienes nacionalizados. (Memorias. Vol. II. 327)

La intervención del Gobierno de Nixon fue condenada en todo el mundo. Por ello tal vez, Henry Kissinger en cada volumen de sus Memorias le dedica un Capítulo para justificarse. De sus preocupaciones por Vietnam, el Medio Oriente y muchos otros conflictos,

este pequeño país de Chile es el único de América Latina que aparece en sus Memorias; formaba parte del conflicto Este-Oeste. El objetivo era derribar el Gobierno de Allende, tal como se detallará en el Capítulo IX.

6. Relaciones con otras economías capitalistas

Tradicionalmente, el comercio exterior de Chile estaba vinculado además de Estados Unidos, a los mercados de los países europeos, y de Japón y otro países capitalistas. Chile vendía cobre, hierro y otros productos primarios en aquellos mercados e importaba productos manufacturados.

Durante el Gobierno de Allende se mantuvieron los vínculos con estos países. Las exportaciones hacia Alemania Federal, Francia, Reino Unido, Italia, España, Suecia, Canadá, Japón y Australia llegaban a 601 millones de dólares en 1970; la baja del cobre de 1971 y 1972 redujeron el valor de las exportaciones, y en 1973, recuperado dicho precio se llegó a 717 millones. En por cientos, Chile exportaba hacia estos 9 países un 54% del total de sus exportaciones en 1970, proporción que subió a un promedio cercano al 60% entre 1971 y 1973. Ver Cuadro 12.

En el lado de las importaciones, Chile casi duplicó el valor de las importaciones desde los 9 países mencionados -de 307 millones de dólares en 1970 llegaron a 603 millones en 1973. En 1971 estos 9 países capitalistas le vendieron un 30% acumulativo más a Chile, a pesar de la baja de las exportaciones chilenas; en 1972 aumentaron otro 21% y en 1973 otro 24% más. Esto significó que Chile incrementara su cuota de importaciones de estos países de un 32% en 1970 a un 36% en 1973 del total de importaciones.

Las cifras anteriores sugieren que los países mencionados aumentaron sus ventas a Chile entre 1971 y 1973, a pesar de la baja del cobre. La confianza en la seriedad del Gobierno de Allende, les llevó a prestar a corto plazo a Chile, a pesar de las acusaciones del Gobierno de Nixon en el sentido de que Chile marchaba hacia el comunismo y la bancarrota económica. Los nueve países mencionados (con la excepción de España) eran países democráticos y miraban con simpatía un proceso de transformación social profunda, con respeto a la libertad y el pluralismo que tenía lugar en Chile.

CUADRO 12
Comercio entre Chile y países capitalistas (excepto Estados Unidos)
(millones de dólares)
Exportaciones Importaciones
1970 1971 1972 1973 1970 1971 1972 1973
Alemania Occidental 121 123 115 175 117 122 132 173
Japón 134 181 144 220 28 53 50 54
Australia 2 1 - 1 2 15 36 72
Canadá - 4 1 22 11 16 18 44
España 26 25 14 21 22 37 52 39
Italia 83 70 59 90 25 24 48 47
Francia 62 47 32 33 32 38 51 56
Reino Unido 138 110 92 125 59 77 81 98
Suecia 35 27 33 30 11 17 15 20
Total 601 588 490 717 307 399 483 603
Porcentaje del total 54 61 58 57 32 34 34 36
Fuente: Banco Central "Indicadores Económicos y Sociales. 1960-1985. ob. cit.

7. Visión de conjunto

En este Capitulo se ha mostrado ampliamente, que el Gobierno de Allende, como nunca antes, logró abrir relaciones con "todos los países del mundo, dentro de una visión de soberanía nacional, no intervención y no alineamiento. Chile ganó nuevos amigos en el tercer mundo y el segundo mundo. Sólo recibió la hostilidad del Gobierno de Nixon. Chile no rompió relaciones con ningún país ni tuvo conflictos diplomáticos.

En sus relaciones bilaterales logró excelentes relaciones con sus países vecinos, quienes incluso ayudaron con préstamos de corto plazo, derivados de ampliaciones en las importaciones a Chile. Las relaciones con América Latina fueron de amistad y respeto mutuo y a través del Grupo Andino y ALALC recibió apoyo comercial y financiero; restableció relaciones con Cuba y recibió colaboración económica de México, Brasil y Argentina. En el marco de las relaciones multilaterales, Chile presentó muchas propuestas respecto del sistema interamericano, las relaciones regionales y la organización mundial. Estados Unidos, clasificó al Gobierno de Allende como "ideológicamente enemigo" y lo insertó en el marco de la confrontación Este-Oeste; las relaciones comerciales disminuyeron y también los recursos financieros para Chile. Los otros países capitalistas no siguieron esta línea: aumentaron su comercio y dieron crédito de corto plazo, a la par que aceptaron renegociar la elevada deuda de Chile, heredada del régimen anterior. Los países socialistas mostraron interés en el esfuerzo chileno y se amplió el intercambio comercial; los créditos otorgados fueron para proyectos de largo plazo y no estuvo en su mano dar créditos de corto plazo. Chile no se insertó en la esfera de influencia de ninguna de las grandes potencias. Su comercio se diversificó y asimismo la cooperación internacional. Los grandes amigos de Chile fueron países vecinos y los países latinoamericanos en su conjunto; y también países europeos que -como Alemania Federal, Suecia, Italia y otros- sumados a Canadá, Australia y Japón ampliaron sus relaciones comerciales con Chile.

El Gobierno de Allende logró así su objetivo de establecer y desarrollar relaciones con todos los países del mundo, con pleno ejercicio de su soberanía nacional y del total control de sus riquezas nacionales y de las empresas productivas, comerciales y financieras. Nunca antes y nunca después. Chile fue un país más soberano y digno, a pesar de sus problemas internos, a los cuales se dedica el examen que se realiza en los capítulos que siguen.


Notas:

126. Para la elaboración de este Capitulo se han consultado las siguientes obras: "Mensajes del Presidente Allende ante el Congreso Pleno". 1971, 1972 y 1978. Intervención del Presidente Allende en el XXVII Periodo de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas (Nueva York, 4.12.72); discurso inaugural del Presidente Allende ante la Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Comercio y Desarrollo UNCTAD, Santiago abril de 1972; intervención del Presidente de la República Dr. Salvador Allende en la Sesión Inaugural del Décimo Cuarto Período de Sesiones de la CEPAL, Santiago abril de 1971; intervención del Ministro de Relaciones Exteriores, Clodomiro Almeyda, en el Vigésimo Sexto Período de Sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas, Nueva York, octubre de 1971 Clodomiro Almeyda "La política exterior del Gobierno de la Unidad Popular en Chite", en Chile 1970-73, lecciones de una experiencia. Editorial Tecnos, Madrid 1977; Clodomiro Almeyda "La política internacional del Gobierno de la Unidad Popular" en Jorge Vera, Editor, La política exterior chilena durante el Gobierno del Presidente Salvador Allende, 1970-1973, Santiago, 1987; intervención de Pedro Vuskovic ante el Consejo Interamericano Económico-Social CÍES, Washington marzo 1971; intervención de Gonzalo Martner ante la Comisión Especial de Coordinación Latinoamericana CECLA, Buenos Aires septiembre de 1971; intervención de Gonzalo Martner durante el Décimo Quinto Período de Sesiones de la CEPAL, Quito. marzo de 1973; Discurso del Ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Orlando Letelier, en la Cuarta reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de los países miembros del Acuerdo de Cartagena, Lima, agosto de 1973; y. Jorge Vera Castillo, editor. La Política exterior chilena durante el Gobierno del Presidente Salvador Atiende. 1970-1973. Ediciones IERIC, Santiago de 1987.

127. Ver Clodomiro Almeyda "La Política Exterior del Gobierno de la Unidad Popular en Chile" en Chile 1970-1973. Lecciones de una experiencia Editorial Tecnos, Madrid 1976. Págs. 89 y 90.

128. Clodomiro Almeyda "La política exterior de la Unidad Popular en Chile", ob. cit. pág 99.

129. "Declaración de Salta" suscrita por los presidentes de la República Argentina, Teniente General Alejandro Agustín Lanusse y de la República de Chile, Doctor Salvador Allende Gossens. Salta, Argentina, 24 de julio de 1971.

130. Clodomiro Almeyda, Ibidem, pág. 100.

131. "Memoria del Ministerio de Relaciones Exteriores", Correspondiente al Año 71, República de Chile, Ministerio de Relaciones Exteriores, pp. 22-25.

132. Ibidem.

133. Para detalles ver Gonzalo Martner "Producers Associations of Developing Countries". Ginebra, 1979. 154

134. vacío en la edición en papel.

135. Como se vio en las secciones anteriores de este Capítulo, Chile recibió fuertes créditos de corto plazo por parte de muchos países latinoamericanos a través del mecanismo de ALALC (importaciones mayores que exportaciones) y era esencial pagar el 5 de enero unos 80 millones de dólares. A la URSS se pedía que prestara esa suma en dólares frescos.

136. Entre estos proyectos estaban grandes complejos pesados (electricidad, petróleo, etc.) y establecimientos para producir pollos "broiler.., centros porcinos y otros; los que estaban encaminados a resolver problemas de abastecimiento.

137. Junto con Luis Figueroa hablamos con el embajador de Bulgaria para comprar tabaco, que escaseaba en Chile. Nos dijeron estar dispuestos a venderlos, si la RDA renunciaba a recibir la cuota búlgara en 1973 y los dejaba libre para venderla a Chile. La RDA aceptó esta proposición. Este ejemplo, sirve para ilustrar las complejidades de economías planificadas e integradas entre sí , lo que dificulta las relaciones con terceros países.

138. Los excedentes en dólares permanecían en bancos soviéticos en el exterior.

139. En la preparación de esta sección se han consultado las siguientes obras: Clodomiro Almeyda "La política internacional del Gobierno de la Unidad Popular", en Jorge Vera "La política exterior chilena durante el gobierno del Presidente Salvador Allende. 1970-1973". Ed. IERIC, Santiago, 1987. Henry Kissinger "Mis Memorias.., Vol. I, Ed. Atlántida. S.A.. Buenos Aires, Argentina, 1979, Henry Kissinger "Mis Memorias" Vol. II, Ed. Atlántida S.A., Buenos Aires, Argentina, 1982; Nathaniel Davis "Los dos últimos años de Salvador Allende", Plaza y Janes Editores, Barcelona, 1986; Joan Carees "Allende y la Experiencia chilena", Ariel, Barcelona, 1976; Pedro Vuskovic "Acusación al Imperialismo". Fondo de Cultura Económica, México, 1975.


Edición digital del Centro Documental Blest el 07feb02
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